lunes, 2 de febrero de 2009

Seis cervezas


Ha dejado el coche en doble fila, con las luces de avería parpadeando, y ha entrado en el supermercado para comprar seis cervezas de lata frías. "Señorita, ¿dónde tienen las cervezas de lata frías?" Sólo hay dos cajeras, porque es un supermercado pequeño, de esos de barrio, y ninguna de las dos responde a su pregunta. Una anda atareada con la cuenta de un cliente que no cuadra; la otra, con el terminal de tarjetas bancarias, que maldita la gracia que le hace la maquinita. "Por favor, ¿dónde están las cervezas de lata? " Esta vez no ha dicho frías, no porque no las quiera frías, sino por las prisas, no sea que los municipales vean el coche y le pongan una multa; o, lo que es peor, que en un santiamén se lo lleve la grúa municipal, que fama tiene de llevarse los coches en un abrir y cerrar de ojos. Una de las cajeras deja la cola de clientes y se pierde en el interior del establecimiento. La otra se impacienta cada vez más ante la maquinita. "Oiga, por favor, ¿dónde puedo encontrar las cervezas?" Ahora no ha añadido ni de lata ni frías, no porque no las quiera de lata y frías, sino por abreviar aún más. Podría buscarlas él mismo, pero seguro que perdería mucho más tiempo. Y el coche sigue en doble fila. Reúne nuevas fuerzas. "Por favor, señorita, ¿dónde están?" En esta ocasión ha omitido cervezas, de lata y frías, no porque no quiera cervezas de lata y frías, sino porque, después de varios intentos, da por hecho que ya todo el mundo sabe lo que quiere. Sin embargo, ni siquiera los clientes que aguardan en la cola tienen la gentileza de ayudarle, y seguro que alguno habrá que sepa dónde están las malditas cervezas. "Por favor". Ya no pide nada; se limita a acompañar ese por favor con el balanceo de las manos. Y, por fin, el pobre mudo vuelve a ser visible.

Antonio Serrano Cueto

10 comentarios:

Antonio Cardiel dijo...

Me han entrado ganas de tomarme, en silencio, una lata bien fría de cerveza.
Un abrazo y felicidades por tu relato.

Olga B. dijo...

A mí me han entrado ganas de ponerme a gritar, es que los supermercados me desesperan mucho, como sabes.
Felicidades, Antonio.

adu1 dijo...

Genial. Voy a ver si todavía tengo el coche ahí fuera.
Abrazos

Mery dijo...

No serías tu el del coche ¿verdad? Sí o no, felicidades por el relato.
Qué vida ésta, a rebosar de nervios, prisas y miedos.
Un abrazo

Antonio Serrano Cueto dijo...

No, Mery, no soy yo, pero poco después de escribir el micro entré en el supermercado de mi barrio y en la cola de la caja me topé con un chico que llevaba seis latas de cruzcampo. Era toda su compra. Cuando me repuse del susto, busqué un coche en la puerta, pero, por fortuna, no había. Me hubiese dado un infarto. Qué cosas.

Antonio Azuaga dijo...

Dos razones por las que me ha conmocionado la entrada:

1. Soy bebedor compulsivo de cerveza; lo que, a Dios gracias, no condiciona mi tipología física ni psíquica (de momento al menos). Con esto quiero decir que las “seis” y su incomprendida audiencia me parecen motivo suficiente para la desesperación del personaje.

2. Tristísimo: la conclusión es que la “palabra” actualmente no sirve para nada. Lo que además es verdad.

Un abrazo.

Octavio dijo...

Fantástico relato que cobra su sentido en la última frase. Enhorabuena.

Triana dijo...

Pues si, viendo esa lata de "nuestra" cerveza, a mi tambien me han dado ganas de beberme una, pero resisto, yo tambien les hubiera gritado, como Olga, mi impulsividad me ha dado más de un disjusto.
El micro fantástico, para no variar, y que fuerte el trasfondo.

Un abrazo fuerte.

Mega dijo...

¡Fantástico! A medida que el pobre mudo abreviaba la frase, alargándola con sus explicaciones el narrador, mi impaciencia iba en aumento... Así que conseguiste que nos sintiéramos todos igual de mudos...

Beso

Raúl dijo...

El texto causa estrés al lector. Entiéndaseme bien; tensión incontrolada. Muy bueno.