Una vez fui rico. Corrí por calles desnudas, que alzaban el rostro sorprendido ante el prodigio de los primeros coches. Corrí sin freno, destrenzando los dédalos del tiempo y las ligaduras del espacio. Rompí zapatos, desgarré tejidos, coseché esguinces. También corrí por la arena prieta, y pisé descalzo los flecos del mar. Y corrí camino de casa, henchidos los pulmones, henchido el corazón, a refugiarme en los brazos de aquella mujer que hoy es otra, muy menguadas ya la estatura y la movilidad, pero endurecida como nunca la armadura de su amor. Con esa coraza, que brilla cuando nos acercamos, se enfrenta al destino. Una vez fui rico, pero he tardado tanto en saberlo, que a veces dudo de que aquel niño fuese este hombre empobrecido.
10 comentarios:
¡Redondo!
Plas, plas, plas
Cuanta belleza!!! Ya me gustaría a mi escribir así. Mis aplausos.
Saludos.
Ángel, Antonio, sois muy generosos. Viniendo de vosotros, enrojezco. Un abrazo.
Pienso que sigues siendo rico.
Un fuerte abrazo.
Un texto maravilloso. Me gustaría llegar a suscitar en mi hijo unos sentimientos como los que describes. Un abrazo.
Uff, yo también, y coincido con Isabel, trato de que mis hijos lo sean.
Qué buena descripción de la pasada riqueza.
De aquél niño rico nació un hombre inteligente que escribe muy bello.
Felicidades Antonio, sabes que me encantan tus micros.
Un abrazo
Leches, ¡me quedo mudo! entiendo lo que dices, y lo que más me maravilla, es tu capacidad de expresarlo con tan bellísima expresión. ¡Enhorabuena!
Me sorprende comprobar cómo, de cuando en cuando, sientes la necesidad de componer un texto que haga justicia a la figura de tu madre.
Muy hermoso este último.
Besos
No creo que haya nadie mas capaz de contar, en tan breve estrofa, un sentimiento tan profundo y tan hermoso.
Gracias.
Un abrazo
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