domingo, 13 de septiembre de 2009

Qué jodido es eso de morirse


Qué jodido es eso de morirse. Ha de andarse uno incluso con ojos de lingüista, porque, fijaos, si hubiera escrito esto, daría la impresión de estar dirigiéndome a vosotros, en esta apacible mañana de domingo, desde el umbral mismo del Más Allá. Tampoco es lo mismo decir de morirse que de morir, porque morirse se muere más uno (aunque "lo muera" un accidente o una maldita enfermedad), pero morir es algo que les ocurre mucho más a los otros. (Que no me venga nadie con el Muero porque no muero de la Santa, que ahí, por mor de la mística y por mor de la poesía, nada es lo que parece). La cosa da mucho juego, creedme, como me hizo ver un amigo cuando, en una tarde de otoño estudiantil, me dijo que no es lo mismo un muerto morío que muerto matao. Aunque lo expresara de esta forma tan torera, demostraba mi amigo saber algo no sólo de los discernimientos policiales, sino también de la diátesis verbal, porque, aunque lo parezca, la voz pasiva de matar no es morir, ni viceversa. Pero salgamos del laberinto de la lengua y vayamos a lo sustantivo, que eso es lo que yo pretendía.
Si eso de morirse es jodido, más aún lo es vivir sabiéndolo, porque a nadie se le escapa que lo peor de vivir es la conciencia de la muerte. Hay consuelos sabidos, paños de religión. Y otros que son frutos exclusivos del intelecto. Ya Cicerón dejó escrito que estar muerto no puede ser peor que no haber nacido, y ¿quién de vosotros tiene un mal recuerdo de entonces? No hace mucho, al calor de la noche mediterránea, otro amigo me decía que la muerte sólo existe por contraste con la vida, y ese contraste sólo es posible establecerlo con nuestra conciencia de vivos. Como en la muerte no hay conciencia, no hay posibilidad de contrastar nada. O dicho en cristiano: si no sabes que estás muerto, no sufres por estarlo, ni echas en falta nada de tu anterior estado.
Anda uno muy metido en la cuarentena y piensa a menudo en estas cosas. Pero la culpa la tienen los otros, los que se empeñan en morirse alrededor, esos memento mori que se despiden con un see you soon.

(Detalle de La puerta del Infierno, de A. Rodin (1840-1917). Museo Rodin, París. Fuente: Silenos)

11 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Al hilo de estas escatologías recuerdo lo que he leído de Tolstoi, que a partir de los 50 cobró conciencia del horror de la muerte y libró una lucha titánica con ella, de la que, lógicamente, salió perdedor.

Un abrazo.

Herman dijo...

Gracias por estas reflexiones, Antonio. Yo creo que la conciencia de muerte es una faena. Otra es la brevedad del viaje. No da tiempo a casi nada.
Un abrazo

enrique baltanás dijo...

Tremenda reflexión. En realidad, pensar sobre la muerte podría -¿o tal vez debería?- llevarnos toda la vida.

Javier Quiñones dijo...

Buena reflexión, Antonio. La muerte es la pérdida de la conciencia, cuando dejas de tener conciencia de que eres quien eres. La perdida de la conciencia, como dicen los médicos, es la antesala de la muerte. Lo demás es silencio, o se convierte poco a poco en silencio.
Un abrazo, Javier.

Antonio Azuaga dijo...

Así es, amigo mío, la culpa del dolor ante la muerte “la tienen los otros”, pero no por el “memento mori”, sino por el inmenso vacío que nos dejan. Por eso no vale el argumento aquel que compartían epicúreos y estoicos para espantar su temor, ése de que la muerte “es” cuando yo “no soy” y… ¿a quién le va a importar algo que pasa cuando uno ya no está? No es eso, no es eso; el temor a la muerte es el miedo a la ausencia del otro; el vacío, la enajenación absoluta del que queríamos y un día deja de estar ahí. Ése es el peor, o el de verdad. Y aquí no hay “intelecto” avispado capaz de echarnos una mano.

Espléndida entrada, Antonio.

Un abrazo.

Mery dijo...

Me apunto al comentario de José Miguel, sobre Tolstoi.
Y apuntaría un dato aún, si cabe, mas angustioso: la conciencia de que, aquéllos a los que mas quieres, van a morir también, quizás antes que uno mismo.
Tremendo.
En fin, tomémoslo con cierto humor...
Un beso

Cathan Dursselev dijo...

Muy buena entrada, Antonio. Supongo que cada uno tiene su propia idea de la muerte. Para mí, por ejemplo, no es una parte de más de la vida y no creo que vivir pensando en ella pueda cambiar nada, así que mejor reirse de la dama negra que sufrir por ella. Más cuando, además, la muerte y el dolor que causa no es más que un sentimiento humano y, además, negativo: la muerte sólo es egoísmo. El dolor por lo perdido aquí, mientras vivimos sin el que antes estaba vivo y ahora, simplemente, está en el hoyo.

bambu222 dijo...

Pues yo de pequeña decía que no pensaba morirme pero cuando te han dado algún aviso que otro ya no lo tienes tan claro, aunque en el fondo y secretamente sigo pensando que no pienso morirme.Abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Siempre con humor Antonio.

Antonio Serrano Cueto dijo...

En fin, amigos, habrá que morirse. Y vivir de regreso a Ítaca. Un abrazo a todos.

Fernando Valls dijo...

"Morirse es un error", decía Jardiel.
Bambú, no te me adelantes que me toca a mi antes, que soy el mayor.