viernes, 23 de enero de 2009

Espionaje madrileño y César Borgia


El supuesto espionaje en el PP madrileño (otra perla dorada de la política española) me trae al recuerdo de nuevo la imagen de César Borgia. Como hace dos años publiqué un artículo sobre este personaje con ocasión del quinto centenario de su muerte, lo dejo aquí para los lectores de los silenos. Hay referencias a pesonajes y hechos que han quedado anticuadas, pero el "espíritu" del artículo (y del personaje) siguen lamentablemente vivos.


César Borgia, quinientos años después

En la madrugada del 12 de marzo de 1507 las gélidas tierras de Navarra fueron escenario de la muerte de uno de los personajes más controvertidos de la historia moderna de España: César Borgia. De haber estado en sus manos, el duque de Valentinois (il Valentino para los italianos) hubiese demorado tres días más el fatal desenlace, para morir en los idus de marzo, en sintonía con su admirado Julio César. Sin embargo, para convertirse en leyenda el implacable condottiero que inspiró El Príncipe de Maquiavelo no necesitaba de tales convergencias astrales. Prueba de ello es que la ciudad de Viana, donde reposan sus restos bajo una lápida a la intemperie, frente a la puerta de la iglesia de Santa María, se apresta a celebrar en su memoria un fastuoso «V Centenario: 1507-2007». Los Borgia, qué duda cabe, están de moda. Quienes reclaman desde hace tiempo la rehabilitación del hijo del papa Alejandro VI han visto el terreno abonado por el interés que esta conspicua familia (crisol de tantas perversiones) ha despertado en las llamadas novelas históricas y en algunas meritorias biografías (léase, por ejemplo, Lucrecia Borgia, de Sarah Bradford), así como en la digna película Los Borgia, de Antonio Hernández. Pero, ¿merece César Borgia semejante conmemoración? Opiniones hay en pro y en contra. Nombrado capitán general de los ejércitos pontificios, fue sin duda un soldado valiente (y hasta un joven cautivador, según los cronistas de la época), y en Viana hay quienes lo estiman héroe nacional, pues combatió al lado del rey de Navarra, Juan de Albret, su cuñado, contra el rebelde conde de Lerín. Pero cuesta casar esa imagen de evocaciones épicas con la del hombre artero, envuelto en intrigas dinásticas y políticas en las que menudeaban los envenenamientos, las traiciones y las venganzas. Igual que cuesta casarla con la del joven abandonado al adulterio, el incesto y las orgías palaciegas, sin que su condición de purpurado (bien que fue cardenal por insistencia de su padre, no por vocación) infligiese en su carácter el menor atisbo de prudencia y contención.
Ahora bien, ¿fue César Borgia un hombre atípico en su época? Es posible que así sea por la suma de tantos relieves ―luminosos y sombríos― en una personalidad que no pudieron pulir los años, pues murió recién estrenada la treintena. Pero si se examinan por separado, César Borgia fue un hombre de su tiempo, no diferente de otros miembros de familias poderosas de la Italia quinientista, igualmente curtidas en el arte de acumular y preservar el poder aniquilando a todo contrincante. Como los Médicis, enfrentados a los Pazzi en Florencia, y los Colonna, en liza constante con los Orsini en Roma. En cuanto a sus desmanes sexuales, era el vivo retrato de Alejandro VI, adúltero consumado, padre de varios hijos ilegítimos, copartícipe de sonadas orgías en las estancias del Vaticano y también sospechoso de incesto por amor de la bella Lucrecia. Tampoco ha de extrañar el maridaje de la espada y la púrpura cardenalicia. Baste recordar a Julio II, el llamado papa guerrero, a quien Erasmo, pacifista adelantado a su tiempo, consideró indigno de entrar en el cielo en su célebre ensayo Julio excluido del cielo.
Quinientos años después, la semilla de César Borgia ha germinado por doquiera. En las calles de Rusia y Turquía las pistolas acallan las voces críticas de los periodistas Anna Politkóvskaya y Hrant Dink. Las ponzoñas de otro tiempo son reemplazadas por nuevos venenos, como la digoxina y el polonio 210, tan terroríficamente efectivos en los cuerpos del opositor Victor Yuschenko y el ex espía Alexander Litvinenko. La Iglesia, por su parte, no logra amputar todos sus miembros libidinosos y el estigma de la pederastia aflora de vez en vez. Manzanas podridas. Como los Borgia. Pero en pocos lugares como en España hacemos tanto alarde de «memoria histórica». Aquí rememoramos el lema de Il Valentino, «César o nada», y lo mudamos en una fórmula más pedestre, pero de idéntica doctrina: «O estás conmigo o estás contra mí». Axioma de palmaria actualidad en los ámbitos donde se ejerce el poder, por pequeño que sea. Es notorio en la política nacional, en la autonómica y en la local, pero no menos en la vida empresarial y en la vida universitaria. Sólo que las armas y los venenos son, por ahora, de otra índole: la manipulación, la injuria y el desprestigio. En la España de hoy, admirado Muñoz Molina, el «estado de delirio» es deudor de César Borgia, quien merecería no el homenaje local de Viana, sino el de toda la nación española.

(Retrato de César Borgia, atribuido a Giorgione, ca. 1477-1510)

6 comentarios:

Mery dijo...

Es bien cierto lo que dices, han mudado los venenos y las armas, pero no las bajas pasiones que los manejan. En política, en las Artes (esto es bastante doloroso y paradógico) en la vida cotidiana, tenemos muestras sobradas de ello.

Difiero en una cosilla de menor importancia: la película Los Borgia, de A.Hernández, me resultó casi insoportable.
Un abrazo, Antonio. Siempre es interesante leerte.

sergio astorga dijo...

Antonio, como piezas de ajedrés o damas chinas, puedes colocar al personaje de tu preferencia, local o mundial, y el espíritu del pesonaje sigue cabalgando, la diferencia es que ahora estamos mas enterados de los usos y abusos del poder y los silencios ya pueden bailar.
Un abrazo renacentista.
Sergio Astorga

Olga B. dijo...

"La semilla de César Borgia" es una forma muy poética de decirlo.
Un saludo, Antonio.

Tomás Rodríguez dijo...

Me encantó esta entrada, Antonio. Aprovecho para mandarte saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Antonio Serrano Cueto dijo...

Mery, cierto que la película no es memorable, pero yo acababa de leer el libro de Bradford cuando la vi y me pareció simplemente "digna". Sergio y Olga, gracias por vuestras habituales visitas y comentarios. Tomás, bienvenido de nuevo. Sigo leyendo tu Trópico, aunque últimamente no te he dejado comentarios. Abrazos.

Rafael del Barco Carreras dijo...

No es necesario acudir a Cesar Borgia...

RUIZ-GALLARDÓN O NARCÍS SERRA



Rafael del Barco Carreras



1979-2009. Que un funcionario, Narcís Serra, o político, Gallardón, tras conquistar una superalcaldía, monten su particular guardia pretoriana, y desde luego su corte privada, no es nuevo… se diría que es eterno. Y comparo a los dos por su antagonismo político ¿¿??, que no va más allá de envolver su desaforada ambición de Poder con florituras demagógicas aprovechando las tendencias de los votantes, y ¡curiosidad añadida! los dos pertenecen a la selecta alta clase político-social del Franquismo. La diferencia en lo de la “guardia pretoriana” radica que Narcís Serra la anunció a bombo y platillo. Había montado un selecto grupo de la Guardia Urbana, ¡Guardia Urbana!, para investigar sobre el desfalco del Consorcio de la Zona Franca. El futuro demostraría su afición al espionaje, ¿para chantajear? Y si el Grupo de Estafas de la Jefatura Superior de Policía de Vía Layetana se inventó unos culpables, que por lo demás le venían impuestos “desde arriba”, sin que aportara al sumario las cuentas del Banco Garriga Nogués, ni menos la censura de cuentas del Ministerio de Hacienda, o sea, apenas aportó NADA, la Guardia Urbana, menos de menos… pero ¡cuidado!... si el segundo de Vía Layetana acabó contratado por el Bufete Piqué Vidal (abogado o "colega" de Javier de la Rosa), y el juez que decretó mi prisión en uno de sus pisos de lujo… los “socialistas” de Serra obtuvieron miles de millones del Banco Garriga y su máximo ejecutivo Javier de la Rosa. Ver www.lagrancorrupcion.com

Cambian los tiempos, treinta años de diferencia… hasta las frases y demagogia política, y si en 1979 la culpa de todo desaguisado la tenía Franco, ahora, de la PROFUNDA CRISIS, del CORRUPTO CRACK FINANCIERO INMOVILIARIO ESPAÑOL, los americanos… pero la raíz, la misma… corrupción, ambición, Poder y Dinero…