lunes, 30 de noviembre de 2009

Aireaba su conversación en la mesa de al lado


Desde que las conversaciones telefónicas abandonaron la privacidad de una habitación y escaparon a airearse sin recato, el oyente accidental sufre una violenta "invitación" a entrar en el espacio de los otros. De ese choque de privacidades no puede salir nada bueno, como evidencia este monólogo "capturado" en una terraza cualquiera:


-¿Sí? Ah, hola. No. No. Lo tenía apagado. Claro. Claro... Ya sabes... ¿Cómo? No es posible. Pero... Ya. Ya. ¡Toda la mañana! No, para nada. Todo lo contrario. Pero no acabo de creerlo. Claro, claro que sí. El sábado pasado. Y tan bien. Tan bien que... ¿A qué hora? Joder. Voy para allá enseguida. A ver dónde coño lo enterramos.

(Imagen: detalle del reloj de St. Peeter, Lovaina. Fuente: Silenos)

6 comentarios:

Capitán dijo...

Pues en el Ave esas conversaciones por casualidad han dado al traste con muchas cosas.

Un abrazo

Gemma dijo...

Ya ni siquiera puede uno morirse (por boca de los demás) en privado...

Casi podría ser un micro.
Un abrazo

Pedro Herrero dijo...

En este caso concreto, la conversación tenía su miga porque proponía el inicio de una historia literaria. Habría sido sugestivo investigar al personaje para saber dónde había enterrado qué cosa o a quién. A Sophie Calle le habría encantado. Pero es una excepción. Lo normal es tener que aguantar monólogos insulsos, que te dejan (como espectador) la impresión de que si no hubieran tenido lugar tampoco habría pasado nada. Antonio, es un placer leerte de nuevo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Sencillamente genial.

Muy expresivo.

Herman dijo...

Inesperado final. A veces estas conversaciones anodinas nos sorprenden. Pero sobre todo nos molestan. Porque nunca o casi nunca ofrecen nada de valor. Sí en este caso. Ojalá hubieras seguido al hombre parlante, cual detective, para averiguar de qué cadáver hablaba. Parecía haber una historia ahí detrás. Te seguimos leyendo. Un abrazo

Isabel Romana dijo...

Me ha encantado esta conversación. El muerto ¿no sería el loro? Besitos.