martes, 27 de enero de 2009

El microrrelato, la fábula y el epigrama


Empecemos dejando claro que no soy especialista en narrativa española, por lo que con esta entrada no pretendo otra cosa que compartir con los lectores de este blog una simple reflexión, alentada por las discusiones que los hispanistas mantienen en relación con el microrrelato (o "minificción", según lo llaman ultramar). Así pues, lejos de querer, a estas alturas, descubrir el Mediterráneo, prefiero seguir navegando por sus aguas, a veces tan procelosas.

Lee uno en la red que Orlando Van Bredam afirma que "Esopo ya escribía microrrelatos", y se queda tan pancho (Orlando, no uno). Que el microrrelato tiene entre sus parientes cercanos a la fábula de tradición clásica parece obvio, pero cualquier lector de fábulas avezado sabe que no son lo mismo. ¿Qué comparten, pues? Si bien no siempre encontramos fábulas de Esopo, Fedro y Aviano (por citar sólo a los autores de mayor peso en la tradición occidental) que contengan ese grado de tensión que es consustancial al microrrelato, ambos participan de la brevitas (marca retórica en el caso de la fábula) y, como consecuencia de la misma, del comienzo in medias res. Otros aspectos habituales de la fábula, como el uso del diálogo y el carácter paradigmático de los animales (la zorra o el mono son trasunto de actitudes del hombre) no siempre se hallan en los microrrelatos, si bien de la indefinición o anonimato de muchos de sus personajes ("un hombre", "una mujer") se puede colegir un valor universal. Por otra parte, que haya microrrelatos que son recreaciones de fábulas, como el célebre "La tortuga y Aquiles" de Monterroso, sólo indica que la literatura se nutre de literatura.
En cuanto al epigrama, si se recuerda la definición de Juan de Iriarte (1702-1771), es fácil ver que el microrrelato comparte algunos rasgos:

A la abeja semejante,
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante.

De nuevo brevitas, a la que se añade "dulzura" o deleite, tan necesario en un microrrelato, dado su corto vuelo, y exigible a cualquier texto literario. Finalmente su naturaleza "punzante". Sin duda ésta es una de las características esenciales del microrrelato: su final sorpresivo, inquietante, una suerte de picazón que deja aguijoneado al lector.
Así pues, el microrrelato utiliza mecanismos de expresión semejantes a los empleados en la fábula y el epigrama, pero que también están presentes en otras formas literarias o didácticas (aforismos, bestiarios, emblemas, etc.)
Terminemos estos apuntes con la lectura breve, deleitosa y punzante de dos epigramas de Marcial:

Todo lo que me pides, perverso Cina, dices que es nada:
si nada me pides, Cina, nada te niego. (III 61)


Artemidoro tiene un querido, pero ha vendido su campo;
Caliodoro tiene un campo en vez de un querido.
Dime, Aucto, cuál de los dos ha actuado mejor:
Artemidoro ama, Caliodoro ara. (IX 21)

12 comentarios:

Mery dijo...

Creo que esta aclaración es justa y necesaria, máxime cuando está hecha con sentido estricto y ejemplos evidentes.
Así que por mi parte, amén.
Un abrazo

Fernando Valls dijo...

Totalmente de acuerdo, Antonio. No hace falta ser hispanista, sólo tener sentido común y ganas de pensar.
El microrrealto es un género de la modernidad y surge en la segunda mitad del XIX, en la estela del cuento literario moderno. Ayer leía un trabajo disparatado donde se decía que el origen está en unas tablillas sumerias, 3.500 años antes de Jesucristo. El que sólo fueran unos fragmentos, los restos de un texto mayor, no arredraba al autor de la tesis.
En Hispanoamérica, por otra parte, se utilizan varios nombres, no sólo minificción, también, y no menos, microrrelato.

Fernando Valls dijo...

Se me olvidaba decir que, por lo demás, Van Bredam es un buen autor de microrrelatos.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Buena entrada, Antonio. ¡Hay que ver el debate que genera todo esto! En el blog de Fernando Valls una entrada sobre lo que debe o no ser un microrrelato generó más de veintitantos comentarios. Esta tuya, sobre lúcida, es muy aclaratoria. Aporto aquí mi pequeña experiencia al respecto. Cuando en 2003 edité los aforismos de Max Aub, tuve que pararme a reflexionar acerca de si los "Crímenes ejemplares" debían ser tomados (algunos de ellos) como aforismos o no. La conclusión se puede ver en la edición que hizo Edhasa de esos textos: no hay en ella ni un sólo "crimen ejemplar", porque todos ellos cumplían la condición imprescindible para ser microrrelatos: contaban una historia. Puse entonces como ejemplo el más breve de ellos (me refiero a los "crímenes"): "Lo maté porque era de Vinaroz" y me detuve a explicar los rasgos narrativos del mismo. El microrrelato (sobre todo por la segunda parte del compuesto) debe "relatar", esto es, contar una historia, todo lo fragmentaria y elíptica que se quiera, pero narrar a fin de cuentas. ¡Qué lío! Un abrazo, Javier.

Anónimo dijo...

Interesante tu artículo y muy acertados los ejemplos. En América (aunque de esto hace unos años que lo supe y tal vez ya no sea así) también se le llama short-short storie o ficción súbita.
Un abrazo
Norberto Luis Romero

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Todos los géneros que nombras comparten, en efecto, la brevedad. La fábula y el micro son, además, narraciones. Es imprescindible para el microrrelato que haya una acción, por muy pequeña que sea (el ejemplo que ha puesto Javier Quiñones es el que le pongo yo a mis alumnos). De lo contrario, ya etaríamos ante un aforismo, una greguería o un periquete incluso. La fábula suele tener un fin más o menos moralizante del que carece el microrrelato. Además, este suele ser más breve. Y casi podríamos decir que cuantos más elementos narrativos haya en ausencia, mejor.
En fin, apasionante debate.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Juan Antonio, totalmente de acuerdo con tus apreciaciones. Visto lo visto, sobre todo después de leer el libro de Fernando, las cosas están más claras, al menos para algunos, de lo que parece; ¿no será, me pregunto a bote pronto, que la confusión viene de la terminología? ¿no podría ser también que procediera de la resistencia que se tiene a los géneros en este nuestro tiempo, y más aún al "nacimiento" de un nuevo? Quede aquí el interrogante. Un abrazo, Javier.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Javier, creo que hay algo de eso. Me recuerda al desprecio que en el s. XVI sentían muchos hombres de letras por los refranes (no así por los adagios griegos, latinos o hebreos, que eran tenidos por cultos), que consideraban "primorcicos de lengua vulgar". Quizás la resistencia ante este género radique en que su brevedad (a veces excesiva) lo convierte, a los ojos de muchos escritores y críticos, en una composición menor con la que cualquiera "puede sentirse escritor". Y esta "democratización" de la narrativa no está mal, pero luego habrá que ver qué textos tienen calidad literaria y qué otros son, simplemente, un ejercicio sin más de escritura. Gracias por vuestra participación.

Olga B. dijo...

Esclarecedora la entrada y los comentarios. Esos desprecios suenan muy absurdos, sólo son teoría. Lo importante de un texto, para mí, es que me guste, no tanto que sea largo o corto. Por tendencia personal o por las circunstancias, como lector o escritor, uno puede inclinarse hacia una medida u otra y utilizar con la pericia a su alcance las posibilidades y las servidumbres de la extensión elegida.
Creo que para una entrada de blog son muy adecuados. A mí no me salen, todos se me alargan... es una pena:-) Pero tú los bordas.
Un beso, Antonio.

sergio astorga dijo...

Antonio, después de leer tu entrada y los comentarios correspondientes y con la tranquilidad de toro pasado, coincido, lo que no importa, con la conclusión de tu último comentario, cierras con broche sagaz este baile.
Abrazos.
Sergio Astorga

Fernando Valls dijo...

Da gusto leer a gente juiciosa, con tanto disparatado como anda suelto.

Lola Mariné dijo...

Llego a este blog desde el de Sergio Astorga, y también porque había oído tu nombre en El Basar; por cierto, enhorabuena por ser uno de los finalistas.
Tu entrada me ha parecido muy interesante.
Un saludo.