martes, 30 de diciembre de 2008

Jano Bifronte y las Calendas de enero


Después de unos días en Madrid, donde hemos visitado exposiciones varias y disfrutado del musical "Sweeney Tood" en el Teatro Español (¡qué grande Vicky Peña en el papel de Mrs. Lovett!), estos silenos vuelven a danzar al ritmo acostumbrado. Hoy os dejo un artículo que publiqué hace un año en La Voz de Cádiz (véase el enlace a la izquierda) sobre ese gozne mágico que cierra el año viejo y abre a la vez el nuevo.

Jano Bifronte y las Calendas de enero

Al principiar el año rendimos culto, sin saberlo, a Jano Bifronte, el dios romano del tránsito y los inicios. Situado en el inexistente límite entre el pasado y el porvenir, Jano ejercía sus dominios sobre los comienzos, pues a él se consagraban la mañana, el día primero del mes, el mes primero del año y del siglo. Al decir del poeta Ovidio, en las calendas de enero (jornada que también entonces transcurría jalonada de felicitaciones y parabienes) los romanos acometían sus quehaceres cotidianos con inusitada actividad, como forma de granjearse desde el principio los auspicios del dios. De ahí que los ecos de su nombre hayan pervivido en el primer mes del calendario: enero, January, janeiro, etc. En la Roma primitiva, tan pragmática como religiosa, todo negocio o empresa incipiente se sometía a su voluntad, y como patrón de las acciones humanas (o deus agonius, del verbo latino agere, “hacer”), el 9 de enero los romanos le ofrendaban el sacrificio de un carnero. Poco después, los días 11 y 15, acontecía la fiesta sagrada en honor de la ninfa Carmenta, diosa de los partos, a cuya imagen se asociaba Jano como deidad del principio básico de la vida. Recibía Jano, entre otras ofrendas, humildes tortas de harina. Según el parecer de algunos, andando el tiempo estas tortas paganas habrían mudado su sabor y dado lugar al tradicional y muy cristiano roscón de Reyes.
Como divinidad tutelar de todo tránsito (espacial y temporal), Jano guardaba las puertas celestiales y las terrenales y, cual un San Pedro pagano, portaba un llavero colgante en la mano izquierda, amén de un báculo en la derecha. Había nacido el dios con un atributo monstruoso que le permitía realizar cumplidamente su función de portero: dos caras para vigilar a la vez a ambos lados de la puerta. El legendario rey Numa construyó un templo en su honor en el Foro, provisto de dos puertas enfrentadas. Tenían estas puertas la peculiaridad de permanecer abiertas de par en par en tiempos de guerra y cerradas en tiempos pacíficos. De esta manera simbólica se requería al dios para que las legiones romanas hallaran expeditas todas las entradas y salidas durante la campaña bélica, en especial las de desfiladeros tan fatales como las célebres Horcas Caudinas. Mas no había de quedar tan magnífico numen en mero oficio de portero. Gracias al potencial simbólico de su naturaleza dual, Jano adquirió competencias extraordinarias. Se creía que una de sus caras miraba a Oriente y la otra, a Poniente, porque el dios abría las puertas del sol al alba y las cerraba con el lucero vespertino. Igualmente podía mirar los dos solsticios del ciclo solar, el de verano, cuando el sol principia el descenso, y el de invierno, cuando comienza el ascenso, lo que lo convertía en el gozne del universo y le confería la salvaguardia de la generación de la vida y la germinación de las simientes. Como dios civilizador de la Edad de Oro, a él debemos, entre otros bienes, la invención del lenguaje, la arquitectura, la navegación y las monedas. No en vano en tiempos de la República romana circularon ases con el busto de Jano Bifronte en el anverso y la proa de un navío en el reverso. Con el correr de los siglos el humanista italiano Andrea Alciato (1492-1550) vería en el dios el trasunto ideal de la prudencia, y a él consagraría su emblema “Prudentes” (XVIII), cuyo grabado muestra la cabeza de Jano flotando en el centro de un cielo nuboso sobre una ciudad con traza oriental. El epigrama explicativo desvela el simbolismo de un ser que, por asumir las enseñanzas del pasado, contempla con mayor sabiduría el futuro. La imagen de Jano también fue del gusto del pintor francés Nicolas Poussin (1594-1665), pues recurrió a ella para ilustrar el flanco izquierdo de su cuadro La danza de la vida humana (ca. 1638), donde se aprecia la cabeza del dios en un herma, mientras la Pobreza, el Trabajo, la Riqueza y el Placer danzan al son de la lira del Tiempo.

Así pues, al principiar el año la cabeza geminada del dios preside nuestros primeros empeños y nuestros primeros afanes. Como en el emblema de Alciato, su cara más insatisfecha contempla el largo trecho de los meses pretéritos y su cara esperanzadora se esfuerza en vislumbrar, entre las nubes iniciales, la prosperidad de los meses venideros.

(Jano Bifronte, escultura de G. Antonello Leone: www.antonelloleone.it/pietre erranti.htm)

5 comentarios:

Juan Manuel Macías dijo...

Un estupendo artículo. Me acabo de acordar, leyéndote, de la imagen más inquietante de Jano bifronte, no con dos caras, sino con cuatro. La inventó Borges (cómo no) en su poema Límites: "la encrucijada te parece abierta/y la vigila, cuadrifronte, Jano". Te deseo un recto y feliz 2009, sin encrucijadas, con la mirada siempre amable del dios. Un abrazo.

Mega dijo...

Así que le debemos el roscón de Reyes a Jano Bifronte...

Desde luego, comparto con el dios la necesidad de celebrar la esperanza, de apreciar críticamente el trecho recorrido y de procurar transitar el espacio y el tiempo con la prudencia que da siempre el conocimiento.

Un abrazo y feliz año para ti y los tuyos

Isabel Romana dijo...

Según tengo entendido, también se le ofrecía un sacrificio antes de iniciarse la sesión del Senado. También guardaba las ciudades, las casas y las despensas. Un dios muy presente en la sociedad romana y, según parece, netamente suyo, pues no hay otros dioses paragonables en otras culturas. Esperemos que, ya que el año está terminando tan mal, el dios proteja el nuevo que se acerca. Un abrazo muy fuerte y que el 2009te sea propicio.

Olga B. dijo...

Qué dios tan lúcido éste, el genuinamente romano, con sus dos caras.
Si debemos a Jano bifronte el roscón de Reyes, ahora me explico por qué en Zaragoza lo comemos dos veces en enero: una para reyes y otra para San Valero, ventolero y rosconero.
Las cuatro de Borges serían un exceso, supongo.
Que el 2009 nos traiga toda la lucidez y algún placer de vez en cuando.
Un beso y buen año a todos.

Mery dijo...

Gracias por este artículo: he vuelto a retomar el gusto por tantas tradiciones grecolatinas que arrastramos sin saberlo, o habiéndolo olvidado casi por completo.
Un abrazo