jueves, 5 de marzo de 2009

Los vientos


En Cádiz, que unas veces tiene aires de isla desamparada y otras de barco aferrado a la deriva, no sólo la gente de mar sabe de vientos. Hay un sentir común, un conocimiento acaso ancestral que autoriza a cualquier gaditano a nombrarlos a poco que asomen por las murallas o alboroten las primeras olas. Y aunque nombrarlos no significa necesariamente descifrar con tino su origen y trayectoria, porque para eso es preciso saber mirar de frente a los cuatro puntos cardinales ("A Oriente, ¿por dónde se va a Oriente?"), o averiguar de dónde vienen exactamente los soplos maridados, con su caprichoso rolar ("Noroeste, noroeste... ¿por dónde queda el susodicho?"), sin embargo en ese nombrarlos reside toda su ciencia. Y es que vivir aventados tiene esa ventaja: Eolo será lo que quieran en Cádiz que sea.

(Mientras concluyo esta entrada, arrecia el Poniente contra las ventanas.)

8 comentarios:

Mery dijo...

Lo que no sepa un gaditano de los vientos no lo sabe nadie.
Aquí, en los madriles, hoy vamos bien surtidos también, será que nos habéis dado envidia.

Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

"Poniente... ¿de dónde viene el poniente?"

Un saludo.

Triana dijo...

A buena parte si no!... lo que no sepan los gaditanos del viento, y en estos días, me temo que son para hacer una tesis doctoral, en Sevilla casi volamos hoy.
Magnifico Antonio.

Un abrazo.

Olga B. dijo...

Pues lo que no sepan los gaditanos del viento, que será poca cosa:-)que se lo pregunten a los de la depresión del Ebro. Aquí es más bien el cierzo el que nos aclara por dónde queda el susodicho noroeste.

Cuídate del poniente, que el viento te de siempre a la espalda:-)
Un beso, Antonio, sabes que me encanta el tema.

Isabel Romana dijo...

Hemos coincidido con el tema.¿No dicen que el aire de Cádiz vuelve loca a la gente? Besitos, buen fin de semana.

bambu222 dijo...

Hoy, sopla levante,el viento seco caluroso y perturbador que odio con todas mis fuerzas. Ojalá cambie
pronto a poniente.Abrazo levantino.

Antonio Azuaga dijo...

En Madrid las inclemencias del tiempo se conocen por los atascos, que es saber poco afinado. Que llueve, atasco; que nieva, atasco; que el viento se cabrea, atasco… Algo le ha hecho Telefónica a Eolo que ayer desató su ira contra un anuncio suyo, lo que provocó el corte de la N-II a la entrada de la “urbe”. El resultado, atasco.

A mí lo que me preocupa es vivir en una ciudad que se atasca en cuanto algo la contraría. Y que, frente a la vuestra, nuestra sabiduría sea tan uniforme y aburrida.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Buena entrada, Antonio. Ya lo dijo el poeta anónimo: "voz del pueblo, voz del cielo." (Ahora que lo he escrito, dudo de la segunda parte, de la palabra "cielo", pero bueno, seguro que conoces el dicho.) Paso los veranos en tierra ventosa: Aragón, el cierzo, Llançà, la tramontana. Ambos pueden alterar, cuando soplan desbocados, las neuronas de cualquiera. Un abrazo, Javier.