lunes, 10 de noviembre de 2008

La muchacha de Lipari


Se cruzaron en una callejuela solitaria. Cercanos los cuerpos, blandieron en alto las miradas. Un instante. Ella no se volvió. Él descubrió la insularidad de su alma sobre aquel empedrado que detenía el viento rastrero. De la torre de una pequeña iglesia construida en el embarcadero llegaban los tañidos de una campana, lentos y sinuosos como los andares de la muchacha. Cuando se levantó de la mesa, la isla de Lipari pareció flotar sobre el atlas.

(Fotografía: Lipari. Fuente: www.igougo.com)

6 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

Muy sugerente. Lo de la "insularidad de su alma", fantástico, sin duda.

Lauren Mendinueta dijo...

Aunque el cuento es muy breve consigues decirlo todo y, lo mejor, todavía dejas un buen impulso para la imaginación. Muy bueno

Isabel Romana dijo...

No dejas de sorprenderme. Me gustan estos textos tuyos, directos como un disparo al corazón. Saludos cordiales.

Mery dijo...

Este relato podría dar pié a un "to be continued". Está tan bien escrito que se me queda el alma en vilo, como Lipari, flotando.
Por cierto ese efecto podría ser un Fata Morganaen toda regla. Y yo, que todo lo relaciono...ya sabes a lo que me refiero.
Un abrazo

Betty B. dijo...

Vaya:-)
Genial, Antonio.

Triana dijo...

Magnifico Antonio, en todos tus micros dejas la necesidad de seguir leyendo y sin embargo como dice Lauren está todo dicho.

Un abrazo.

Triana