martes, 1 de septiembre de 2009

Hoy no es como ayer


Es ya un lugar común mencionar la irrupción de internet en nuestras vidas para corroborar que esta época avanza a pasos agigantados. Y si los de mi generación convenimos en que es un salto visible, qué suerte de brecha no vivirán nuestros padres, septuagenarios u octogenarios crecidos (malnutridos los más) en la Posguerra española. Sin embargo, todos los días somos testigos de otros hechos, mucho más modestos, que también dan cuenta de que hoy no es como ayer. A pesar de que ando muy atareado buscando alojamiento en Lovaina, pegado más de lo que quisiera a internet, esta mañana he encontrado un hueco para ir a cortarme el pelo. En los últimos años siempre voy a la misma peluquería. ¡Qué distintas estas jóvenes peluqueras de aquel barbero sordo que me cortaba el pelo en mi infancia! ¡Qué lejano aquel cuarto reducido, en la esquina de mi barrio, con aquel distintivo en forma de pirulí de colores, de este salón de diseño bañado en música relajante! Y si el Sordo (que así lo motearon) siempre me amenazaba con cortarme las orejas, estas jovencitas me reciben con el ofrecimiento de alguna bebida o lectura. Pero sin duda donde más se nota que el Sordo ya es leyenda de mi infancia es en el lavado-terapia de cabeza con que culminan su trabajo. Y ahí me veo, las piernas alzadas, sendas piedras volcánicas caldeando mis manos y una de las chicas masajeándome con fuerza el cuero cabelludo, mientras los pensamientos se me escapan entre sus dedos enjabonados.

8 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

¿Las piernas alzadas? ¿Piedras volcánicas caldeando tus manos?. Pero ¿tú a qué peluquería vas, chiquillo? Y aún falta que digas qué hacen las demás chicas mientras una de ellas te masajea el cuero cabelludo.

En serio, amigo. A esa peluquería sólo le falta que, en lugar de una bebida, te ofrezcan un ordenador personal, para que puedas recoger al instante esos pensamientos que se te escapan.

Un abrazo, y que acabes de disfrutar tus vacaciones.

Capitán dijo...

Lo peor es que ni nosotros somos como ayer. Si ahora tuviese que entrar en una peluquería en la que no usan cuchillas desechables, me daría un pasmo cuanto menos.

Vemos los cambios externos, pero lo que cambiamos nostros lo vemos con más dificultades.

adu1 dijo...

Lo que se ha perdido por el camino es la conversación. Claro está que si era sordo... En ese caso todo son ventajas.

Saludos

Ángel

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Pienso que avanzamos más de la cuenta.
Debemos ser más permisivos.

Saludos.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Muy buenas tus reflexiones.
Pero el comentario de Pedro Herrero si que me arrancó miles de sonrisas....jaj jaja. Saludos cordiales.

sergio astorga dijo...

Antonio, lo que es ya no es y lo que fue volverá por sus variantes. Lo bueno de todo esto, imagino, es que todavía tienes cabello que cortar e ideas que peinar.
Un abrazo tijereteado.
Sergio Astorga

Isabel Romana dijo...

Estas chicas atizan la nostalgia. Con todo, son mucho más sugestivas ¿no? Besos.

Triana dijo...

La peluquerías de las mujeres tambien son muy diferentes ahora que hace 30 o 40 años, aquellas largas filas de enormes secadores con cabezas llenas de rulos y los lavacabezas aquellos que te destrozaban el cuello... y el masaje en el cuero cabelludo de ahora en un sillón que te eleva las piernas a mi no me permiten ni pensar más que en que no quiero que termine....
Un abrazo Antonio.