Delante de mi ventana tengo el Donatus Park, que es el mejor somnífero en esta ciudad universitaria. Cada día cruzo un precioso paseo abovedado por rubias ramas de arce, cuya infinita hojarasca se afanan los funcionarios del ayuntamiento en limpiar. Nunca tuve el cambio otoñal tan delante de las narices. Semejante paisaje de ocres y frío terrero me ha recordado uno de mis primeros poemas, algo cernudiano dirá alguien, que os dejo aquí con una petición de benevolencia por mor de su doncellez. Como el tema da juego, también os dejo una versión en prosa del mismo menoscabo corporal.
MI AMIGO
Han encontrado el cuerpo de mi amigo bajo las hojas otoñales de los plátanos del arce. Menos mal que mi amigo hace tiempo que ya no lo utilizaba.
* * *
LA SOMBRA
Sola yace la sombra en la glorieta
de un hombre con premura abandonada.
Desde allí negras huellas van tintando
un camino furtivo en la hojarasca.
Nadie sabe decir quién es el prófugo
corredor en la tarde solitaria.
Nadie sabe por qué la sombra quieta
sin sangre, malherida se desangra.
de un hombre con premura abandonada.
Desde allí negras huellas van tintando
un camino furtivo en la hojarasca.
Nadie sabe decir quién es el prófugo
corredor en la tarde solitaria.
Nadie sabe por qué la sombra quieta
sin sangre, malherida se desangra.
(Donatus Park. Fuente: Silenos)
10 comentarios:
Pues para mí el poema es una preciosidad, no necesitas pedir ninguna “benevolencia”.
Me gusta esta entrada; lo único que me incomoda es el afán de los empleados municipales por barrer las hojas. Si Casona prohibió los suicidios en primavera, yo prohibiría barrer las hojas muertas del otoño. Claro que tú no tienes culpa de ese celo profesional.
Un abrazo.
Gracias, Antonio. La verdad es que cuando los veo, con sus aparatos de aire amontonando las hojas en los márgenes del camino, pienso cuántas veces se habrán preguntado por qué hacen un trabajo tan vano, ya que en la noche, con poca brisa, muchas de esas hojas vuelven a cubrir el camino. Y ahí están de nuevo, por la mañana, para cumplir con el jornal.
Antonio, el poema es de lo mejor que he leído en mucho tiempo.
He disfrutado mucho con él.
Un saludo
Otoño sin ti: vivir viendo pasar la vida, llena de sombras. Carmen.
Gracias, capitán, eres muy generoso en tu apreciación.
Carmen, "tu quoque, mea lux". Basia mille.
Antonio el poema bueno y el arce, ¡se echa de menos Cádiz!
Un abrazo.
Palabras que acarician el alma convidándole el color otoñal... Hermoso.
Saludos cordiales.
Aunque sólo sea para compensar los comentarios de los compañeros, yo celebro la prosa que precede al poema. Con ese rigor que siempre se le exige a los microrrelatos (mayor rigor cuanto menor es su extensión), tú compones una historia completa en sólo dos frases. Y lo haces con la fina ironía que te caracteriza.
Me gustan mucho los dos últimos versos, y la versión en prosa también. Un cuerpo muerto que ya había sido abandonado antes por su dueño, la sangre que ahora se escapa de su sombra.
Qué otoño más otoño, Antonio.
Un beso.
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