lunes, 17 de noviembre de 2008

Estamos reunidos


Se abren las puertas de la sala, de estilo neoclásico, y escapa un tufo a poder decimonónico que, con ser dominante, no oculta el baile ingrávido de otro tufo, más liviano, tufillo si se quiere, a grasa de caballo para botas de anchurosa pisada. Por el hueco que queda abierto, mientras el funcionario uniformado le entrega la encomienda al jefe, se vislumbra de espalda su cabeza de pelo ensortijado y albo sobre los hombros cimeros, coronando una figura de portentoso talle. De los demás, en número de doce, nada se ve; tan sólo se oyen murmullos, alguna risa mesurada y el ruido de los cubiertos al chocar suavemente contra la vajilla. Cuando la puerta se cierra de nuevo, la refundación del mundo vuelve a ocupar su lugar de chascarillo preferente.
(Imagen: Puerta del Palacio de Villavicencio. Jerez de la Frontera)

5 comentarios:

Olga B. dijo...

A mí me dan miedo: reunión de pastores, oveja muerta.
Aun con risa mesurada y cubiertos (o precisamente por eso) no me fiaría.
Me gusta la puerta; y que se cierre al final, más.
Saludos, Antonio.

Triana dijo...

Si, como dice Olga, nada nuevo se intuye detrás de ella, bien cerrada está.

Mágnifico Antonio.

Un abrazo.

Isabel Romana dijo...

Tu texto recrea una atmósfera cerrada, distante de los mortales, tan selecta y exclusiva que nada de ella podemos ver. La sensación de exclusión es tremenda. Así nos va. Magnífico texto. Besitos.

Víctor González dijo...

Y yo que pienso que el del pelo ensotijado es llamadoa a los postres solamente.
Abrazos.

Mery dijo...

Una especie de Ultima Cena decimonónica...muy intrigante.
Mi aplauso, Antonio.