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Las ciudades también respiran a través de los nombres de sus comercios, y a veces éstos nos saludan con mensajes cifrados. Sin duda este bistro del Barrio Latino, que pasa por ser el más antiguo de París (1845), estaba ahí para que yo, que llevo años lidiando con otro Polidoro (Virgilio, el del Urbino quinientista), retuviese su imagen para siempre.
¿Y qué decir de este restaturante chino de Le Marais? Si el comensal abandona el local con la sospecha de que lo han engañado (como a un chino, en revancha), no tiene más que volverse y leer el rótulo. No avisan antes, pero al menos nadie podrá negar que a posteriori lo reconocen (el uso de la uve es un truco para despistar, o una negligencia involuntaria, justificable en un chino).
5 comentarios:
jjjj, hermano...tan dao vien...con v y en andaluz...
besotes por ahí
Antonio, es genial. Procuraré no entrar en el chino.
Jaja, "Tan dado vien". Suena castizamente chino. ;-P
Si lo de Polidoro fue cosa del destino, como apuntas, lo segundo se me antoja un escarmiento cruel (también del destino, por descontado) para incrédulos irredentos. Sigue contándonos.
Genial "Tan Dao Vien". Y además sólo te fijas cuando sales... De antología.
Un abrazo.
Muy bueno,,, jeje
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