martes, 6 de octubre de 2009

Cuentos de Albert Sánchez Piñol


Como no sólo de estampas lovanienses viven estos Silenos, dejo ahora mis impresiones, breves y siempre discutibles, sobre Trece tristes trances (Alfaguara, 2009; Tretze Tristos Tràngols en el original catalán), de Albert Sánchez Piñol. Debo decir que no tenía la suerte (buena o mala) de conocer sus escritos y ahora tengo la dicha (que siempre es buena) de haber conocido la parte de ellos que toca a este estupendo libro. Cada uno de estos trece cuentos se apura como el buen vino y deja al final un regusto que lleva de la mano al siguiente. Originales, mágicos, divertidos. Sorprenden la sencillez de su prosa y el coqueteo constante con lo absurdo, que quizás encuentra su nota más alta en los diálogos. Como el del espantapájaros y el cuervo que se jacta de ser más sabio que otras aves porque sabe contar hasta siete ("El espantapájaros que amaba a los pájaros"); el que suscita, en una sucesión de escenas familiares delirantes, el niño cuyo antebrazo se ha convertido en pata de elefante ("De chiquitín, tos de mastín; más adelante, pata de elefante"); o los que mantiene el protagonista de "Nunca compres churros en domingo" con los policías que lo van interrogando. Se nota en Sánchez Piñol su amor por los animales, en especial por los africanos. De ahí el tono de fábula esópica de algunos de estos cuentos, como "Todo lo que necesita saber una cebra para vivir en la sábana", o el mencionado "El espantapájaros que amaba a los pájaros". En este último el autor se permite jugar con el lector, pues silencia el relato que el cuervo cuenta al espantapájaros (y que el lector presume importante para la trama), para luego ofrecerlo como un cuento más del volumen. Con ser un libro espléndido, cuya lectura aconsejo, se observan algunas notas discordantes. Por ejemplo, el uso del relato anular (o ringkomposition), lo cual siempre es un riesgo, ya que, si no se articula cierta sorpresa final, el desenlace resulta previsible. Así en "La nave de los locos" y "No compres churros en domingo". Siendo este último cuento uno de los mejores del libro, el lector sospecha poco antes del final lo que va a suceder. También afean (mínimamente, por supuesto) el conjunto algunos lapsus que, sospecho, se deben a la traducción. Como un chirriante leísmo al comienzo del "El espantapájaro que amaba a los pájaros" ("Tres días después de que le plantasen en aquel campo de cebada...") o una frase confusa, donde se ha suprimido la negación que le da sentido, en "No compres churros en domingo". El protagonista teme ser culpado por la muerte accidental de un niño y, mientras observa la escena de dolor de los padres paquistaníes, el narrador dice: "Está claro que este dolor tiene una dosis escénica. Lo cual no quiere decir que, si le atrapasen, le lincharían". Si no me equivoco, lo que tiene sentido es un no delante de le lincharían. Son minucias, como podéis comprender, testimonio de que lo he apurado como merece.

7 comentarios:

Mery dijo...

De tu minuciosidad se aprecia que eres astuto y perspicaz, entre otras cosas.
Tomaré nota de tu recomendación, aunque ultimamente leo poquísimos relatos. Estados de ánimo, supongo.

Un abrazo

Herman dijo...

Yo leí hace algunos años "La piel fría", también de Piñol, y me causó una impresión excelente. Anoto este libro de cuentos. Lo leeré con curiosidad.
Un abrazo

Isabel Romana dijo...

Leí el libro “La piel fría” de este autor, y me gustó muchísimo. Creo que en algún momento tuvo miedo de ir más lejos en el argumento y se volvió atrás para resolverlo de una manera más convencional. Con todo, me pareció un libro muy interesante desde muchos puntos de vista, incluido su alto valor de espejo social. Saludos cordiales.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Me gustó su lectura. Muy original y rico.

Anónimo dijo...

Querido amigo Antonio:
Apenas tuvimos tiempo de decirnos adios o hasta pronto antes de tu viaje a Lovaina. Desde entonces, llevo varios días con ganas de decirte hola y que espero que estés bien. Aprovecho este espacio, pues no hace mucho que leí estos tristes trances de Piñol, y me gustó "Sólo dime si aún me quieres".
Y como es probable que a este gran baile de silenos acudan, además de amigos y latinistas, amantes de la literatura en general, recomiendo la lectura de "Imperium" (Robert Harris, precisamente guionista de la película que rodaba Polanski cuando lo encarcelaron recientemente). No os dejéis llevar por los prejuicios de un autor superventas. Se trata de una parte de la vida de Cicerón novelada, y seguro que estamos ante una de las grandes novelas históricas (junto a otras de Yourcenar o Graves). De verdad, realmente portentosa. Tanto es así que me llevó a leer los discursos de Cicerón en una edición crítica, con todas las notas a pie de página.
Y hablando de autores muy leídos y de novelas históricas, comento, en esta gran sala de baile, que sabes de mi afición por los clásicos, Dickens entre ellos. Pues mira que se acaba de publicar una novela titulada "La soledad de Charles Dickens" y ya me he zampado más de la mitad de las casi 900 páginas que contiene (realmente, excesivas). Bien, en menor medida que la anterior, también podéis pasar unos buenos momentos, sobretodo si eres un chiflado de un grande entre los grandes.
En fin Antonio, gracias por esta invitación. Brindo a tu salud: Pedro C.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Estimado "Anónimo" (Pedro. C.), te agradezco mucho tu comentario, pero no sé quién eres (¿Pedro Cervera, quizás?). Lamento que tú me hables con tanta familiaridad y yo no consiga identificarte, pero no es fácil con toda la gente que interviene en estos foros. Si eres Pedro Cervera, hubiera esperado un "Perico" o algo así. Pero Pedro C... En cualquier caso, recibe un afectuoso saludo. Y tendré en cuenta tus sugerencias.

Anónimo dijo...

Hola, Antonio:
Sí, claro que sí, soy tu amigo Perico. Siempre merodeo por tu blog. Te escribí muy rápido, en un instante de concentración, pero con mi Merceditas al lado pidiéndome salir todo el rato. Lo del anonimato es porque no tuve tiempo de crear una cuenta Google.
Te deseo una feliz estancia en Lovaina; mientras, estoy seguro que, como otras veces, me cruzaré con tus Cármenes por nuestro Cádiz.
Un beso fuerte