lunes, 1 de septiembre de 2008

Las "tiras lacónicas": un ejemplo de antiguo mensaje cifrado


Cuando, tiempo ha, los pueblos ni soñaban que algún día lugares distantes del planeta podrían comunicarse en tiempo real mediante la magia de las ondas y los hilos diabólicos de la red, sin necesidad de que el hombre diera un solo paso, la comunicación interna o externa de un gobierno dependía no pocas veces de la suerte o pericia de sus correos o carteros. A pie o a caballo, contra viento y marea, estos hombres cargaban con el enorme peso de saber que en sus manos podía estar el futuro inmediato de un régimen político, el aborto de una conspiración o, en tiempos de guerra, el destino de toda una nación. De ahí que el camino hasta la meta no fuese precisamente de rosas y, en caso de alcanzarla, su gesta emulase a menudo la heroicidad homérica.
Cuentan Cicerón, Aulo Gelio y Plutarco que los antiguos lacedemonios o espartanos, pueblo principal en el arte de la guerra, tenían un sistema de comunicación cifrado de gran eficacia. Cuando deseaban enviar un mensaje importante y evitar que pudiera ser interceptado, empleaban la llamada tira o cinta lacónica. Consistía en una especie de cinta o correa muy fina que se enrollaba en una rama. Una vez enrollada, se escribía el mensaje, por lo general breve (de ahí el laconismo, pues la región era Laconia), en dirección perpendicular a las junturas de la cinta. Después se retiraba y se remitía sólo la cinta al destinatario. Como éste conocía el procedimiento, utilizaba una rama idéntica y sobre ella volvía a enrollar la cinta. Y voilà: en idénticas vueltas las letras encontraban su antiguo orden y el mensaje enigmático se revelaba. Listos que eran estos lacedemonios.

(Imagen: "Leónidas en las Termópilas.
Cuadro de Jacques-Louis David
, 1814. Museo del Louvre)

6 comentarios:

Lauren Mendinueta dijo...

Antonio, me encantó tu entrada. No tenía idea del origen de la palabra locónico. Un abrazo

Antonio Azuaga dijo...

Sí que eran listos, sí. Además no era posible que “el sistema” se “colgase”. ¡Y eso que era una “rama” la “aplicación” que desencriptaba! Bill Gates debería leer esta entrada.
Un saludo.

Marco Valerio Corvo dijo...

Lacónicos de Laconia. Me encanta su capital Sparta o Lacedemonia, a la que se ha llamado "el régimen mas inmovilista de la Historia". Mil años perduró su régimen político.
Los niños de Sparta ingresaban en los cuarteles a los 7 años, y no los abandonaban hasta los 30. Entonces era cuando adquirían la "mayoría de edad", podía casarse, votar, ser "ciudadanos" de la poleis.
Por supuesto jamás trabajaban los llamados "espartiatas", para eso estaban sus siervos-esclavos, los "ilotas", población sometida de Laconia y Mesenia.
Roma destruyó Sparta pero dice que sus descendientes se refugiaron en "La Mani", hasta que la emigración de los años 1960's los dispersó por Alemania, Canadá o Australia ....

Bonita Historia. Me encanta también la Sparta de hoy, una pequeña y tranquila ciudad de 25.000 en el Valle del Rio Eurotas, sobre un olivar inmenso ....

Bueno, perdón. Mil abrazos.

Marco Valerio Corvo dijo...

Y por añadir, .... se podrían añadir tantas cosas .... no nos pensemos que los spartiatas guardaban la castidad hasta los 30 años .... desde los 7 podían "raptar" a sus novias, y pasar por ahí las noches con ellas "de incógnito", siempre que simularan sus relaciones como "clandestinas" ....
Jamás tuvieron murallas ("las 'poleis' deben ser defendidas no por muros, sino por hombres", frase que se atribuye a Licurgo, su "mítico" legislador), ni monumentos, ni siquiera constituían una ciudad, en el sentido "urbano", sino un rosario de pequeñas poblaciones diseminadas a lo largo del río Eurotas .....

Me encantan, amigo Antonio, todas tus entradas. No hay una sola que no pueda calificarse de jugosa, exquisita, evocadora .....

Mery dijo...

Genial, en su sentido etimológico puro.
Hay que ver cómo el ingenio se agudiza según qué condiciones, qué épocas, qué entorno.
Un abrazo

Mega dijo...

De donde se deduce que el laconismo puede tratarse de una estrategia, ser en el fondo un ardid para despistar. Muy curioso.