sábado, 7 de febrero de 2009

Tarde de paseo


A veces, en las tardes prometedoras, se pinta las pestañas y hermosea sus pómulos con coloretes. Luego pasea sus piernas de alambre contoneando las caderas. Sabe que la están mirando, que cada movimiento suyo altera la sustancia del aire, y por eso pisa tan sutilmente la tierra. Cuando se acerca y abre el negro pozo de sus ojos, las mujeres se tocan instintivamente los collares, mientras ella se relame con su lengua de culebrilla.



(Hoy hemos visitado el zoo de Jerez. Lástima que no le pregunté el nombre.
Llamémosla Dorotea. Fotografía: Silenos)

5 comentarios:

Octavio dijo...

Las mujeres son así de presumidas, sea cual sea la especie a la que pertenezcan.
En esta ocasión, la foto lo deja todo demasiado evidente desde el principio...

sergio astorga dijo...

Antonio, esta Dorotea espejo altivo de vanidades, espero que no termine como la otra, sola y en convento.
Saludos.
Sergio Astorga

Mery dijo...

Jo, con esta hembra de piernas tan largas y pestañas kilométricas ¿quién puede competir?
Yo me rindo, desde luego.

Feliz domingo

Antonio Azuaga dijo...

Acertadísima entrada: demuestra que la coquetería no es un invento humano, sino la justificada y natural satisfacción de la belleza.

Un saludo.

Triana dijo...

Yo me uno a Mery y desisto de intentarlo, piernas y ojazo, nada que hacer.

Un abrazo Antonio.