La mañana de lluvia en Leuven me empuja a coger un tren hacia Gante, la ciudad donde nació Carlos V y una de las más bellas de Bélgica. En el viaje, de una hora escasa, voy desgranando los recuerdos de aquella ya lejana visita que hice en 1997 y, gracias a las fotografías de la guía, logro poner en pie cuatro o cinco imágenes hasta entonces desvaídas. No recordaba (quizás entonces no era tanto), sin embargo, el aspecto descuidado de la estación de St. Pieters, impropio de esta ciudad capital de Flandes Oriental. Pero eso es una menudencia para quien busca el goce de los sentidos en el centro histórico. Pero, ay, mala fortuna. Llegar y acordarme del Madrid herido de Javier Marías todo fue uno: junto a los bellos canales se abren otros horrorosos, por orden del ayuntamiento. Obras. Obras. Obras. Por suerte, la catedral de Sint Baafs estaba abierta y volver a ver El Cordero Místico de los hermanos Van Eyck lo compensó todo. Llovía sobre Gante cuando enfilé de nuevo hacia la estación. Mientras caminaba, en mi memoria batallaban dos frentes: el ejército de los ángeles, apóstoles y demás caballeros elegidos en la Jerusalén Celestial y la legión de adoquines, grúas, máquinas y vallas. "¿Qué me llevaré hoy de Gante?", me decía. Pero tan enfrascado iba, que olvidé que en las puertas mismas de la estación me aguardaba un tercer ejército, el rodante, tremendamente invasivo, como ya advertí en otra estampa.
(Imagen: Ejército de bicicletas en espera de órdenes
delante de St.-Pieters Station. Fuente: Silenos)

1 comentarios:
Esta estampa es bellísima.
Gracias.
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