domingo, 24 de mayo de 2009

Las publicaciones póstumas (a propósito de Cortázar)


Hablábamos un día en clase de la pervivencia de la literatura latina, de las muchas obras perdidas (conocidos sólo sus títulos) o conservadas en estado fragmentario, cuando una alumna expuso una idea que le rondaba. Según ella, las exigencias literarias se atenúan hasta llegar incluso a desaparecer a medida que retrocedemos en el tiempo, de modo que cualquier obra que hubiese dormido más de dos milenios y ahora fuese descubierta, sería de inmediato editada, estudiada y traducida, aunque su calidad literaria fuese ínfima. Por el contrario, a un escritor moderno se le exige calidad para publicar su obra en una editorial incluso de mediano alcance. En ese momento hilvané, como réplica, dos argumentos: primero, que sería un anacronismo aplicar a la obra de ese autor los criterios de exigencia literaria de hoy día, cuando su formación como escritor y la cultura de su mundo diferían tanto de las nuestras (por ejemplo, ya quisieran para sí los escritores de hoy el conocimiento de la retórica que tenían los antiguos); segundo, que estas obras poseen otros valores (arqueológicos, históricos, culturales...), tanto o más importantes que los estrictamente literarios.
Recuerdo a menudo las palabras de mi alumna, sobre todo cuando leo en la prensa que se han hallado papeles inéditos de tal o cual autor consagrado ya fallecido. Que sean inéditos puede obedecer a dos razones principales: a) que el autor no quisiera publicarlos en vida, quizás por estimar que no eran de calidad (o simplemente de su agrado); y b) que la muerte sorprendiese al autor antes de que dicha obra viese la luz, aun cuando en su ánimo estaba darla a la imprenta. Ahora me ha ocurrido con los cuentos de Cortázar que su viuda enseñó a Carles Álvarez Garriga poco antes de la Navidad de 2006, y de los que hoy El País ofrece una muestra. Junto con tres fragmentos de las aventuras de los cronopios, el periódico publica un relato titulado "Manuscrito hallado junto a una mano". Al final del mismo se lee (c. 1955), que interpreto como fecha aproximada de su escritura (y no como fecha del manuscrito ficticio mencionado en el título). Si es así, parece que Cortázar no tenía mucho interés (o prisa) por publicar este texto, escrito casi tres décadas antes de fallecer. He leído el relato, y no es de lo mejor de Cortázar. Creo que el ir y venir del protagonista "encadenando" conciertos se alarga en exceso y el final es previsible, porque el título es demasiado explícito. Es más, conozco incluso chistes malos que terminan de modo parecido, con una frase inconclusa. ¿Ha de publicarse todo de Cortázar por ser Cortázar uno de los grandes? Porque también los grandes tienen sus días malos o regulares (quandoque bonus dormitat Homerus: "A veces el buen Homero se duerme"). La publicación de escritos póstumos tiene el riesgo de que al difunto se le haga un flaco favor. Aunque también hay casos radicalmente opuestos. Como los "Sonetos del amor oscuro" de Lorca. El mundo es mejor con ellos a la luz.
(Fuente fotografía: portal. unesco.org)

4 comentarios:

Araceli Esteves dijo...

Algo raro ha pasado con el comentario que acabo de escribir. No sé si llegó a destino. Pero basicamente decía que no hay mejor negocio en la literatura que resucitar a un muerto.

BACO dijo...

Está claro. Hay autores que queman todo lo que n unca publicarían, otros lo guardan bajo siete llaves para evitar que vea la luz y otros (como Ángel González) dejan dos poemarios inéditos para que la familia siga viviendo.
Saben que después de muertos, los carroñeros engordan.
No creo que Cortázar quisiese que lo que se ha publicado ahora se hubiese publicado, pero ya sabes: los carroñeros...

Isabel Romana dijo...

Es casi inevitable que a un autor de tanto reconocimiento y éxito como Cortázar se le quiera publicar todo lo que se encuentre de él. Más triste me parece el que se publiquen obras malas en vida del autor, aprovechándose de su ancianidad, para sacar dinero. Esto pasó, a mi juicio, con Torrente Ballester y, la verdad, me pareció muy injusto hacia él. Saludos cordiales.

Marco Valerio Corvo dijo...

Yo me decantaría por parte de lo siguiente: el artista genial, es a la vez un ser humano, y por tanto también es aprovechable su momento u obra mediocre, siquiera sea por estudiar su evolución. No tiene porque perjudicarle, puesto que no tiene porque restarle los méritos que ya consiguió con sus obras magnas, y no se trata de adorar a un mito, sino de conocer a un hombre.

En estos días leo, por cierto, un curioso ensayo de una autora angla: Se trata de "Alejandria. Cafavis. Foster. Durrell". Lo traigo a colación porque me encanta en cuanto describe una ciudad, y a la vez a los tres escritores de la contemporaneidad que la hicieran (de nuevo) famosa. Lo traigo a colación, porque ilustra lo que digo: Todo lo de Kavafis o Durrell me interesa (a Foster, el de "Una habitación con vistas" aún no lo conozco .....

Abrazos.