martes, 27 de octubre de 2009

Turbulencias


Con sonrisa de manual, la sobrecargo anunció por megafonía que por causa de la huelga no ofrecerían el habitual servicio a bordo. Para más inri, lo tradujo al inglés, francés y holandés. A mí me bastaba mi lengua patria para saber que en cuatro horas no tendríamos más refrigerio que el aire acondicionado, fortísimo y racheado, como el viento que hacía bailar al aparato. Porque a uno no se le va de la cabeza cuando vuela que pende de un aparato que a su vez pende de dos alas que sabe Dios de qué penden. Más vale no pensar demasiado. Y es lo que suelo hacer, pedir una cerveza o un vino, o dos. Lo suficiente para no pensar y dormir un poco. Pero no. La huelga de los tripulantes de cabina me había arrebatado el sueño al arrebatarme la bebida. Desde mi asiento en la fila 4, justo detrás de clase business, y a pesar de la cortinilla que un tripulante se empeñaba en cerrar, descubrí cómo ellos, los bienaventurados de primera, sí eran agasajados con bebidas y snacks. Así que, fingiendo estar dormido, abría con la rodilla la cortinilla para que el resto del pasaje descubriese el desaire de Iberia. No tuve que cruzar miradas con nadie, ni buscar con ayuda de gestos la complicidad de mis compañeros de clase y travesía. Lo último que recuerdo es que la azafata, muy nerviosa, perdió pie en una turbulencia y me arrojó una cerveza por encima, mientras la sobrecargo gritaba motín en varias lenguas. Lo demás es objeto de una investigación.

10 comentarios:

Gemma dijo...

Al final, el personaje del micro si no tuvo ración, al menos salió rociado de cerveza... ;-p
Me gustan mucho estas historias en donde se cumple alguna clase de justicia poética...
Un abrazo

Capitán dijo...

Cómo me suena eso de una cerveza por encima, en mi caso fue un café.

Un saludo

Pedro Herrero dijo...

El personaje de tu relato tiene mala suerte. Si al menos la turbulencia le hubiera arrojado a la azafata encima, mientras la sobrecargo bebía una cerveza en varias lenguas, el viaje habría valido la pena. Aunque la investigación posterior tuviera que determinar qué tenía que ver eso con la huelga en cabina. Un abrazo.

Araceli Esteves dijo...

Nada tan excitante como incitar a un motín.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Me has puesto nervisoso.

Saludos.

Mery dijo...

Por un momento he pensado que íbas a abrir la boca para beber de la cerveza que la azafata te había arrojado.
Ultimamente en estas tierras todo son turbulencias.
Y qué bien nos lo haces pasar, Antonio
Un beso

sergio astorga dijo...

Antonio, al subir a los aires los mareos terrestres la repartición de los panes incita los motines.

Abrazo desde el asiento 16 F
Sergio Astorga

LUISA M. dijo...

Me ha resultado, además de buen relato, bastante divertido por la evolución de los hechos en el final que esbozas.
¡Cuidado con las turbulencias y con los "motines" de resultados imprevisibles, ja, ja!
Saludos.

Laura Nicastro dijo...

¡Qué buen remate las dos últimas oraciones! Muy a tono con el humor de todo el texto. Laura

Perikles dijo...

Lo cual demuestra que, como dijo Marx, existen efectivamente clases.
¡Pasajeros del mundo, uníos!