domingo, 14 de diciembre de 2008

Evocaciones (8 ): Los andares de María


Todos los domingos, cercanas las cinco de la tarde, ya hiciera frío, calor o aullasen todos los vientos del infierno, las mujeres sacaban al pasillo varias sillas de tijera y una pequeña mesa plegable, y se sentaban a esperar visita. Poco después la cabeza dorada de María despuntaba en la cima de la escalera; asomaban luego su cara, de piel tersa y rosada a pesar de los años, y el resto de su figura enlutada: los pechos descolgados sobre la barriga prominente, las manos redondas aferradas al bolso de charol, las piernas arqueadas como gastada herradura. Y, por último, los pies menudos, hinchados cual panes. Cuando la abuela María caminaba por el pasillo, su cuerpo se escindía en dos fuerzas opuestas: de cintura para abajo avanzaba de frente, pero de cintura para arriba se desplazaba de izquierda a derecha y de derecha a izquierda con un bamboleo divertido. El aire acolchaba su paso para evitar que se cayese.

5 comentarios:

carmen serrano dijo...
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Isabel Romana dijo...

Parece que veo a María avanzar con esos movimientos, en apariencia, imposibles. Pero claro que sí son posibles, también yo los he visto. Saludos cordiales.

Triana dijo...

Como dice Isabel, Antonio, tus micros nos hacen siempre poder ver con todo realismo la escena que describes y los personajes de ella.

Creo que todos hemos visto alguna vez a María.

Un abrazo.

Lauren Mendinueta dijo...

Como siempre, Antonio, buenísimo. Soy una admiradora de tus ficciones. Abrazos

Mega dijo...

Esos andares marianos me recuerdan a los de mi abuelita paterna. ;-)

Tu capacidad de evocación y recreación de situaciones cotidianas me parece sencillamente asombrosa.
Un abrazo