jueves, 5 de noviembre de 2009

Un microrrelato con dedicatoria

Para Celi e Hipólito, ellos saben por qué
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A BUENAS HORAS...
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A mi abuela la llamaron a filas estando ya difunta. Mi padre, que ejercía de primogénito, convocó a la familia a las seis de la tarde y, tras leer el llamamiento que habíamos recibido en casa, invitó a cada cual a exponer su parecer. Después de varias cafeteras, las posturas parecían irreconciliables. Algunos de mis tíos no podían contener la risa y esgrimían en su descargo que la abuela Eutimia se hubiera divertido de lo lindo con el asunto, y hasta se hubiese presentado en la oficina de reclutamiento. Buena era la abuela. Otros, entre los que se contaba mi padre, siempre tan circunspecto, les afeaban la conducta y abogaban por presentar una queja formal ante la autoridad castrense. La tía Elvira, a pesar de ser analfabeta (o precisamente por eso), instaba a que se denunciase el caso en la prensa. Y como en todas las familias de entonces siempre había un primo universitario, mi primo Enrique levantaba la mano y, haciéndose dueño del silencio expectante, explicaba muy doctamente que por el tiempo en que nació mi abuela las partidas de nacimiento eran pura ficción paterna. Si, con el correr de los años, se le añadía la torpeza de algún funcionario que habría cruzado sus datos con los de un recluta tocayo… Pero mi padre no quería ni oír hablar de argumentos exculpatorios y seguía recabando apoyos para redactar la queja. Fue entonces cuando sucedió. Mi tía-abuela rompió su habitual mutismo con una leve risita, contenida, casi como un hipido pudoroso. Todos callaron y atentos mantuvieron la mirada. Pero ella no dijo nada, y de hecho se llevó el secreto a la tumba. Aquella tarde, recuerda mi padre misterioso, todos sintieron el aliento burlón y ebrio del bisabuelo.
(En la imagen otra graciosa estatua de Lovaina: Paap Toon.
Otro día hablaré de ella. Fuente: Silenos)

6 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

Con el arranque, brillante, de esa primera frase, cualquiera diría que ya tenías medio cuento en el bolsillo. Pero además tienes oficio y exiges que cada frase siga tirando del argumento, con el sano objetivo de no dar tregua al lector. Tus relatos evidencian siempre ese esmero en tejer una historia sin fisuras. Para mí, son de lectura obligada.

José María Pérez Collados dijo...

Coincido con Pedro Herrero en que la primera frase es la que impone el tono a todo el microrrelato, y se lleva de la mano al lector, ya seducido, hasta el final del cuento.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias a ambos. Celebro que os guste. Y bienvenido, José María.

Mery dijo...

Coincido con mis antecesores y añado que un final pendiendo de un hilo es también una baza extraordinaria.
Manejas muy bien al lector (en el mejor sentido de la frase, claro está). Veo que Lovaina y sus estatuas le sienta maravillosamente a tu imaginación.
Un beso

Carmen dijo...

Oí alguna vez decir, que la primera y última frase de un relato eran las más importantes, yo no lo creí. Después de leer tu relato, ahora ya no sé que creer.

Buen relato de principio a fin. Enhorabuena.

El dedicado dijo...

Gratia plena.

Como siempre, la ficción supera a la realidad. Espero en una segunda parte el porqué de la risa de la tía abuela.

Hermosas las estampas de Lo Vaina (sermo gaditanus).