lunes, 8 de diciembre de 2008

El intruso


Papá no me echó cuenta cuando le dije que había un hombre en la terraza. Siguió escribiendo en su portátil nuevo como si tal cosa, como si todo en el mundo, por grave que fuese, le importara un rábano. Entonces me acerqué por el lado izquierdo y, con el brazo bien alto y el dedo índice bien derecho, apunté hacia el lugar exacto por donde acababa de pasar aquel hombre. Papá, hay un hombre en nuestra terraza. Nada. Seguía sin levantar la cabeza, sin decir palabra, ignorándome como si yo aún estuviese en el colegio y él aún no me hubiese recogido y aún no hubiésemos almorzado macarrones con tomate y con mucho queso los tres juntos, mamá, papá y yo.
La segunda vez que ocurrió, papá estaba durmiendo la siesta. Y ya sabes, cuando papá duerme la siesta no se le puede molestar por nada del mundo. Así que se lo dije a mamá, que estaba en el salón y permite que la molestemos aunque no demasiado. Pero tampoco mamá se inmutó. Siguió como si tal cosa, sacando sus flores secas de la pequeña prensa y colocándolas en las hojas plastificadas de su álbum, encima de unos cartelitos con nombres en latín que ella misma escribía en el portátil de papá cuando papá lo dejaba libre a la hora de la siesta.
Como mamá también me había fallado, sin pensarlo dos veces corrí a buscarte a tu habitación para contarte que había un hombre en la terraza. Pero entonces me detuve en mitad del pasillo, llamándome boba y estúpida, porque de repente caí en la cuenta de que yo era hija única.
La tercera que vi a ese hombre en la terraza no se lo dije a ninguno de los dos. Empezaba a acostumbrarme a su presencia, y hasta pensé en ponerle un nombre: Arturo, como mi compañero de pupitre. Así que me fui al colegio con papá, mientras mamá se quedaba en la ducha.
Ha pasado casi un año desde entonces y no he vuelto a verlo. Se esfumó. A ti te pusimos su nombre porque yo me empeñé (aunque sigo guardando el secreto). Pero, la verdad, no sé por qué te cuento todo esto, si sólo tienes dos meses.


Antonio Serrano Cueto

10 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

Intruso, sobre todo, para el padre.
Menos mal que yo no tengo portátil...

Antonio Cardiel dijo...

Qué bien suena este micro y qué cantidad de ecos de Cortazar que lleva.
Un abrazo.

Cris MOnteoliva dijo...

Muy inquietante!
Yo si tengo portátil, pero la verdad lo uso poco.
Besos,

Cris
www.labibliotecaimaginaria.es
www.elviajeimaginario.obolog.com

Antonio Serrano Cueto dijo...

En efecto, a esta pobre mujer la sedujo una nueva forma de visitante: el hombre de la terraza. Claro que la historia podría ser fabulación de la niña y las fechas, un cúmulo de casualidades. Quizás haya que esperar a que el bebé crezca para comprobar si se parece en algo al padre-usuario.
Gracias por venir y dejar vuestros comentarios.

Antonio Azuaga dijo...

Pues para mi lectura la sombra es otra "sombra". Empiezas inquietante. Uno se promete oscuros desarrollos (¡ese cielo que recuerda al del Greco sobre Toledo!). Turba la indiferencia de dos sombras secundarias… ¡Y acabas sorprendiendo con la ternura de un diálogo imposible!
Me río de mí mismo: soy mucho más optimista que el autor y "mejor pensado". Es broma. En cualquier caso, enhorabuena: me ha encantado.

Olga B. dijo...

Desde luego, la niña se inventa un amigo porque nadie le hace ni caso, y ya tenemos a la madre bajo sospecha... pues yo sospecho que la madre se inventaría otro amigo que no ha salido aquí porque ese hombre tecleando sobre su ordenador es una sombra.
Y a Arturo le da igual a qué sombra se parece, cada uno acepta la vida como la encuentra.
Un beso Antonio, coincido con tu tocayo: me ha encantado.

Triana dijo...

Me ha pasado como a Antonio Azuaga, presentía algo terrible en el desenlace, de cualquier forma, muy bueno.

Felicidades Antonio.

Un abrazo.

Er Tato dijo...

Vengo de aquellos andurriales -perdón, de Por estos Andurriales-, y me ha picado la curiosidad. Seguí el enlace que dejaste en tu comentario de allí y aquí estoy.

Aunque llego tarde, buen relato, Antonio.

Saludos

José Miguel Ridao dijo...

Es un buen relato, con final sorprendente. El ambiente inquietante está muy bien conseguido. Los portátiles dan mucho juego, y con mi hijo tengo un filón. Trataré de construir uno inspirado en mi entrada de hoy.

Un abrazo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias, Er Tato, y bienvenido a este baile.