viernes, 8 de mayo de 2009

Martín Doria y su microrrelato finalista en Márgenes


NATURAL

Allí estaba como dormido. Y yo, agotado de mi corrida en bicicleta desde la punta del morro, lo miraba entre la gente que se había reunido en el propio cuarto, los que pasaban y meneaban la cabeza y susurraban consuelo. Después pude acercarme más a la cama y casi solo, me detuve en el cuerpo inerte de Pablo. Allí estaba una imagen fragmentada de mí mismo. En su propia habitación, entre algunos juguetes caros que habían sobrevivido a su infancia y los caprichosos fetiches de su adolescencia brillante. Los trofeos de fútbol, los recuerdos de algún viaje a Europa y otro a Estados Unidos, los posters de los grupos de rock que le gustaban. Casi con sorpresa descubrí que compartíamos gustos. Gustos y la misma nariz. Nunca me había resultado tan parecido a mí, era como verlo por primera vez. Ahora yo podía sostenerle la mirada, atravesar sus ojos sin que cayeran mis párpados y sí, era verlo por primera vez y última.

Papá recibía a la gente y fingía fortaleza. Cuando llegué a la puerta, pareció alegrarse y me abrazó bien fuerte y eso me conmovió de una forma desconocida. Más tarde, en la habitación de Pablo, pensé que el chico había sido afortunado. Por esa habitación, por esa casa y esos viajes, y por los abrazos de mi padre.

Yo había tenido lo mío también. Mamá me crió sola durante treinta años con fortaleza y si bien puede argumentarse que hubo más rigor que complacencias (en algo ayudó eso que llaman mi temperamento “indómito”), no me cabe duda que es amor lo que ha rechazado a todas y cada una de mis novias pasadas y lo que castiga con falsa piedad a la actual. Es amor lo que le descompuso la cara cuando vino a darme la noticia hoy temprano a mi cuarto y me vio huir desesperado en mi bicicleta.

Ahora miro el mundo de Pablo, el que tantas veces imaginé, cálido e infranqueable. Observo la gente que viene a despedirlo y descubro a su madre, que ha salido apoyada en su hija que la abraza. A mi padre que llega con ellas y a algún primo más y todos se abrazan con fuerza y lloran juntos con una cohesión poderosa, apenas vencible por la muerte, y yo siento un sacudón profundo, una fuerza mayor que me expulsa bien lejos de allí, pedaleando, de regreso al morro.


Martín Doria. Escritor argentino. Su primer relato “Diciembre” fue mención en el concurso de cuentos para jóvenes narradores “Haroldo Conti” 2003 organizado por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y publicado en una antología (Ediciones del Candil, 2005). La novela del mismo título mereció la primera mención del concurso de novela en el IV Congreso Internacional de Médicos Escritores. Su novela “Quemado” recibió el segundo premio del certamen nacional “Premio Osvaldo Soriano 2007” organizado por la Secretaría de Cultura de Mar del Plata. El relato 1966 (crónica de mi primer día en el exilio) mereció el premio de Fundación El Libro 2007 y fue publicado en el volumen “Relatos de inmigrantes. Los que vienen y los que se van” (Ediciones Fundación El Libro, 2008). Ha publicado además la novela “Mi pequeña muerte” (Editorial Libros En Red/ Biblioteca Latinoamericana, 2003). Es autor de la novela juvenil “El último Ovni”, aún inédita y del guión cinematográfico “La espera permanente”. El microrrelato Natural fue finalista del Premio Márgenes de la Universidad de Salamanca, España. Año 2009.

3 comentarios:

Fernando Valls dijo...

El premio Márgenes está dando mucho juego.
Saludos, Antonio.

J. Moreno dijo...

Muy interesante , gracias por la información.

simpática y puntual dijo...

hola, martin. soy una de las chicas que también quedó finalista en el concurso márgenes. estoy tratando de rastrear a toda la gente seleccionada en argentina, a ver si nos juntamos, pero no me quedé con los emails. ¿me ayudas?, en mi blog figura mi email. besos.