A los lectores de estos Silenos
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¡Dadme olores, caricias, sabores, imágenes, músicas... que alarguen la existencia! Dejarse llevar por el flujo de los sentidos hasta el aturdimiento, acaso sea eso vivir, este regalo que se nos da y se nos reclama al menor descuido. Las ciudades nos acogen si nos damos a su antojo, sin apaños, sin secretos. No hace falta desvestirlas para enredarse en su desnudez.
(Imagen: interior del bar "La Brocante", en el barrio Les Marolles, Bruselas. Fuente: Silenos)
5 comentarios:
Como me cuento entre los afortunados destinatarios de la dedicatoria, muchas gracias, Antonio, por esta vital estampa, por esta bella reflexión.
Un abrazo.
Lo mismo digo. La estampa, además de evocadora, es cierta de puro científica. ;-P
Un beso
Es cierto que no hace falta desvestirlas para enredarse en su desnudez. Especialmente, si uno está tan aturdido que se enreda en lo primero que toca. Por eso, si hay que desnudar, yo recomiendo siempre estar sereno. Un abrazo, Antonio. La imagen y el texto invitan a comulgar de tu experiencia.
Oh. Yo también me cuento entre los destinatarios;-) Pides vida, nada menos, "el regalo que se nos da y se nos reclama al menos descuido". Da gusto intuir que la estás disfrutando y que te sabes dar a esas nuevas ciudades por las que ahora transitas.
Un beso.
Una invitación muy sensual ¡quién puede resistirse!
Me gusta mucho la frase "no hace falta desvestirlas para enredarse en su desnudez"
Saludos
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