lunes, 27 de abril de 2009

El maremoto de 1755 en Cádiz y las fuerzas de la Iglesia


El día de Todos los Santos del año del Señor de 1755, a las 9,20 h. de la mañana, la tierra tembló en Lisboa. Aplicando la escala de Richter con carácter retroactivo, los sismólogos estiman que el seísmo alcanzó el punto de destrucción 9. El epicentro estaba en pleno Océano Atlántico, a unos 200 km al oeste-sudoeste del Cabo de San Vicente. Entre 60.000 y 100.000 personas murieron. Más al sur, siguiendo la línea recortada de la costa oeste de la Península Ibérica, los gaditanos vivieron una jornada histórica. Un tsunami a la gaditana. Una ola que invadió el barrio de la Viña y lamió las calles y casas. La cosa iba para tragedia, pero la ola se humilló a pocos pasos de la iglesia de la Palma, conjurada por las fuerzas de la fe cristiana en la figura de la Virgen María Santísima de la Palma. Se conocía este suceso más por informaciones sueltas, literarias, que por documentos fiables. Muchos en Cádiz hemos crecido al socaire de lo que creíamos una historia con adobo de leyenda urbana. Pero hete aquí que acaban de darse a la luz (véase información en Diario de Cádiz) dos documentos hallados en el archivo de la cofradía de la Palma por José Luis Ruiz. Uno de estos documentos es un edicto del obispo fechado a 4 de noviembre con una convocatoria a ayunar y a participar en actos de acción de gracias. El otro, fechado a 14 de diciembre, recoge una disposición para que la Virgen de la Palma saliera en procesión por haber obrado el milagro de frenar las aguas aquel día. La prensa sólo publica el documento de 4 de noviembre y un fragmento del otro, que parece más interesante por contener más datos sobre el maremoto: ...por parte de algunos de los concurrentes se hizo presente que, siendo notorio el visible milagro que experimentamos de nuestra amantísima y protectora María Santísima de la Palma el día primero de noviembre próximo pasado, pues fenecido el fuerte terremoto que se experimentó en nuestra ciudad (y en la mayor parte de este reino), sobrevino la alteración del mar, cuyas olas con mucha ferocidad inundaron el barrio de la Viña y hasta la calle Capuchinos, y que habiendo sacado el guión y portada de ella, sin embargo de lo muy enfurecido que venía el mar, se detuvo y retrocedió desde las primeras cuatro esquinas inmediatas a dicha nuestra capilla.
Como no podía ser de otra manera, la vida disipada y ajena a la moral cristiana de muchos gaditanos fue el detonante de este castigo divino, como se evidencia en el edicto de 4 de noviembre. Con paciencia y la ayuda de una lupa he transcrito algunos fragmentos a partir de la fotografía de dicho periódico. He actualizado la puntuación y la acentuación, pero he respetado las grafías del castellano de la época:


DON FR. THOMÁS DEL VALLE, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Obispo de Cádiz y Algeciras, del Consejo de su Mag. su Capellán Mayor y Vicario General de la Real Armada del Mar Occéano, etc.
A todos los fieles de esta ciudad, salud, consolación y paz en nuestro Señor Jesu-Christo:

Después de la terrible, espantosa y a nuestros ojos jamás vista tormenta del temblor de tierra y enfurecida brabeza del mar, en cuyos aparatos y horribles efectos llegamos a temer el sábado próximo, no sin fundamento, el que a Cádiz se le huviesse tragado este voraz christalino Golfo, próvida la Iglesia nuestra Madre, aún no bien calmado el susto, y vistiéndose del espíritu que la anima, salió al encuentro a nuestras aflicciones [...] dice el Señor: Yo tengo pensamientos de paz y no esos tan turbulentos que havéis temido; me invocaréis y yo os oiré muy prompto, todo alusivo a la estraña tormenta que padecieron los discípulos en las orillas de la mar, de que hace memoria el Evangelio de dicho día, y viéndonos uno y otro tan oportunamente igual, como que parecen idénticos los casos, no podemos dexar de repetiros que Dios en estos aparatos tormentosos no tiene pensamientos de guerra, sino de dulcísimos preparativos a el establecimiento de la interminable paz que quiere hacer con nuestras almas, llamándolas con el espanto, buscándolas con el movimiento de la tierra, efecto de la solicitud de sus pasos, haciéndose sentir en el retrocesso de el mar y en la furiosa acometida de sus olas, en las que, a su buelta, si el Señor no viniera de paz, ya huviéramos perecido todos [...] No quiera el Señor de las Misericordias que nos mantengamos tan rebeldes y tan endurecidos, que no lleguemos a percibir el ruido de sus divinos piadosos pensamientos; ni siquiera su Magestad, que siguiendo Cádiz la inmensa libertad que se ha tomado en la profanidad, obscenidad y descompuesta compostura de su adorno [...] acaso (acaso fatalíssimo) lleguemos a vernos todos baxo el cuchillo de la Divina Severidad y Venganza, que no tardará, en no quitando nosotros las puntas aceradas de nuestros yerros y culpas, que con tanto extremo en concurrencias, diversiones que corrompen la moral christiana, avivan su veloz movimiento [...] A este fin, avido aquí por repetido el mencionado edicto de Jeremías propheta, llamamos y comunicamos a todos los fieles de esta ciudad a penitencia, compunción y llanto de nuestras culpas, por medio de un ayuno riguroso, según las fuerzas de cada uno, en el día de mañana miércoles cinco, en el que con acuerdo de los ilustrísimos cabildo eclesiástico y secular de esta ciudad, hemos determinado salir por la tarde, llevando en procesión las dos hermosas efigies de nuestros santos patronos San Servando y San Germano, cuya sangre regó esta tierra, que parece se nos quiere huir de nosotros, por no poder tolerar el gravísimo peso de nuestras deformidades, y conduciendo también el relicario de Lignum Crucis, con cuyo tropheo de la Passión de el Señor y santas imágenes nos encaminaremos a la iglesia de N. P. Santo Domingo, con la más devota rogativa, a poner a los pies de la Santíssima Virgen del Rosario nuestros humillados contritos corazones ya arrepentidos de haver laxado tanto las riendas [...]

1 comentario:

sergio astorga dijo...

Antonio, enhorabuena que "ese voraz christalino Golfo" no se trago para sus adentros a la bella Cadiz.
Exquisito, que más.
Un abrazo sin tremores.
Sergio Astorga