
En esta mañana apacible de marzo, poco antes de salir a disfrutar del sol y de otros líquidos dorados, organizo papeles y aparejo un poemario. Cuesta seleccionar unos poemas en detrimento de otros, y uno se siente como un mal padre que premia amorosamente a unos hijos y castiga con severidad a otros. Para pasar tal trance algo anestesiado pongo un disco de Mary Lou Williams, la gran dama negra del jazz. Compositora, pianista y arreglista de músicos como Benny Goodman y Duke Ellington y amiga de otros grandes, como Thelonius Monk, Charlie Parker y Dizzy Gillespie, esta mujer de ojos lánguidos y dedos afilados, cuyo "Nicole" suena ahora divinamente, me invita a cerrar el poemario y a salir al encuentro de la mañana. Y me marcho una vez más convencido de que hay músicas que se crearon para aliviarnos de los pesares de este mundo maltrecho.
8 comentarios:
Tienes razón. La música nos alegra la vida.
Un saludo
Llevo casi todo el día oyéndola. Me ha traído la inspiración, el sosiego necesario para concluir un trabajo que me estaba constando redondear.
Si que es casualidad, Fernando.
Me gusta esa música que empuja a la vida. Feliz fin de semana.
Una bella verdad, el final de esta entrada.
Si de eso se trata, me empeñaré en conocer a Mary Lou.
Saludos.
Seguro que te gustará, Susy. Bienvenida.
Antonio, fantástico, a tu invitación dejé de escuchar a Tony Bennet para sumergirme en el piano.
Gracias.
Un abrazo entre semifusas.
Sergio Astorga
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