lunes, 30 de marzo de 2009

Historias de Ventura (6): calor solidario


Después del merecido encierro, Ventura sale tan escopetado a la calle, que tropieza varias veces con su sombra, aunque logra mantener el claroscuro equilibrio a que aspiran los cuerpos verticales. Y helo aquí de nuevo deambulando sin rumbo cierto. Algo parece llamar su atención en un cartel que cuelga en la puerta de un local. Ventura, en cuyo cerebro todavía faltan algunos ajustes, sobre todo en lo tocante a criterios y decisiones personales, cruza el umbral atraído por el murmullo que proviene del fondo. El conferenciante acaba de concluir y el público aplaude con vehemencia. Ventura se deja llevar por ese extraño calor solidario que emana de los rituales colectivos, en los que, aunque no se conozca a nadie, uno se siente parte felizmente integrante, y comienza a aplaudir. Al percatarse de la presencia del extraño, un hombre se le acerca sonriente, lo acoge con palmaditas en la espalda y lo conduce hasta la primera fila. Todas las miradas escrutan a Ventura en un estallido de cientos, miles de aplausos. Una mujer hermosa hurga en sus bolsillos en busca de la cartera, mientras otra le explica, en un lenguaje que el cerebro de Ventura no logra decodificar, la importancia de rubricar el documento de ingreso en el grupo. Como narrador de esta historia y responsable de la criatura, tengo tentaciones de sacarlo del atolladero, porque el pobre diablo vuelve a estar en peligro, pero esta vez dejaremos que salga solo, a ver si espabila.
Continuará...

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