¿Quiénes eran, decidme,
esos que en mi memoria desflecada
hoy siguen entonando idénticas canciones
de reclamo trabadas con músicas remotas?
Abría su turno temprano el carro del especiero:
¡qué prodigiosa mixtura de colores,
qué nube de fragancias en alado concierto!
Ramitas de albahaca, varitas de canela,
polvillo de jengibre, pelillos de alazor
que entintan el cabello.
A mediodía, coplas de la pasamanera
en la arrebatadora luz del patio:
canastos bien repletos de cordones,
flecos de plata y borlas con añil,
prima marinería en las botonaduras áureas.
Sonaba luego el son aguzadero,
la infantil mini flauta que anunciaba,
escala arriba, escala abajo,
el baile chispeante de cuchillos y tijeras.
Cercana la merienda, la ofrenda almibarada
y vespertina del tardo confitero.
Cerraba ya sus puertas la tarde
con aquella grata mercaduría de azúcares y sésamo.
Yo no sabía entonces, de tan niño,
que allende la memoria se abrirían de nuevo.
6 comentarios:
¡Bello y sensual poema, Antonio! No sólo porque recuperas sabores y olores, sino porque lo haces con las palabras justas y sugerentes (aunque algunas sean desconcidas para mí, como alazor o aguzadero). Enhorabuena y un abrazo desde esta calurosa y húmeda Barcelona, donde los turistas fotografían a los afiladores como si fueran seres inauditos).
Un aroma infantil que se olfatea... Abrazos.
Gracias, Joaquín. Qué alegría saber de ti. ¿Para cuándo te abrirás el blog? Un abrazo.
Hasta la misma palabra mercaduría va esparciendo su sabor antiguo...
Un beso
Cuánto han cambiado las costumbres y modos, y no me doy cuenta hasta que alguien me trae recuerdos de mi infancia
Bonito poema
Que chulo. "alazor", ¿será la henna?, a la que los castellanos le dicen "aleña" ?
Calurosa Sevilla, húmedo Cádiz. Que buenos éstos aromas de infancia.
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