sábado, 9 de mayo de 2009

Otra ciudad


Es el humor de quien la mira el que da su forma a la ciudad de Zemrude
Italo Calvino,
Las ciudades invisibles


En la mañana de hoy me he levantado como quien empieza de nuevo. He salido al mundo con frío y llanto de novicio, desamparado pero decidido a ver con ojos inocentes lo mismo que ayer acabó velando mi mirada. En la calle me esperaban saludos, corteses gestos de vecindad y algún apretón de manos. He sentido el roce de otros aires, olido otras fragancias. La ciudad no era mi ciudad de siempre; parecía mudada para satisfacerme. Donde antes maldecía el tronido de las máquinas o el claxon hiriente de los coches, sonaban músicas de irresistible embeleso. Los gritos y malquerencias de la gente han dado paso a una exquisita afabilidad. Todo era tan distinto como lo fue anteayer, cuando salí de casa como quien empezaba de nuevo.

10 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Me gustaría a mí encontrarme también en esa ciudad nueva. Saludos cordiales.

Mega dijo...

El ánimo lo trastoca todo, qué duda cabe, hasta convencernos de que las cosas son como las sentimos en cada momento.

Un abrazo

Olga B. dijo...

El final es irónicamente descorazonador. Cuando uno recurre a la ironía es que ya no se lo cree y, lo que es peor, lo mismo no vuelve a creérselo más.
No lo sé, igual es que hoy me toca la parte baja de mi ciclotimia:-)
Besos igualmente, ya sabes que me encantan estos papeles secundarios.

sergio astorga dijo...

La mirada nueva en odres viejos suele cambiar hasta el ánimo.
Un abrazo como demañana.
Sergio Astorga

Raúl dijo...

¿Es la ciudad, la nueva, o es que nos ecnontramos ante un renacido hombre, que la observa y la recorre?.
Buen relato.

Torrepalma dijo...

Los blogs y sus comentarios son como alimentos para almas solitarias y sedientas de sensaciones. Gracias a todos

Torrepalma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Mery dijo...

Fíjate, hace un par de años asistí a un ciclo sobre urbanismo, y uno de los conferenciantes introdujo su ponencia con Las ciudades invisibles, de Italo Calvino.

Es ardua tarea esa de renovar la mirada cada mañana. Pero una tarea grata, o así debería serlo.
Como siempre, escribes con mucho talento.
Un beso

Araceli Esteves dijo...

Me ha encantado lo del llanto de novicio.A veces es así, las cosas siendo las mismas son tan distintas...

siempreconhistorias dijo...

Muy bonito relato. El ánimo de quien vive y mira. El paso de lo molesto a lo admirable. Y ese final nada secundario.
Felicidades.