
Antón Castro publica en su blog dos microrrelatos míos inéditos. Gracias, Antón. Los dejo aquí también.
LADRONES DE MIRADAS
En el andén del metro F. y N. se buscan las miradas. F. encuentra la mirada de nieve de ella, la atrapa y la encierra en un cofre bajo dos vueltas de llave. N. encuentra la mirada de fuego de él, la atrae y la encierra en una habitación oscura, tenuemente iluminada por el ojo de un ventanuco. Allí la somete a un arduo interrogatorio y, quemándose los párpados, recorre el historial de la visión de F. para descubrir dónde puso la llave.
PEDRO LAPSO Y LA FUERZA GRAVITATORIA
En la víspera del nacimiento de su primer hijo, a Pedro Lapso se le cayeron varios objetos de las manos. Los más eran menudencias recuperables y su caída no produjo ningún quebranto. Sin embargo, otros eran objetos valiosos que estallaban con estrépito y pasmo. Era como si la fuerza gravitatoria se hubiese empeñado en demostrarle su omnipresencia. Asustado y temiendo males mayores con el niño, Pedro Lapso se amputó los brazos. Por eso no pudo evitar, aun estando a su lado, que a su mujer se le escurriese el bebé.
LADRONES DE MIRADAS
En el andén del metro F. y N. se buscan las miradas. F. encuentra la mirada de nieve de ella, la atrapa y la encierra en un cofre bajo dos vueltas de llave. N. encuentra la mirada de fuego de él, la atrae y la encierra en una habitación oscura, tenuemente iluminada por el ojo de un ventanuco. Allí la somete a un arduo interrogatorio y, quemándose los párpados, recorre el historial de la visión de F. para descubrir dónde puso la llave.
PEDRO LAPSO Y LA FUERZA GRAVITATORIA
En la víspera del nacimiento de su primer hijo, a Pedro Lapso se le cayeron varios objetos de las manos. Los más eran menudencias recuperables y su caída no produjo ningún quebranto. Sin embargo, otros eran objetos valiosos que estallaban con estrépito y pasmo. Era como si la fuerza gravitatoria se hubiese empeñado en demostrarle su omnipresencia. Asustado y temiendo males mayores con el niño, Pedro Lapso se amputó los brazos. Por eso no pudo evitar, aun estando a su lado, que a su mujer se le escurriese el bebé.
11 comentarios:
Buenos ambos, Antonio; me quedo con el segundo: lo inevitable pasa siempre, por mucho que nos empeñemos en evitarlo.
Realmente son buenos. Muy especiales diría yo.
Un saludo,
Marta Navarro
Como de costumbre, dos minificciones encantadoras. Tienes que armar un libro con tus historias. Un abrazo
Yo también me quedo con el segundo, Antonio, tiene mucha fuerza. Aunque no hay crimen, sino amputación violenta y algo absurda que parece desencadenar la tragedia, que sólo se intuye en el final, me recuerda el mundo del humor negro de los crímenes maxaubianos. Excelentes.
Eres un maestro de la brevedad en lo excelente. No elijo ninguno porque, de manera diferente, me inquietan y sorprenden igualmente los dos. ¡Y todo eso en unos pocos renglones!
Un abrazo.
Bordados como acostumbras. Me encanta el segundo, lo fatal y nuestros miedos crean extraños textos.
Un beso, Antonio.
Cada uno con su moraleja, tal como acostumbras; con mucha belleza, tal como acosumbras.
Un abrazo
Desde luego, el microrrelato es un campo en el que descuellas y sorprendes siempre. Me ha gustado especialmente el segundo, por su dimensión dramática: a veces tomamos decisiones de las cuales nos habremos de arrepentir toda la vida. Saludos cordiales.
Muy buenos los dos, coincido con la mayoría, la fuerza del segundo es enorme.
Me sumo a la petición de Lauren, sería fantastico.
Un abrazo Antonio.
Te mando un saludo.
Me pareces una artista.
Gracias, amigos, por vuestras amables palabras. Lauren y Triana, en ello estoy, pero bien sabéis lo difícil que es que encontrar un hueco en el mundo editorial. Veridiana, bienvenida a este baile.
Un abrazo.
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