Aunque ya es noche entrada, aún hay luz en la carpintería. Pedro y Juan, cercanos a la jubilación, ultiman un encargo.
PEDRO.- ¿Quién crees que lo vestirá?
JUAN.- No sé. Quizás un viejo como nosotros.
PEDRO.- Sí, quizás un viejo. Pero seguro que tenía posibles. Es de clase A.
JUAN.- Los de clase A los piden mucho los arquitectos y los banqueros.
PEDRO.- Eso, un arquitecto o un banquero. O un político barrigudo. Mira que si es para un mozo muerto en la carretera. Encargos de esos llegan a menudo.
JUAN.- ¿Te has parado a pensar que acabe ciñendo al talle de una jovencita hermosa, de esas que hacen que hasta el aire se aparte ruborizado cuando pasan exhibiendo su plenitud?
PEDRO.- Una jovencita de esas... Calla, calla.
JUAN.- Oye, Pedro.
PEDRO.- ¿Qué?
JUAN.- ¿Y si en la otra carpintería ya están dispuestos los nuestros?
PEDRO.- ¿Esos ineptos? ¡Ni pensarlo! Habrá que dejar rematada esa faena.
Antonio Serrano Cueto
(Imagen: "Cristo en casa de sus padres" (1850), de Sir John Everett Millais)

5 comentarios:
No podía ser de otra forma: un “micro” para celebrarlo…
Felicidades, Antonio, aunque decir eso en este rincón tuyo es ya una amable costumbre.
¡Felicidades por vuestro santo!
Espero que hayas pasado un buen día.
Y felicidades también por el micro.
Desde luego, hay trabajos inquietantes...
Felicidades dobles, por la onomástica y por el relato.
Y gracias, por la parte que me toca, según explico en mi blog.
Un abrazo.
Felicidades, tocayo. Y enhorabuena por el microrrelato.
Antonio, como bien mencionas,llego con rezago,otras carpinterias median mis finitudes.
Un abrazo a los Antonios.
Sergio Astorgas
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