martes, 29 de septiembre de 2009

Sobre uno y sus escritos


Como uno ya tiene algunas publicaciones universitarias, en el hecho de publicar un poema, un relato o un libro de una u otra índole no le va el sueño. Ello no quiere decir que ver en letra impresa tales efluvios literarios (no nuevos, pero sí renovados) no traiga aparejada su pizca de ilusión. Sobre todo porque abre nuevas ventanas, y a uno le gusta asomarse a otros paisajes. Pero, una vez resueltas las judías (con "salpicón las más noches"), las cuitas literarias se reducen en extremo, pues uno no busca más gloria que la de dormir abrazado a un buen libro y, de cuando en cuando, escribir aquí o acullá algo de interés para propios y extraños. Añádase a ello que sabe bien que el que llaman mundo literario se asemeja al univeritario en un férreo sentido del clan, donde los advenedizos tardan lo indecible en quitarse ese título, si es que lo logran. Como en tantos otros ámbitos, en el literario también luce la proclama de Juan Palomo, más conocida por Hoy por ti, mañana por mí. Los premios literarios son el mejor ejemplo, y el camino más rápido para en necio envanecimiento. Hay poetas que, por haber publicado un poemario merced a un premio, pongamos por caso, en Visor, se sienten cual un Virgilio redivivo, aunque en tal estado haya tenido que ver más una mano amiga (quid pro quo) que sus prendas literarias. Y hay otros, consagrados o no, que a la menor de cambio espetan eso de hoy escribe cualquiera, reproche que tal vez sufrieron en sus carnes en un día no muy lejano. Uno, como digo, tiene cierta edad (biológica y universitaria) y no se asusta fácilmente, pero cuando asiste invitado a un acto público en el que la organización ha tenido a bien identificarlo con una etiqueta sobre la mesa en la que se lee ESCRITOR, sabe que en la sala, entre los escritores de lege, hay más de un gesto de reproche contenido. Y, una vez terminado el acto, uno se marcha a casa reflexionando sobre estas cosas, convencido de que no hay peor soberbia que la intelectual.

14 comentarios:

Rosario Troncoso dijo...

Antonio, estoy contigo en esta reflexión.
Ya que me conoces un poquito sabrás que yo, más que reflexionar, sufro apasionadamente los bamboleos propios de quien tiene un dedo gordo del pie izquierdo en este "mundillo", y a veces quiere ir con la corriente, y que ésta arrastre fuerte, y otras, pugna por sacar el susodicho dedo y salir corriendo velozmente, cuanto más lejos mejor.
Una servidora se presenta a pocos concursos, y no por aquello de "querer y no poder", más bien "querer y no querer", y porque quizás la decepción en algunas empresas me ha llegado demasiado pronto...
Pero lo que sí tengo claro es que el "mundillo literario" se parece (y cada día más) al "mundillo político" y a veces se pierde un poco el norte de qué es realmente lo que se tiene entre manos.
A los que nos gusta escribir, pero por encima de todo, leer, nos resulta a veces extraño que se dé tan poca importancia a las letras en sí, al texto, y muchas veces Fulanito de Tal, que ha publicado en Visor, Hiperión (si hablamos de poesía) o la que sea de las "grandes" editoriales, se aparece rodeado de un extraño halo de luz celestial que lo convierte en intocable, y es el nombre el que vende, aunque nadie conozca lo que escribe realmente.
Es triste que todo se reduzca al márketing, y más triste aún observar como la pureza de las intenciones en el origen mutan en soberbias magnánimas y egocentrismo sumo (sin olvidar que el egocentrismo del escritor, en dosis infinitesimales es sanísimo).
Y bueno, que hoy escribe cualquiera, quizás es cierto. Y sería bonito que los que publiquen sean los que son capaces de defender su texto, pulirlo, aprender de los textos de otros, y darlo a conocer buscando lectores ya sea en una editorial, o en la copistería de la esquina.
Escritor es quien "escribe" aunque toda su obra sea inédita. Lo malo es que hay mucho "escritor" que no ha escrito en su vida.
Quizás para publicar, para ganar un premio, para jugar en el tablero, lo único que vale es no mostrar tus cartas, y tener un amigo oportuno en el lugar adecuado.
Y comparto tu espíritu y tu desazón con respecto a este tema que a ver si lo debatimos con una cervecita, ya que siempre me das buenos consejos.
Yo seguiré la línea de alguno que me diste alguna vez, y, ¿sabes? aunque tenga que aprender a jugar, para sobrevivir en la selva que he elegido, recordaré qué fue lo que me impulsó a escribir cuando era niña, para encontrar esa sensación, agarrarla fuerte y no soltarla, el tiempo que me quede.
Un abrazo enorme amigo.
Gracias por este blog, siempre interesante.

Joaquín dijo...

... Pero a nadie le amarga un dulce. Como estamos en lo clásico grecolatino, esto de las vanidades mundanas que no se alcanzan, siempre me ha recordado la fábula esópica de la zorra y las uvas.

Un cordial saludo.

Eduardo Flores dijo...

Se puede decir más alto. Ahora, más claro...

Cada vez estoy más convencido de que la etimología de las palabras es también la ciencia del saber. Sólo hay que hacer un pequeño esfuerzo y leer "escribir", "escritor", y cualquier duda al respecto de lo que es el noble oficio queda resuelta al instante. Sin que ello por supuesto, genere incompatibilidad alguna hoy conocida.

Capitán dijo...

Los vicios y virtudes humanas, tan iguales en todos los ámbitos, sólo cambian de vez en cuando el traje. Y formar parte de un grupo es algo a lo que la condición humana nos impulsa, animales sociales al fin.

Un saludo

Rosario Troncoso dijo...

Joaquín: estoy contigo en lo de recordar contínuamente la fábula de Esopo. De hecho es una de las fábulas que más recuerdo a mis alumnos por ejemplo. Es aplicable a un 99,9 % de situaciones en la vida.
Todos los seres humanos, más o menos inteligentes, pecamos de vanidosos, y a más intelectualismo, más vanidad en muchos casos (siempre hay excepciones, no generalicemos).
Todos somos en alguna ocasión esa zorra de la fábula, y uvas inalcanzables, hay muchas.
Lo flagrante es ver como hay uvas maravillosas, a la altura perfecta, pero no las vemos muchas veces, y terminan por caerse y pudrirse.
Y si me apuras, uvas de esas, aquí, en el mundo real en el que todos cabemos, hay muchas.
Salud, amigo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Querida Charo, yo he interpretado el comentario de Joaquín en otro sentido. El mensaje de la fábula de la zorra y las uvas es el "quiero y no puedo", y, ya que no puedo, me invento la excusa de que las uvas no están en sazón. Joaquín me corregirá si me equivoco, pero entiendo que "ese quiero y no puedo" se refiere al escritor que, pese a lo que digo en mi entrada, en el fondo quiere pertenecer a ese clan. ¿Es así? A tu respuesta responderé.

Joaquín dijo...

Así, así es. Un quiero y no puedo. Aunque las fábulas de Esopo (mi lectura favorita desde los seis añitos de edad) se prestan a lecturas abiertas...

Rosario Troncoso dijo...

Sí, si. Antonio, Joaquín, estoy en la misma línea que vosotros.
El escritor quiere escribir, y quiere que le lean, eso está clarísimo, y bueno, si para ello hay que pertenecer a algún clan, pues habrá que claudicar ante la evidencia, y opositar como se pueda para obtener una plaza en el cuerpo de escritores, jejeje.
Ahora, hablo por mi misma, y afirmo que claro que quiero tener dos hiperiones, publicar en las más prestigiosas editoriales y vivir de la pluma... no soy hipócrita para nada.
Los que no me convencen son algunos procedimientos que no veo claros, ni limpios.
Pero a ver, hay de todo. Y hay escritores (y escritoras) a quienes admiro muchísimo, que tienen premios prestigiosos muy merecidos por su extraordinaria calidad, y nombres que suenan mucho, que merecen sonar con creces, siempre para bien.
A ellos no me refiero, por supuesto.
Somos humanos, y como comentaba el amigo Capitán, somos sociales.
Sociales e imperfectos, y en todos los grupos se ponen de manifiesto esas imperfecciones dando lugar a conflictos, o bien a las claras, o bien encubiertos.
En esto del "mundillo" (no me gusta nada esta expresión) se da mucho eso de la competencia encubierta. Pero ya digo, como en todos los grupos donde hay personas, con intereses comunes.
Llamadme pánfila, pero cuando yo pensaba en escribir nada sabía de que existiera un mundillo para ello. Yo leía libros, me emocionaba con la lectura. Eso es lo que importa, ¿no?
Pero está ahí, existe, y queramos o no formamos parte de él de una u otra manera. Y los que aún no, están locos por entrar (me incluyo, cuando a veces me he visualizado obteniendo éxito y acogida por parte de los que ya son veteranos en esto). Esto deslumbra, y las uvas son apetecibles.
Lo que se debe hacer, en mi humilde opinión, es trabajar para llegar a alguna uva concreta, porque hay para todos... alcanzarlas todas es imposible, y sugerir que las uvas no nos interesan (al menos una sí), no es del todo cierto...
Alcanzar la uva de la calidad humana, y después, la de la calidad literaria, debe primar. Las demás, por mí, como si se pudren.
Más besos.

Joaquín Parellada dijo...

Uy, Antonio, qué texto más "arcaico y clasicizante" te ha salido: que si "índole", que si "salpicón las más noches", que si "cuitas", que si "acullá"... Y ese latinajo ("quid pro quo") ¿no es una frase del Dr. Hanibal Lecter en "El silencio de los corderos"? No sabes la de veces que he tenido que consultar el diccionario... Y aun así, ¡que me aspen si he logrado entenderlo!
En fin, disculpa las ironías, pero como ves, ayer y hoy me he leido todos los comentarios al excelente texto tuyo que te publicó Fernando. Enhorabuena por ambos, el de ayer y el de hoy.
Joaquín P.

Araceli Esteves dijo...

Bueno, a parte de la soberbia intelectual yo sé de otras bastante deleznables, la soberbia machista por ejemplo, la soberbia de clases, la soberbia blanca, la soberbia del guapo, la soberbia del ganador. Es la soberbia en cualquiera de sus variantes la que resulta insoportable. Y todos hemos caído alguna vez en sus garras.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Querido Joaquín, he querido darle al texto un tono "avejentado" por bromear con Sergi (con todo afecto). Incluso pensé dedicárselo en un primer momento. Lo de ayer fue muy fructífero (¡27 comentarios! con ocasión del micro). Gracias por tus palabras y un abrazo (a partir del jueves, desde Lovaina).

Javier Quiñones dijo...

Querido Antonio:

Voy a discrepar un poco de los comentaristas, entre los que hay muy buenos amigos, que me preceden.

Veo tu texto algo confuso.

Me refiero a que no es lo mismo la publicación de lo que llamas "textos universitarios", y quiero entender por tales estudios literarios y críticos sobre lo que otros autores han escrito, y los textos de creación literaria, de imaginación y de ficción.

Digamos que son trincheras distintas, no es lo mismo publicar un estudio sobre Erasmo, pongo por caso, que publicar un poemario o una novela, o ver estrenada una obra de teatro. Todo es letra impresa, todo es o tiene que ver con la literatura, pero son facetas diferentes y que te satisfacen en grados distintos.

Dejando al margen los "mundillos" que rodean ambos ámbitos (perdón), que suelen ser bastante sectarios y mediocres, todo sea dicho de paso, creo que ambos tipos de publicaciones satisfacen por igual a quien tiene la suerte de poder hacerlas y una no puede compensar los desaires o los ninguneos de la otra. Para hacerme entender mejor. Si publicas un estudio sobre Virgilio o sobre Séneca o sobre cualquier autor clásico y lo publicas bien, será una alegría. Pero si has trabajado duramente escribiendo un libro de microrrelatos, pongo por caso, y fracasas en el intento de darlo a conocer, o sea, de que alguien lo publique, te jode,te duele y casi me atrevo a decir que empaña algo la felicidad por la otra publicación.

O mucho me engaño o todo el que escribe quiere ser leído. Conviene no mezclar los estudios filológicos con la creación literaria. Si te llaman ambos aspectos, adelante, de hoz y coz, con corazón e ilusión. Pero sin autoengañarse. Si tu estudio de las odas horacionas es muy brillante y te da prestigio en el mundo universitario, tu libro de microrrelatos, que ya intuyo, será una fuente de placer para quien lo lea el día que se edite.

¿Qué pondrás en la solapa? ¿Escritor y Profesor universitario? La biografía literaria la van haciendo las obras, que, al final, es lo único que queda.

Un abrazo antiguo, añejo. Javier.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Antonio, tienes más razón que un clásico.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias, amigos, por vuestros comentarios, en especial a Javier, tan lúcido como acostumbra. Un abrazo.