lunes, 9 de febrero de 2009

El semáforo


De la mano de su padre, el niño espera en el semáforo. Muñeco rojo, no pasar. Muñeco verde, sí pasar. Le gusta ver cómo el muñeco verde acelera el paso paulatinamente a medida que transcurren los treinta segundos y, sobre todo, cómo corre en los últimos cuatro. Ahí empieza la carrera, y el niño siempre gana entre risas al muñeco verde. Ocurre al menos dos veces al día, en el trayecto de ida y vuelta de la guardería, y no pasa de ser un juego inocente. Pero el muñeco verde no perdona. Medio siglo después una furgoneta le ayudará en la revancha.

Antonio Serrano Cueto

9 comentarios:

Mery dijo...

Tienes una inventiva y un arte que no se pué aguantar.
El tan inocente y generoso muñeco verde resulta ser un retorcido de cuidado. Qué buen relato.
Un abrazo

Herman dijo...

Excelente, Antonio. La venganza de las máquinas. En lo sucesivo, no creo que logre mirar con buenos ojos a esos "inocentes" muñequitos de los semáforos. Un abrazo.

Mega dijo...

De lo que no me cabe duda es de que el semáforo verde, casi verde, tenía un alma negra, negrísima...
Beso

adu1 dijo...

Verde que te quiero verde.
Aunque ¿quién se toma la revancha? ¡La tierna infancia!

Olga B. dijo...

¿Lo has cambiado o lo he soñado? Era inquietante y ahora es terrible. Un microrrelato de terror. Cómo escapar de los muñecos verdes, si están por todas partes. Qué deuda de juego nos esperará y en qué día.
Ay, si Poe hubiera vivido entre semáforos...
Felicidades, Antonio.

LUISA M. dijo...

Buenísimo el relato. Felicidades.
¡Tan inocente que parecía el jueguecito! ¡Qué rencoroso! Guardársela durante tantos años... Como para fiarse de las máquinas...
En adelante, tendré cuidado de no retar al muñeco verde, por si las moscas...
Besos.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias, amigos. En efecto, las máquinas son el mayor peligro con el que nos enfrentamos. Y un simple muñequito que se gana el afecto de los niños puede ser un demonio en espera de una oportunidad. Y sí, Olga, modifiqué el final pocos minutos después de haberlo colgado. Me sorprende que en ese intervalo ya lo hubieses leído. Abrazos.

Triana dijo...

Ahora cada vez que vea al muñeco verde que acelera el paso a medida que cruzamos, miraré bien a los lados, no sea que...

Magnifico Antonio.

Un abrazo

fco. javier dijo...

Otro relato fascinante. Me temo que voy a mirarme con otros ojos los semáforos... es probable, incluso, me vea tentado a no respetarlos.