
Era una delicia para los sentidos, sobre todo para la vista. Sin embargo, allí seguía, dentro de la vitrina, aislado del resto como si estuviese en dulce cuarentena, mientras los demás engolosinaban las miradas y salían uno tras otro a cambio de una moneda. Cuando se quedó solo, niños y mayores pasaban por delante señalándolo con el dedo y haciendo quién sabe qué comentarios, pero nadie sentía la más mínima compasión. Él sabía el triste final que le esperaba. Con lo orgulloso que estaba de ser el primer pastel sin azúcar de la historia.
Antonio Serrano Cueto
Antonio Serrano Cueto
(Imagen: Elafonisi, Creta. Fuente: Silenos)
11 comentarios:
En cuanto se corran las voces entre la comunidad femenina, ese pastel no dura vivo mas de dos segundos.
Esta amarga soledad es un dulce para la literatura, D.Antonio.
Un abrazo
Es verdad, qué triste ser un pastel sin azúcar. ¿Quien lo ideó y amasó no pudo darse cuenta de la amarga existencia que le deparaba a su criatura?
Antonio, sin calorías, pero con una rotunda percepción a la discriminación. Lo diferente, la mayoría de las veces, por no decir siempre, es apartado, segregado.
Estupendo.
Un abrazo calórico.
Sergio Astorga
Soy goloso y, sin embargo, me quedo con esa “soledad”. El paladar es un sentido burdo que necesita el cuerpo a cuerpo. La mirada, por el contrario, exige la distancia. Como la inteligencia frente a la realidad.
Enhorabuena y un abrazo.
Muy ingeniosa idea: un dulce cuyo destino es amargo. Abrazos, Antonio.
Es que un pastel sin azúcar... y entre pasteles bien azucarados.
Poner a los pasteles a sentir orgullo o a tener conciencia de su final es no tener compasión con ellos, Antonio:-)
Enhorabuena.
¿Elafosini te parece un pastel solitario sobre la vitrina del mar?
A mí me pareció una delicia de entrada, de las que me hicieron volver.
Saludos.
Gracias, amigos, por vuestros dulces comentarios. Querida Olga, Elafonisi, en el sur de Creta, es la playa más hermosa que he visto jamás (mucho mejor que las famosas cubanas, que también conozco). El color turquesa de sus aguas y arenas, que varía de tonos según el flujo del mar, es algo que no se olvida. Si puse esta foto, que hice yo mismo en 2006, fue porque quería una imagen que pudiera insinuar la soledad. Si llego a poner un pastel, amargo el final. Besos.
Me parece muy bueno. Vengo del blog de Antonio Rivero, allí junto a otro enlaces he entrado en el tuyo. La verdad, son casi todos muy buenos. He leido una entrada también de Luis Spencer sobre temas marinos muy hermosa. Espero que poder volver a este rincón con mas frecuencia. No suelo dejar comentarios, aunque visite muchos blogs. Pero esta tuya me ha gustado bastante.
Felicidades.
¡Qué bonito y "dulce" micro!
¿Qué era peor sentirse solo y apartado del resto o conocer lo que le esperaba al final? ¡Pobrecillo pastelito!
Cuando empecé a leer el texto no me imaginaba que se tratase de un pastel, me sorprendió el final, bueno, supongo que era lo que pretendías, ¿no?
¡Felicidades! escribes muy bien.
Saludos.
Exquisito micro, Antonio. Prueba de que la soledad, sólo en contadas ocasiones, tiene algo de dulzura. Un abrazo desde Buenos Aires.
Estupendo el micro, sin calorias, bueno para muchas cosas, pero muy triste para ser un pastel.
Un abrazo fuerte.
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