viernes, 13 de febrero de 2009

Bajo el azul


Bajo el azul cruzado de cordeles,
a lomos de la brisa va creciendo
una canción doliente. ¡Qué remotos
penares en los labios de mi madre!
Marineros tatuados, vespertinos
jinetes, melancólicos pintores
ocultos en armónica porfía
en la albura secreta de las sábanas.
Terminada la copla, ¡qué regusto
de pena en la garganta dolorida!
¡Y qué efluvio de aromas inmortales
-cuajada con polvillos de jengibre-
desprendía su cuerpo enmudecido
bajo el azul cruzado de cordeles!

3 comentarios:

Olga B. dijo...

Ay, esas madres cantando mientras tendían ropa. Y qué historias las de las coplas, "él vino en un barco de nombre extranjero...", "cuando se quiere de veras, el miedo es tu carcelero..." y ese rojo, rojo clavel que es mi himno personal e intransferible (no sé qué pensarán mis hijos de mis versiones:-)
Sí, qué regusto de pena en la garganta dolorida. Y qué bien lo trae tu poema.
Un beso, Antonio.

Mery dijo...

Qué bellos versos de añoranza.
¿Dónde están esos hogares de madres canarinas planchando, guisando, tendiendo...?
Yo ya no las oigo, y tus palabras me han traído una dulce melancolía.
Precioso poema.
Un beso

Antonio Azuaga dijo...

El poema, en efecto, es, formalmente hablando, una delicia; pero además circula entre sus versos un latido de cosas pequeñas y comunes que, sin embargo, son de una humanidad extraordinaria.

Felicidades.