miércoles, 30 de abril de 2008

El repartidor

El repartidor comienza su tarea de mañana. Veinticinco kilómetros cada día. Una nimiedad si se extendiesen por carretera, pero en la ciudad se convierten en un trayecto intrincado, además de imprevisible. El repartidor se detiene en la primera parada. Sabe que aquí todo es fácil: ancha avenida y zona de carga y descarga escrupulosamente respetada. Llega a la segunda parada. Una calle estrangulada por coches en doble fila y una obra de alcantarillado permanente. Enciende las luces de avería. Abre tranquilo el portalón trasero de la furgoneta y ve de reojo cómo se le acerca por detrás el primer coche. Aún no ha entrado en la pastelería y ya suena el primer claxon. El repartidor se lo toma con calma; es su trabajo y nadie se lo facilita. Sale sin mirar hacia la fila de coches, para evitar ver las gesticulaciones y adivinar los exabruptos. El repartidor continúa hacia la tercera parada. Se demora porque esta vez son cuatro bandejas y ha de llevarlas de una en una. Se apresura a salir ante el escándalo de la fila de vehículos. Son casi las nueve y hay un colegio cerca. El repartidor mira esta vez al conductor del primer coche y se reprime para no mandarlo al cuerno. Sigue su recorrido hacia la cuarta parada con la determinación de hacer la entrega mucho más deprisa, no tanto por acabar pronto la faena, ni siquiera pensando en los bollos y pasteles, que le importan un rábano, sino porque, como cada mañana desde hace quince años, ya empieza a notar que en su estómago se arremolinan cientos de pájaros negros.

martes, 29 de abril de 2008

Poemario de Lauren Mendinueta


En el blog de Antonio Sarabia podéis encontrar un adelanto del bello poemario La vocación suspendida de Lauren Mendinueta. En el poema "Bogotá, después de una visita a Helena Iriarte" he encontrado estos dos versos excelentes:

Los nombres van por el mundo
retratando la angustia de no ser lo que nombran.

lunes, 28 de abril de 2008

La infidelidad de la escritura

"Así, todo relato o reconstrucción de algo «real», o, si se prefiere, toda transcripción de hechos, datos y acontecimientos está condenada a ser provisional y, lo que es más grave o desesperante, a ser «infiel». Por mucho que el historiador, el cronista, el memorialista, el biógrafo, el autobiógrafo o incluso el erudito se empeñen en ser «fieles» a carta cabal, su capacidad para serlo es limitada, su visión es subjetiva, su conocimiento es parcial, sus aseveraciones son transitorias, y además, al recurrir a la palabra, están echando mano, como vimos antes, de un instrumento impreciso, metafórico, siempre inexacto, obligadamente figurado, meramente sustitutivo y hasta cierto punto inservible para la tarea".

Fragmento del discurso de Javier Marías, titulado "Sobre la dificultad de contar", en su ingreso en la RAE.

domingo, 27 de abril de 2008

Hipérbole memorable


Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.

Manuel Altolaguirre

sábado, 26 de abril de 2008

Huir de Escila y caer en Caribdis

Servio escribe: «Escila fue hija de Forcis y de la ninfa Crateis. Glauco la amaba y por Glauco ardía de amor Circe. Pero, como éste prefería a Escila, Circe encolerizada infestó con venenos la fuente en la que aquella se bañaba. Cuando Escila penetró, su cuerpo sufrió varias mutaciones hasta la altura del pubis, y horrorizada por su deformidad se precipitó al mar». La invención de que sus hijos eran perros y lobos nace porque estos lugares están llenos de monstruos marinos y las asperezas del arrecife imitan allí el ladrido de los perros. Caribdis, por su parte, fue una mujer muy voraz, a la que Júpiter fulminó con un rayo porque había robado los bueyes de Hércules. Fue arrojada al mar y allí conserva su naturaleza, pues todo lo engulle. Estos monstruos se encuentran tal cual en el mar de Sicilia. Por allí es ardua la travesía para los navíos. El mismo Virgilio añade: «No haga pasar mi rumbo entre uno y otro camino de muerte apenas separados». Así pues, cuando al pasar intentan evitar uno de estos peligros, caen en el otro.
(Extracto de Polidoro Virgilio. Libro de proverbios. Fotografía: Silenos)

viernes, 25 de abril de 2008

El insólito final de G.

A mi hija Carmen
Cumplidos los setenta, G. acudió al hospital con síntomas de abatimiento prolongando. Luego de someterse a exploraciones varias, algunos médicos creyeron ver en su estómago un minúsculo parásito, si bien otros afirmaban que se trataba de una sombra. Ante la disyuntiva, se requirió la ayuda de un entomólogo y un experto en sombras estomacales. El diagnóstico fue inequívoco: G. había sido tan hijo de puta toda su vida, tan ruin con sus semejantes, que su organismo ya no podía ventilar tanta mala sangre. Pronto le sobrevendría un colapso general. G. se marchó a su casa desmadejado. Aunque siempre supo que era un hijo de puta, nunca tuvo conciencia de haberlo sido en grado sumo. Se encerró en su habitación y comenzó una huelga de hambre expiatoria. Para no distraer su atención y purgarse con mayor eficacia, se deshizo de todos los muebles y adornos de la habitación, que dejó en las cuatro paredes blancas. Se tumbó en el suelo encogido sobre sí mismo, cerró los ojos y presenció el desfile de los rostros de todas sus víctimas. Poco a poco fue cayendo en un sopor intenso, a la vez que su cuerpo comenzaba a segregar un fluido primero blanco, luego amarillo... Días más tarde el sol iluminó la estancia y la hija de G. descubrió, sin saberlo, al capullo de su padre.

Antonio Serrano Cueto

miércoles, 23 de abril de 2008

El hallazgo


3, 17, 19, 22, 31, 44. ¡No es posible! El grito se le escapó de la cerca de los dientes, como a los héroes homéricos. D. F. miró de reojo a su vecina: juraría que había respingado. Pero no, seguía dormitando ajena al hallazgo. D. F. repasó los números: 3, 17, 19, 22, 31, 44. ¿Cómo no había reparado antes en aquel boleto? Consultó su agenda y se extrañó de no encontrar en los días pasados ninguna nota del tipo Comprobar lotería o Mirar lotería. Siguió retrocediendo en el tiempo en busca de un apunte sin tachar, pues siempre tachaba lo cumplido. Finalmente lo halló. Allí estaba: Comprobar la Primitiva. No era posible que a D. F., tan diligente en su manejo de la agenda, se le hubiese escapado aquella entrada. Descubrió que era muy antigua y, en efecto, estaba íntegra. A D. F. le pareció que aquello sólo podía ser un aviso, el preludio de una vida nueva. Era evidente que la suerte lo rondaba aquella mañana cuando decidió, por matar el tiempo, hacer limpieza en la cartera. Aquel boleto parecía señalarse, atraer de forma especial su atención, en medio de la selva de papeluchos que almacenaba: billetes de tres, de autobús, recibos de compras, de cajeros automáticos, tikets de estacionamiento, tarjetas de visita, recortes de periódicos... A duras penas D. F. podía contener su alborozo. Ya se veía cruzando la puerta del banco. Sin embargo, se percató de que el boleto caducaba justo ese día, ese mismo día y no el siguiente o dos días después. Ese mismo día, 2 de marzo. Donín Fortunio (que así se llamaba estirado el nombre) se sintió indispuesto y corrió al aseo. En su cabeza se habían acomodado los seis números, 3, 17, 19, 22, 31, 44, y la certeza de una premonición. Miró por la ventanilla y creyó ver otro avión, diminuto y veloz. Aún restaban cinco horas de vuelo sobre el Océano para llegar a su destino.

Antonio Serrano Cueto

(Imagen: tiendas E-Larán)

martes, 22 de abril de 2008

Canción nupcial


¡Oh!, Himeneo, Himeneo, ven,
en casa de la novia se requiere tu presencia.
El padre sin descanso te apremia,
y te apremia el novio, vigoroso como Ares.
¡Oh!, Himeneo, Himeneo, ven,
ven con antorchas, Himeneo, que doren
las espiras de tus bucles,
siembra de luminarias el camino negro
que conduce a la casa del novio.
¡Oh!, Himeneo, Himeneo, ven,
el cortejo aguarda dispuesto tu guía,
mientras mozas casaderas tejen guirnaldas
con cánticos festivos y desvergonzados.
¡Oh!, Himeneo, Himeneo, ven,
llévala al fin hasta el tálamo florido,
donde Venus ya apareja dardos, escudos,
lances y treguas para el primer asalto.


domingo, 20 de abril de 2008

Julito el poeta

Cuando el padre de Julito se percató de que las piernas del niño comenzaban a poblarse de vello, le examinó las axilas y los genitales. Supo que había llegado la hora de cantarle las glorias de la vida castrense, y comenzó una campaña sin cuartel de iniciación militar. Pero el niño, sin saber cómo, se vio seducido por un aleteo de voces furtivas que lo acompañaba en la soledad del campo y en el bullicio de la ciudad. Sólo tenía dieciséis años cuando su padre descubrió que se había desgraciado en manos de las Musas. Hay quienes dicen que le dio tan paliza, que lo dejó sordo para la lírica. Otros afirman que Julito enderezó el camino y hoy es capitán de marinería. Yo sé de buena tinta que el niño compone lindos versos desde hace años en un blog cuyo nombre prefiero silenciar. Por el bien de su integridad y el de la República de las Letras.
Apolo y las Musas en el monte Parnaso (N. Poussin)

Maver Quarter en la Bologna ardiente

Ferragosto en Bologna. Buscando una porción de tarde respirable llegamos al parque Regina Margherita, al sur del viale Enrico Panzacchi. En medio del estanque flota un pequeño café, bajo un emparrado tupido y fragante. Cuatro músicos aparecen con sus instrumentos: un bandoneón, una flauta, una guitarra, un bajo y una batería. Un joven de veintiocho años, Carlo Maver, toma la palabra. Son Maver Quartet, un grupo de músicos boloñeses formado sólo cuatro años antes, en 1998. Comienzan a tocar y la Bologna ardiente se vuelve deliciosamente fresca bajo los acordes del jazz... Han pasado seis años y sigo escuchando Spaesaggi, el CD que les compramos aquella tarde memorable. Y sigo recordando cómo el sol respetó, muy a su pesar, aquel repentino oasis.

sábado, 19 de abril de 2008

Tríada Sabatina (1)

Un blog prehistórico, con links antropomórficos.

Pinturas rupestres en el abrigo Laja Alta
(Jimena de la Frontera, Cádiz. Fotografía: los Silenos)

* * *
Evocaciones quijotescas a poco de celebrarse el Día del Libro:

"Un juez hace frente a 366 molinos de viento" (El País, hoy mismo).

* * *
"El amor: fuego y llamas durante un año y cenizas durante treinta".

(Fabrizio Salina, en el Gatopardo, di G. T. di Lampedusa).

viernes, 18 de abril de 2008

Rigobertita

A la joven limeña que vino a Cádiz en busca de papeles y se encontró con un bulo

Hipólito Castro siempre mantuvo que su madre no vino al mundo para vender La farola en la boca del metro de Callao, que el destino había torcido los anhelos primeros de aquella niña que jugaba con el abuelo Gumersindo en las calles enlodadas del barrio limeño. Rigobertita soñaba con ser la cantante pelirroja que animaba las postales del viejo trapero. Soñaba con ser cantante antes de ser madre y antes de que el Guijo la meneara en un descampado. Hipólito Castro siempre mantuvo que su madre habría llegado a ser artista de postín, si no se hubiese cruzado en su camino el Guijo, un volatinero que se buscaba los pesos haciendo cabriolas en el aire en el barrio de san Isidro, donde gustaban mucho sus acrobacias de pobre escuchimizado. Hipólito Castro siempre mantuvo que su madre sintió compasión por sus ojos saltones de susto prematuro, y ahí, en esa pena, se le torcieron los sueños. Si vino a España fue por él, que atravesó el Océano en pos de una carrera circense y acabó partiéndose la cabeza en una plaza con niños y palmeras.

jueves, 17 de abril de 2008

Evocaciones (1): El cine de verano

Sobre la muralla norte de la ciudad, en una explanada rectangular abierta al cielo, había un cine de verano elevado sobre el mar, con la pantalla de espaldas al embate de las olas. Se accedía a la sala por un triángulo de escaleras en cuyo interior estaba la taquilla. Vendía las entradas una mujer filipina muy bajita, tan bajita, que tuvieron que hacerle una silla especial para poder mirar a los ojos de los espectadores. El cine se inauguró con una película sobre los desastres del terremoto de San Francisco. Quizás por ello esa noche el mar perdió toda compostura. Con el primer temblor de la tierra americana se levantó una brisa salina, y un fuerte olor a racimos de cangrejos recorrió el patio de butacas. Era barrunto de una ola invisible, negra como la noche, que saltó sobre la pantalla y bañó a los espectadores de las primeras filas.

La fotografía está tomada de Endrina (Educación en Riesgos Naturales).


miércoles, 16 de abril de 2008

Biografía de Cernuda

Flanqueado por Andrés Trapiello y Luis García Montero, Antonio Rivero Taravillo ha presentado hoy en la Residencia de Estudiantes el primer tomo de su biografía de Luis Cernuda, correspondiente a sus años españoles. Mis felicitaciones.

martes, 15 de abril de 2008

Morirse de otra manera (o el tránsito deseado de José Gomes Ferreira)


Hace más de veinticinco años, siendo un muchacho ávido de versos ajenos, me topé por casualidad en una librería de viejo con un libro de portada oscura y sobria, que llevaba por título Poesía portuguesa actual. Quince poetas, entre los que entonces sólo atiné a reconocer a Pessoa. Los demás nombres me eran tan extraños como atrayentes: Miguel Torga, Mario de Sa-Carneiro, Ruy Cinatti, Joaquim Namorado... Por pocos libros he sentido más cariño que por esta antología bilingüe publicada por Pilar Vázquez Cuesta una década antes, en 1976. Y pocos poemas he recordado más a menudo en estos años que el que José Gomes Ferreira (1900-1984) compuso con ocasión de la muerte de Manuela Porto. Juzgad vosotros si no desearíais marcharos así... sutilmente:

Devia morrer-se de outra maneira.
Transformarmo-nos em fumo, por exemplo.
Ou em nuvens.
Quando nos sentíssemos cansados, fartos do mesmo sol
a fingir de novo todas as manhâs,
convocaríamos os amigos mais íntimos com um cartâo de convite
para o ritual do Grande Desfazer: "Fulano de tal comunica
ao mundo que vai transformar-se em nuvem hoje
às 9 horas. Traje de passeio".
E entâo, solenemente, com passos de reter tempo,
fatos escuros, olhos de lua de cerimónia, viríamos todos asistir
a despedida.
Apertos de mâos quentes. Ternura de calafrio.
"Adeus! Adeus!"
E, pouco a pouco, devagarinho, sem sofrimento,
numa lassidâo de arrancar raízes...
(primeiro, os olhos... em seguida, os lábios... depois os cabelos...)
a carne, em vez de apodrecer, començaria a transfigurar-se
em fumo... tâo leve... tâo sutil... tâo pólen...
como aquela nuvem além (vêem?) -nesta tarde de outono
ainda tocada por um vento de lábios azuis...

Se debía morir de otra manera.
Transformarnos en humo, por ejemplo.
O en nubes.
Cuando nos sintiésemos cansados, hartos del mismo sol
fingiendo de nuevo todas las mañanas,
convocaríamos a los amigos más íntimos con una tarjeta de invitación
para el ritual del Gran Deshacerse: "Fulano de tal comunica
al mundo que va a transformarse en nube hoy
a las 9 de la mañana. Traje de calle".
Y entonces, solemnemente, con pasos de refrenar el tiempo,
traje oscuro, ojos de luna de ceremonia, vendríamos todos a asistir
a la despedida.
Cálidos apretones de manos. Ternura de escalofrío:
"¡Adiós! ¡Adiós!"
Y, poco a poco, despacio, sin sufrimiento,
en una dulce pereza de arrancar raíces...
(primero, los ojos... a continuación los labios... después el pelo...),
la carne, en vez de pudrirse, comenzaría a transformarse
en humo... tan leve... tan sutil... tan polen...
como aquella nube allá lejos (¿la veis?) en esta tarde de otoño
aún tocada por un viento de labios azules...

Traducción de P. Vázquez Cuesta. Fotografía tomada de la web Proyecto Vercial (base de datos sobre literatura portuguesa).

lunes, 14 de abril de 2008

Cuando dobles Malea, olvídate de casa


Malea es un cabo de Laconia (llamado así por el rey argivo Maleo), que penetra en el mar cinco millas. Allí el oleaje es tan bravo, que parece perseguir a los navegantes. Estacio escribe: «Y la rabia suena en torno al ronco Malea». Al otro lado del cabo, según advierte Estrabón, no era segura la navegación por causa de los vientos que soplaban de frente. De ahí nació y se difundió este adagio Cuando dobles Malea, olvídate de casa, como si ante la amenaza del peligro la suerte ya estuviera echada. Por esto a los comerciantes italianos, una vez dejada a un lado la travesía por Malea, les resultaba tan grato dirigirse a Corinto, adonde llevaban sus mercancías. (Extracto de mi traducción del Opus adagiorum de Polidoro Virgilio).

De ministras y trenes imprevisibles


Hay que reconocer que ZP es un provocador. La imagen esta mañana de Carme Chacón pasando su primera revista a las tropas con un vestidito de premamá hará historia. El machismo hispano tiene todavía reductos indomables en el ejército. Qué no se dirá por esos pagos.

***

No es novedad que pocas cosas como el teléfono tienen la extraordinaria facultad de cambiar el curso de una vida. Un acto tan simple y cotidiano como descolgar el auricular (o pulsar un botón o abrir el artefacto, en el caso de los móviles) puede tener el mismo efecto que el cambio de agujas de un tren. Y no siempre es posible desandar el nuevo trayecto emprendido. Bibiana Aído, la nueva ministra de Igualdad, sabe bien a qué me refiero. Mucha suerte, Bibiana.





domingo, 13 de abril de 2008

Estampa dominical


Debajo de las barcas apenas hay una braza de agua sobre un fondo rocoso. Con la llegada de la bajamar, el espacio se reduce paulatinamente, hasta que el leño de la quilla se asienta con suavidad en las rocas pardas y, a merced del vaivén de la marea, se inicia el baile de rozaduras y golpes contra la piedra. En la superficie sólo se percibe el balanceo final de las barcas, pero bajo el agua desde la escollera del fortín militar se puede oír el crujido de las viejas maderas. Cuando la enorme llanura de piedra emerge del todo, las barcas reposan de costado sobre el lecho seco como focas al sol de los hielos.

sábado, 12 de abril de 2008

En compañía de Van Morrison

Hoy noto cierto reposo en los blogs que suelo consultar: claro, es sábado. Yo mismo me he sentado, al final del día, con idea de enviar algunos saludos y dejar en mis Silenos un breve comentario, pero me puede la indolencia que comenzó este mediodía en torno a una jarra de cerveza bien fría y bien tirada... Mientras tanto suena en mi estudio el último CD que me han regalado: el recopilatorio Still On Top del siempre magnífico Van Morrison. Casi cuarenta canciones para disfrutar con este irlandés (ahora suena Tupelo Honey), uno de esos músicos por los que uno siente una devoción especial, una fidelidad a prueba de modas que me exige volver a él cada cierto tiempo. Hay músicos y canciones que una vez se enredaron en nuestras circunstancias personales y desde entonces forman ya parte de las evocaciones de nuestra vida. Hay otros que, sencillamente, aparecieron un buen día para quedarse, posiblemente un día anodino, sin más trascendencia. No recuerdo cuándo me ocurrió esto con Van Morrison, pero sí que traía bajo el brazo su preciosa balada Shenandoah. No pude sino abrir mi puerta de par en par.

viernes, 11 de abril de 2008

Nace una librería singular


En el blog de Fernando Valls leo que acaba de inaugurarse en Madrid (calle Vicente Ferrer, 34, junto a la Plaza 2 de mayo) una librería especializada en libros de relatos, llamada Tres rosas amarillas (Chejov-Raymond Carver). Feliz iniciativa, a la que deseo un gran éxito. Anotad una visita en vuestra agenda.

Esperanzados en la mentira


Bahía Blanca es una zona de Cádiz de celebrada nombradía entre los lugareños. Desde mi infancia la recuerdo como la antítesis de los barrios obreros, un espacio señero, aislado del común de los gaditanos, sólo apto para los pudientes. Como ha ocurrido con casi todo, ha cambiado con el tiempo. Y en estos días, de manera especial. Desde hace una semana deambula por sus calles un par de cientos de inmigrantes, subsaharianos la mayoría, llegados a esta ciudad por mor de un bulo en forma de SMS que les anunciaba un proceso extraordinario de regularización en una oficina del Gobierno situada en el corazón de Bahía Blanca. A pesar de que se les ha advertido de que tal noticia es falsa, ahí siguen muchos de ellos, bajo la lluvia implacable de esta semana, guardando cola en un callejón sin más salida que una ventanilla cerrada para sus aspiraciones. Los he visto en varias ocasiones entrar en establecimientos cercanos con una palabra inteligible en la boca: "fotocopia". Ya incluso merodean por el lugar los parásitos de turno, a ver si les sacan, supongo que bajo promesas de diligencia burocrática, los pocos euros que les queden. Resulta sorprendente que sigan ahí, de día y de noche, como si no terminaran de creerse que todo es falso. Claro que quienes han sobrevivido al mar traicionero en un cayuco no van a achicarse ni por la negativa de un funcionario ni por la crueldad de quien maquinó esta vileza. Para ellos es ya natural seguir esperanzados en la mentira.



jueves, 10 de abril de 2008

Artículo recomendadísimo

Por respeto a los Silenos que impulsan esta página, no debo dejar pasar la ocasión de recomendaros la lectura del artículo "Universidad, decadencia", publicado por Pablo Jauralde Pou (Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid) en El Mundo el pasado sábado. Si queréis conocer la "otra universidad", la que no suele salir en los papeles ni en la televisión, ahí está toda ella. El propio autor reconoce que exagera in malam partem, pero no creáis que tanto. Como no es posible el enlace con el periódico si no es previo pago, tendréis que buscar la versión impresa. Pero merece la pena. Aquí os dejo algunas perlas: A quienquiera que ronde en un campus universitario por escuelas y facultades le llamará la atención la cantidad de proclamas idealistas que engalanan sus paredes -contra el hambre, la miseria, la corrupción... [...] Cada cartel y cada proclama tienen su correlato, su ejemplo, en la práctica real que se ejerce en ese inmenso tugurio: el vice de lo que sea que envía 1.000 cartas en carísimo folio timbrado para anunciar su nadería; el decano que se engalana como novia para mostrar el aparato de su título mientras los estudiantes pierden las mañanas en largas colas; el jefe de departamento que amaña reuniones y provoca votaciones sucias; el profesor que ignora la condición humana de sus subalternos; el becario que oculta cuidadosamente las opciones de promoción que conoce; el cuidadoso sistema de clientelismo que domina todo... [...] En cada miserable celulilla universitaria se reproduce como una gangrena su propio mal: una serie de individuos -a veces cuadrillas de mafiosos acuartelados-, dirigidos por un cabecilla, del que dependen en buena medida bastantes cosas de su vida pública y privada (plazas, horarios, promociones, dinerillos...), disponen de lo que han de ser sus tareas (clases, exámenes, programas, becas, etcétera), desde luego, pero también de quién puede llegar a esa célula, ejercer ese oficio y acaparar el tesorillo reservado. [...]

Letras, colorín y móviles

Esta mañana, por amabilidad de José A. Hernández, he sido invitado a participar en una tertulia en Punto Radio. Hemos hablado durante una hora del desprestigio de las Humanidades. He de reconocer que he sido el más pesimista. Quizás porque desde hace algún tiempo me tintinea en los oídos el brillante lamento de Max Estrella: "las letras no dan para comer, las letras son colorín, pingajo y hambre". Lo de "colorín" es opinión cada vez más generalizada: para muchos las letras son como los afeites, un adorno que hermosea, un timbre de cierta nobleza, pero que, como la nobleza misma, no deja de ser, a estas alturas de nuestra era, un jarrón que "hace bonita estampa". Mi querido Joaquín decía en la tertulia que debemos saber adaptar nuestros saberes a la demanda de los tiempos, convencido de que es posible recomponer el valor de las Humanidades. Cierto. Pero si ello significa defender que el seudo-lenguaje de los SMS de los adolescentes es una innovación positiva para nuestro idioma, como han hecho algunos congresistas estos días en San Millán de la Cogolla, qué diantre. Otros han de ser los caminos, y espero que no sean inescrutables. Buenas noches.


martes, 8 de abril de 2008

La lluvia


Mientras en el Congreso de los Diputados los políticos andan en liza por el reparto de las aguas de esta España seca ("desde mi casa de Madrid se veía el rostro seco de Castilla como un océano de cuero", escribió Neruda), llueve llueve llueve en el Sur. Pero no hay en esta lluvia mansedumbre oteriana: llueve a empellones, y a ratos sopla un viento enrabietado por algo. Hay porfía en el cielo, como en los políticos que negocian con el Ebro, con el Segre y hasta con el Ródano (el de las bocas amables). Cuando en Murcia se entona el "Agua para todos", los constructores de los campos de golf hacen el coro y cantan como los ángeles. Tal vez en Barcelona también alguien piense en este momento que el agua es de todos. Pero la lluvia que cae sobre Sevilla demuestra que el agua no atiende a más razones que las suyas. Como este viento indómito que no se deja atrapar y se cuela caprichoso por la chimenea.


lunes, 7 de abril de 2008

El porqué del título

Me preguntan algunos amigos por qué he elegido como título de este blog "El baile de los Silenos". Parece que la explicación de Erasmo que añado no les ha colmado la curiosidad. Vivimos en un tiempo en el que la imagen campa tan a sus anchas (televisión, internet, móviles, modas, formas de vida, etc.), que las apariencias se han convertido en la tarjeta (la única en muchos casos) de presentación. No hace mucho, una encuesta sobre los móviles realizada a adolescentes dejaba sentada, por extendida, una valoración inquietante: "dime que móvil usas y te diré quién eres". Esta mañana, en su artículo del lunes en La Voz de Cádiz, Rafael Marín advertía de una "calma chicha" en la calle en las últimas semanas, después del huracán de la precampaña y la campaña electorales. Eso, querido amigo, son las apariencias, pues en los bajos de esta calma chicha seguro que se arremolinan nuevos vientos. Así parece estar sucediendo en los sotanos del PP. Así pues, como todo (o casi) se viste muy de mañana con el traje de las apariencias (las personas, los objetos, las ideas, los proyectos, los sueños...), los Silenos comienzan su danza muy temprano y siguen danzando a altas horas de la madrugada. Seguir sus pasos es el objetivo (aparente) de este blog, que también es pura apariencia. Salud.

domingo, 6 de abril de 2008

Los premios literarios


Por si aún no lo habéis leído, os sugiero la lectura del artículo "¿Cómo se dan los premios literarios?", de José María Guelbenzu (El País, 5 de abril). Especialmente interesante es la reflexión final sobre democracia y gusto artístico. Salud.

viernes, 4 de abril de 2008

El prestigio de las Humanidades

En la Universidad española se ha iniciado una reconversión basada en criterios mercantilistas: todo lo que no produce o no crea riqueza inmediata no merece consideración alguna. Los estudios de humanidades están en el centro de la diana de los mandatarios de turno. Por eso viene a cuento esta tribuna que publiqué en La Voz de Cádiz (11/5/2006).
“Las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!”. Memorable escena: un famélico Max Estrella se queja ante el Ministro de la Gobernación de su condición de poeta menesteroso, sombra infausta de glorias pasadas. Acontecía la entrevista, según el genio valleinclanesco, en un “Madrid absurdo, brillante y hambriento”, allá por la década de los veinte del siglo homónimo. Valle Inclán pasaba el testigo de un descrédito que venía de antiguo, potenciado en gran medida (y paradójicamente) por la propia literatura. Poetas hambrientos, filósofos disparatados y gramáticos en pupilaje pululan por la república literaria de todos los tiempos. Don Quijote es el ejemplo más señero del perjuicio que infligen las letras.
Por desgracia, la rotunda aseveración de Max Estrella goza hoy, más de cien años después, de plena vigencia. Miremos alrededor. Abundan mujeres y hombres de ciencias y no pocos periodistas, ayunos los más de saberes lingüísticos elementales, que divorcian lo humanístico y lo científico, como si el vocablo “ciencia” no incluyera cuanto atañe al ser “humano”. Cuando la investigación universitaria se convierte en noticia, bien sea por sus logros, bien por la situación precaria de los becarios, la televisión y la prensa hurgan en sus archivos en busca de la imagen del investigador de bata blanca, mascarilla y guantes de látex, y rara vez asoma la del historiador o el filólogo atareado en la ardua lectura de un códice. Esta marginación avalora la reputación de los primeros como benefactores de la sociedad y condena a los segundos al más injusto olvido. Hallamos otra perla del mismo desprestigio cuando, ante un auditorio letrado, a los labios de políticos y mandamases afloran citas literarias y versos espigados con tufo oportunista. En tan baja estima tienen las Humanidades. Mas tampoco es distinto el panorama en el seno familiar. ¿Cuántos padres y tutores no habrán recurrido a los susodichos colorín y pingajo para encauzar a un vástago arrebatado por el delirio de ser filólogo o historiador? ¿Cuántos filósofos vocacionales diseñarán puentes y caminos por miedo a que el hambre estudiantina se les atragante de por vida? Tan densa es la marea, que incluso muchos profesionales del ámbito, blandiendo de manera torticera el amor filial, ahuyentan tales fantasmas del pensamiento de sus retoños, sin caer en la cuenta de que el barco de las Humanidades hace muchas más aguas cuando los que deberían ser paladines de su defensa abonan el terreno que otros han sembrado de cardos.
Así las cosas, con la
opinio communis de cara, en los despachos ministeriales no ha dejado de resonar la lamentación de Max Estrella. Al socaire de “la sociedad del conocimiento” germinan engendros educativos sin cuento, regados en estos pagos sureños con el aguadillo de la Segunda Modernización de Andalucía, la versión on-line del celebérrimo “pan y circo”. Bendito internet, que logrará primores en los alumnos que no arrancan ya los esforzados profesores de secundaria. Pero no descansa ahí el espíritu reformista: aquellos polvos de la LOGSE, recuperados en la LOE, traen ahora estos lodos, que llegan al arrimo de la Convergencia Europea. Sobre la mesa de los gobernantes se despliega el mapa de titulaciones. Con un ensanche aquí y un recorte allá han de desplazarse las fronteras de la geografía universitaria. Peligra el valor más preciado de las Humanidades: el pensamiento reflexivo y crítico que regalan la filosofía, la literatura, la lengua, las artes… De seguir por esta senda indeseable, nuestros hijos y nietos sentirán más cercano el modelo iletrado de un George W. Bush, que el del lector, ese loco, que cuestiona y discute los mil relieves de un libro; o el del pirado que se emociona ante una cantata de Bach o una pintura de Gauguin. Son tiempos frenéticos, de escasa siembra y ansiosa cosecha, de frutos prematuros, inmediatos, dorados como el sol. Cuanto más se corre, menos ocioso queda el pensamiento y más se globaliza la agnosia. Si no se remedia, si no exigimos a nuestros representantes universitarios que sean los primeros en prestigiar (sin pose) las Humanidades, las Facultades de Letras remozarán en breve sus frontones y colgarán como lema las palabras que un conocido cantante deslizó poco ha en una entrevista: “No leo nada de nada, pero admiro mucho ese arte”. Colorín y pingajo de verdad.