viernes, 22 de mayo de 2009

Evocación (literaria) 9: la explosión


El caldo de los caracoles empapó el vestido de Isabel, que agitó la tela con vehemencia para no quemarse los pechos ya de por sí agostados, mientras algunos caracoles muertos enredaban sus cuernos minúsculos en el pelo alborotado de Catalina. Una violenta vaharada caliente sacudió puertas y ventanas, desbarató sillas y mesas y destripó tiestos floridos en los alféizares. Cristales rotos se pisaban por doquiera, entre quejidos y gritos de espanto. El fluido eléctrico desapareció en un chispazo, previo a una oscuridad rotunda que dejaba las calles a merced de los primeros intentos de pillaje. Sin electricidad enmudeció la radio. Un tornado. Un terremoto. El viento de levante que anda con la cabeza perdida. Un fenómeno celeste (antes de borrarse la luz). En definitiva, una severa admonición. Nadie sabía qué había sucedido. Alguien gritó "explosión" y muchos corrieron a esconderse, sin advertir que el grito no era un aviso previsor, sino el descubrimiento de un mocoso que supo reconocer el olor a pólvora en la madeja del viento. Confundidas con los murciélagos, las gaviotas y las palomas volaban insomnes trazando su negra interrogación en la noche.

(Imagen. Ángel con trompeta. Fachada principal Rectorado de Sevilla-Fábrica de tabacos. Fuente: Silenos)

3 comentarios:

Antonio Azuaga dijo...

Este "papel" no tiene nada de "secundario", amigo mío.

eva- lazarzamora dijo...

Menuda petardà! Me gusto mucho el relato, los caracoles que en una espiral sin cese nos llevan hasta el desenlace final.
Un ciclon, un tornado, una gamberrada sin control.
Hacia tiempo que leia sus comentarios en el blog de Mega y me dije que me gustaria pasarme a leerlo. Disculpe mi intromision, pero creo que regresaré pues me gusta lo que he ido descubriendo en su blog.
Hasta pronto.

Mega dijo...

Tiene razón Antonio: muy principal me parece a mí también. Y con qué acierto supiste transmitir la vorágine y confusión resultante. Estupenda literatura evocadora.
Un beso