sábado, 1 de agosto de 2009

Un criminal ronda cerca


En las calendas de agosto mis neuronas se han reducido a tres: una se pasa el día sesteando, la otra se dedica a saludar a los conocidos (que van y vienen según cuadren sus vacaciones) y la tercera intenta escribir de vez en cuando, entre lectura y lectura. Por eso no prometo que estos silenos bailen durante agosto al mismo ritmo (ya relajado) que en julio. Con todo, como ayer todavía conservaba una cuarta neurona, la que se ocupa de la observación de las vidas ajenas, he aquí el relato de un hecho acontecido en la víspera hacia las nueve de la mañana, y del que un servidor, que sale en ayunas a comprar la prensa, fue testigo involuntario. FELIZ DESCANSO.



UN CRIMINAL RONDA CERCA

En un lugar cualquiera de la costa mediterránea, dentro de una amplia urbanización en la que conviven edificios de apartamentos modestos y chalés de altas murallas, cerca de una carretera con estación de servicio donde se lavan utilitarios y se abrillantan mercedes y bemeúves, ante un cajero automático de esos que, previa inserción de una tarjeta, previo pago de una recarga, previa inscripción del cliente, expenden películas de DVD las veinticuatro horas del día, hay un hombre en bañador, camiseta y chanclas, estuche azul en la mano, que consulta nervioso el reloj y mira a izquierda y derecha como si temiera ser visto antes de hacer lo que está pensando hacer, un acto sin importancia, pero que podría ser malinterpretado por un vecino que diese la voz de alarma, un ladrón, un tipo peligroso hurgando sin escrúpulos en la ranura de la máquina expendedora quién sabe con qué intenciones, pinchando sus entrañas con un arma punzante, mientras escupe las peores blasfemias porque el tiempo corre y no logra resolver el atasco de la película del cliente anterior, por más que introduce el bolígrafo que tenía en la guantera, tanto que se le cae y se queda dentro, rodando sobre la cinta pero sin moverse, pegado al estuche enconado en el fondo de la ranura, repleto de las huellas de sus dedos sudorosos, la prueba que lo incrimina y debe borrar a toda costa, por lo que ahora urge recuperar el bolígrafo introduciendo la mano menguada, adelgazando la muñeca como hacen en las películas los protagonistas secuestrados para liberarse de las esposas, no sea que los rasguños provoquen algún derramamiento de la sangre, por poca que sea, y deje allí el ADN delator, porque ya poco importa que estén a punto de cumplirse las doce primeras horas de alquiler, la franja más barata, y apenas le quede saldo en una tarjeta que no puede recargar porque la maldita máquina está cada vez más atascada, lo prioritario ahora, lo vital, es recuperar el arma del crimen y arrojarla a un contenedor lejano, entre breñas y matorrales, donde los policías que vienen de camino con la sirena silenciosa nunca se tomarán la molestia de buscar, con estos calores.

8 comentarios:

Capitán dijo...

Vaya, todos nos hemos visto en situaciones semejantes, recuerdo mis llaves en una alcantarilla, y que mal lo pasé.

Espero que esa neurona siga funcionando aunque vaya algo más lenta.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Feliz verano Antonio.

El micro de tu talla, como siempre.

Un abrazo.

Mery dijo...

La lentitud de la canícula no te deja las neuronas al ralentí, que no te quepa la menor duda.
Un abrazo

Gemma dijo...

Jajaja, menudo veranito para algunos... Es muy probable que el calor extremo reblandezca el funcionamiento de estas máquinas...

Abrazo

Extractos... dijo...

bien empezó ese día...jjj

besos

Pedro Herrero dijo...

Antonio, estoy de acuerdo con Javier y con Mery. El verano no te afecta lo más mínimo. Un relato bien armado, tenso y afilado, en el que mantienes el tono y el interés hasta el final. Un abrazo.

El Viajero Solitario dijo...

Hum, hace poco leía la descripción del sentimiento de culpabilidad -que no de culpa- que tenía el protagonista de un ¿cuento?, ¿una novela?, antes de pasar por el rutinario arco y control policial del aeropuerto, como si temiera ser descubierto, aunque no había hecho nada.
Algo parecido le ocurría a este infeliz veraneante, me temo.
Saludos.

Triana dijo...

Sin duda todos hemos estado alguna vez en situaciones embarazosas de ese tipo, pero tu narración de los hechos es perfecta y consigue mantenernos en vilo hasta el desenlace.
Muy bueno Antonio.
Un abrazo