jueves, 2 de octubre de 2008

Alumnos y Universidad


El autobús me trae de regreso a casa. Oigo sin querer (y a continuación ya escucho interesado) las palabras de una univeritaria que cuenta por el móvil a alguien, quizás al novio (salen de su boca varios "quillo", "aro", "aro" de muy gaditana factura), que se ha matriculado a toda prisa de la asignatura que le quedaba para completar los créditos exigidos. Reconoce que no sabe nada de nada sobre el contenido de la materia, pero que le sonaba bien el nombre y luego, una vez visto el despacho del profesor, ya no ha tenido dudas, porque el sujeto tiene un póster y banderas "que son muy de mi gusto, tú ya me entiendes". Dichoso colega, que encandila a los alumnos con la piel postiza de las paredes de un despacho universitario. Y dichoso sistema, que atribuye a alumnos recién salidos del instituto una madurez que brilla por su ausencia. No hay más que verlos luego corretear por los pasillos de las facultades como por una prolongación del patio escolar, o comiendo bollicaos y otras perlas pasteleras entre clase y clase.

* * *

Como hago desde hace años en la presentación de mis asignaturas, en Mitología y Religión Romanas les advierto de que no toleraré faltas de ortografía, y que en ocasiones me he visto obligado a suspender por ellas, a pesar de que se hallaban "adornando" un ejercicio de brillante contenido. He notado cómo algunos ni se han alterado, quizás pensando que no iba con ellos (ojalá), pero también cómo en el rostro de otros afloraba un gesto de autodenuncia, que se mudaba en incertidumbre ante la perspectiva de tener que corregir unos hábitos de escritura sin saber por dónde empezar. He repetido por enésima vez que la cosa va con todos, estudien la especialidad que estudien, y que, como escribió Lázaro Carreter, un profesor que enseña en español es primero profesor de español, y después de su materia. Y para que comprendan mi determinación, también he repetido un argumento que sustituyó hace años a otros de tipo científico: no permitiré que ninguno de ellos, si algún día se convierten en profesores y mi hija cae en sus manos, no sepan escribir. Les evitaré la vergüenza de que mi hija escriba mucho mejor.

* * *

En las clases suelo insistir en que deben hablar con corrección, para lo que me sirvo de las lindezas que cometen los periodistas y los políticos. Dos ya clásicas son las que hace años inmortalizaron (obviamente para mí) sendos personajes en televisión: la primera una señora en un telediario, al decir que un individuo se había suicidado arrojándose desde "un doceavo piso"; la segunda, un señor invitado a asistir como público a un programa de debate, cuando tomó el micrófono (¡ay, esa democratización de la palabra televisiva!) y dijo: me dirijo a los señores de la mesa y, "valga la redundancia", a los del público. La tercera es de hace unos días, obra de una periodista de Radio Nacional: "Solbes lleva los presupuestos "a bordo" de un pendrive.

Con estos mimbres...

(Imagen: Academia de Platón. Mosaico romano, s. I)

13 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

Cómo te entiendo, Antonio. Yo he tenido alumnos licenciados en Filología (soy preparador de oposiciones), futuros profesores de Lengua y Literatura españolas, que cometen garrafales faltas de ortografía y que han logrado una licenciatura de Filología...
Una perla más: en la web del ayuntamiento de Sevilla, sección del Instituto Municipal de Deportes, al annunciar la XX carrera nocturna del Guadalquivir, hay un apartado dedicado a las "premiaciones". El lumbreras que escribió esto debió pensar que "premio" tiene poco premio, así que optó por "premiaciones"... Lo dicho.

Mery dijo...

Os oigo a ambos y me confirmáis lo que va siendo habitual desde hace bastantes años en la enseñanza.
Leyendo las memorias de Julián Marías siento una envidia tremenda de sus años universitarios, la calidad y excelencia de lo profesores y de lo propios alumnos. ¿Dónde ha ído a parar todo eso? ¿Cuántas generaciones han de pasar para dar un vuelco a tanta mediocridad?

Espero que sepas quitar dramatismo a mi comentario, que yo, de dramática, nada de nada, "quillo".
Un abrazo

Mega dijo...

¿Y no tendrá también algo que ver el hecho de que, frente al desprestigio general de las Humanidades por parte de la sociedad, con los políticos a la cabeza, desde hace algún tiempo ya sólo arriban a las orillas de las letras náufragos de otras carreras?

Pregunto...
Un abrazo

Antonio Serrano Cueto dijo...

También hay mucho de eso, Mega, pero tú misma apuntas una de las claves: el desprestigio de las humanidades, de toda enseñanza que no dé rentabilidad a corto plazo. ¿Para qué saber escribir y hablar correctamente si hay "Poceros", "Giles" y multitud de iletrados forrándose?
Saludos.

doloresserranocueto@yahoo.es dijo...

Y yo me pregunto cómo llegan hasta la universidad...¿en que momento del sistema dejan de aprender?

Un saludete

Betty B. dijo...

Creo que has dicho la palabra mágica, Antonio, "rentabilidad". Los esfuerzos poco rentables no se llevan: no se hacen, e incluso se miran mal. No tengo nada en contra de que se gane dinero, pero a veces desanima un poco recibir órdenes de gente que pone "aval" con "h" por sistema (lo he visto con mis propios ojos). Un saludo.

Àngel Duarte Montserrat dijo...

Cierto. Tan cierto como que tendré que corregir mi condescendencia: hace unos meses anuncié que no daría más la batalla

http://adu1.wordpress.com/2008/07/29/suspenso/

Lo retiro.
Saludos
Ángel Duarte

Víctor González dijo...

Aprendemos a hablar antes, y tantos padres utilizadores descuidados de la lengua, echan al mercado a pipilos imitantes de sus próceres. El sistema es facilón luego, Y NO IMPLICA A LOS ALUMNOS EN LEER, menos en escribir, no para hacerlo bonito no, ni para comunicarse mínimamente dentro de la norma.
"Dame limosna profesor, no hay mayor desgracia que hablar con 100 palabras" aunque el inglés necesite 1000.
Saludos.

Antonio Azuaga dijo...

¡Ay, si te contara las cosas que se leen por estos suburbios de la Secundaria! A pesar de la obstinada resistencia de los físicos, yo estoy convencido de que la “flecha del tiempo” se está invirtiendo; de que los jóvenes son cada vez más jóvenes; de que los gallos, más pollos; de que la lengua, más rugido. Lo malo es que las palabras son cuerpo de las ideas; y si aquéllas lucen tan poco, ¿no estarán anocheciendo éstas de manera semejante?

Preguntaban más arriba: "¿en qué momento del sistema dejan de aprender?"... Pues yo creo que en el momento justo en que entran en el "sistema". Nada hay más desolador que ver la cantidad de adolescentes que a los quince años han perdido toda la curiosidad. Bueno, sí que lo hay: ver una sociedad y un estado a los que les da lo mismo. De los que resisten y siguen, una gran mayoría lleva el lastre de una educación institucionalmente empobrecida. Lo gracioso es que nunca se impartieron tantas horas de Lengua en Secundaria. Así que, algo falla; y ese algo está fuera de las aulas.

Perdona el abuso del comentario.

Un saludo

Triana dijo...

Cada día en la calle, sin necesidad de estar en un aula de enseñanza oímos como hablan los estudiantes, mis oídos se resienten, alguna vez me he levantado de alguna cafetería porqué escuchaba al lado sin poder evitarlo una conversación que no podía soportar, y es evidente que además escriben como hablan.
Ojala y todos los docentes tuvieran en cuenta las faltas de ortografía a la hora de corregir,
si no, desgraciadamente tendremos que decir algún día: "De aquellos barros, estos lodos".

Un abrazo

Alfredo dijo...

Mega dijo: "frente al desprestigio general de las Humanidades". Pues de los mismo de quejan quienes trabajan en ciencias,y con más razón, que tachan a quienes se mueven en el mundo de las humanidades de analfabetos en ciencias y matemáticas, que para colmo tienen más peso en el mundo de la política y de los medios de comunicación. Sólo hay que darse una vuelta por la blogosfera, y leer los comentarios a raíz del libro "La razón estrangulada".

Si, como parece deducirse de la mayoría de comentarios, los adolescentes van en retroceso, pronto estaremos en la Edad de Piedra.Algo bastante improbable.

Parece que la memoria tiñe el pasado de color de rosa -cómo a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor-, y también parece que aumenta la brecha generacional. Un poco de menos dramatismo no vendría mal, y para elloo basta con acercarse a los jóvenes y hablar con ellos. No muerden y se mueven con más soltura que nosotros en muchos terrenos.

Un saludo

Alfredo dijo...

Por cierto, acabo de recibir el Manifiesto Pedagógico que, de alguna manera, va en contra de la idea generalizada, no sólo en este blog, de que la escuela está fatal. Lo encontraréis en el siguiente enlace:

http://www.redires.net/NO_ES_VERDAD.pdf

AnaCó dijo...

Muy bueno lo del "pen drive" lo apunto a mi colección de barbaridades. Saludos!