viernes, 11 de septiembre de 2009

Gripe A y vacunas de ayer y de hoy


Como los seres humanos somos asustadizos, mucho más cuando nos tocan a los niños, ese grupo de riesgo permanente, solemos secundar las resoluciones de quienes dicen velar por nosotros. La tan traída y renombrada Gripe A (qué glamour, tanto cambio de nombre) lleva el mismo camino que otras muchas necesidades y urgencias que se nos han impuesto colectivamente, a la vez que se nos aleccionaba sobre los medios para combatirlas, siempre a fuerza de bolsillo. Porque de estas necesidades y miedos siempre sacan tajada unos cuantos. Nos impusieron el teléfono móvil, y sucumbimos. Es que ya sin móvil no se puede estar... Claro, como va a ser lo mismo decidir en soledad qué deuvedé del video-club se alquila, que sacar el aparatito y telefonear a la partner para preguntarse in situ: ¿Gordi, ésta la hemos visto? Otros riegos, con sus inherentes soluciones, nos vinieron impuestos por ley. A la Dirección General de Tráfico le debemos dos perlas: los triángulos y chalecos reflectantes para los coches. ¿Quiénes serán los tipos que se hicieron de oro fabricando masivamente aquellos artilugios que tan pocos conductores utilizan? La Gripe A ya va llenando los bolsillo de los fabricantes y vendedores de mascarillas y, no lo duden, enriquecerá a las marcas farmacéuticas que patentaron las vacunas. Cada vez se alzan más voces denunciando los intereses personales de ínclitos de la política reciente de EEUU, como Donald Rumsfeld, en este otro mercado del miedo. ¿Puede uno fiarse de quienes, como nuestra Ministra de Sanidad, aseguran que las vacunas son seguras, cuando hay quienes advierten de sus efectos secundarios neurológicos? Van logrando, a fuerza de méritos, que no nos fiemos de nadie.
* * *
La campaña de vacunación que se avecina me ha recordado esas otras campañas que sufríamos de niños en los colegios en los años sesenta y setenta. Hace algún tiempo (mucho antes de que la serie Cuéntame comercializara nuestros recuerdos) escribí sobre ello en un libro que, gracias al blog, va muriendo en estampas. Os la dejo:

Los niños crecían en cuerpo y ajuar, mientras que los cuartos menguaban en proporción inversa. Cada centímetro crecido de huesos, músculos, nervios, órganos y piel suponía un sensible menoscabo del espacio familiar. Uno de los mejores indicadores era el abultamiento progresivo de los papeles de la familia. Los partes de vacunaciones, por ejemplo, se habían multiplicado de manera alarmante. Cada niño arrastraba un talonario de recibos que garantizaban su aptitud para vivir entre gérmenes y virus de toda índole, expedidos por instancias tan autorizadas como la Jefatura Provincial de Sanidad y el Patronato Nacional Antituberculoso y de las Enfermedades del Tórax. Viruela, cólera, polio, difteria, tos ferina, tétanos, fiebre tifoidea, tuberculosis. Para nuestras madres era el testimonio impreso del cumplimiento del deber sanitario, además de un recordatorio de nombres espeluznantes que no convenía olvidar. Sin embargo, había otro testimonio, en cierto modo también impreso, que se caracterizaba por presentar una orografía variable: los estigmas carnosos en la cima de los brazos con que todavía hoy nos reconocemos al menos dos generaciones de españoles.
(Fotografía: Medusas en el Oceanogràfic de Valencia. Fuente: Silenos)

6 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

No sabemos lo que hacen con nosotros.

Salud.

Antonio Rivero dijo...

Antonio, vi este video tan interesante sobre la Gripe A, ojealo, y me cuentas...

http://www.youtube.com/watch?v=gKwk8Kq8QXA&feature=player_embedded

Cuenta muy bien los intereses de Donald Rumsfeld en este mercado de enfermedades

Antonio Serrano Cueto dijo...

Sí, Antonio, lo había visto. Si la mitad de lo que se dice ahí es cierto, es para temblar. Saludos.

Triana dijo...

Cada día toma más fuerza la teoría economíca en la extensión de la pandemia y por más que incontables facultativos advierten del riesgo de administra el antiviral, el pánico está servido.
Conocía el video y otros con similares datos, pero una vez que el miedo está sembrado, corre más rápido que el propio virus, yo desde luego, lo tengo muy claro, antigripales tradicionales, muchos liquidos y quedarme en casa para no ir diseminando virus por todos sitios, que una gripe se complique es un riesgo que todos tenemos con pandemia o sin pandemia.
Un abrazo Antonio, y si, en uno de mis brazos y una de mis piernas, llevo las marcas de guerra de aquellas escarificaciones que nos hacían para inocular la vacuna, ¡¡como escocía aquello!!

Olga B. dijo...

El miedo nos hace muy, muy vulnerables, es muy fácil aprovecharse de él. Y no creo que pierdan la ocasión ya que, por otra parte, los virus y bacterias están ahí fuera, como la verdad de los expedientes x;-)
Como siempre, la estampa es una delicia.
Un beso, Antonio.
Buen finde.

Mery dijo...

Es cierto, llevamos la marca de nuestra niñez en los brazos (recuerdo también otra marca en la parte superior del muslo).
Como corderitos, en dos palabras.

Buena reflexión, Antonio.