jueves, 6 de noviembre de 2008

Sin perdón


El día de mi funeral, nadie vino a consolarme. Mis amigos pasaban por delante de mis narices con cara de afligidos, pero besaban a mi esposa y a mis hijos como si ellos tuviesen alguna parte en este oscuro viaje. Jamás perdonaré tanto abandono.

Antonio Serrano Cueto



Fotografía: un ocaso cualquiera. Fuente: Silenos

(Este micro ha sido publicado también en Minificciones)

8 comentarios:

Mery dijo...

Ya lo dijo Bécquer: Dios mio, qué solos se quedan los muertos.
Genial este mini-relato
Un abrazo

Isabel Romana dijo...

Luego existe un espíritu que permanece tras la muerte y tiene voz... Interesante reflexión la del difunto. Saludos cordiales.

Betty B. dijo...

A mí también me ha hecho pensar en Bécquer. Si nuestra voz permanece tras la muerte, seguirá llamando a los otros de una manera u otra, seguro que sí. Da una cierta ternura este muerto desconsolado.
Un beso.

Lauren Mendinueta dijo...

Me encantan tus relatos, Antonio. Está muy bien esta voz de ultratumba. Un abrazo

Triana dijo...

Fántastico Antonio.

No me puedo resistir de llévarmelo para mi colección de micros favoritos.

Un abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

Estupendo, Antonio. Angustioso, macabro y tierno a un tiempo. En estos relatos breves me parece percibir un lejano eco de Hitchcock, muy, muy grato. Un saludo

Juanma dijo...

Bueno, me ha parecido genial esta reflexión desde el más allá...
Un saludo en mi primera visita a tu blog.

Herman dijo...

Te aplaudo, Antonio. Una brevedad magna.