domingo, 7 de septiembre de 2008

La cena


Este relato ha sido publicado por Alejandro Gelaz en su web minificciones (lo cual agradezco al propio Alejandro y a Lauren Mendinueta)

Conocí bien a mi padre muchos años después de su muerte. Fue por casualidad. Recibí por mail una invitación para acudir a una cena en un restaurante céntrico de Madrid: En su calidad de experto en relatos, bla, bla, bla… Cenas literarias las llaman, aunque allí hablamos poco de literatura. Uno de los comensales, crítico literario de un periódico nacional, insistía en hablar de política, de la crisis económica y las cuotas sociales. Otro de los invitados, un profesor septuagenario, conocido en los cenáculos literarios por su adición a las faldas, la emprendió con una de las ministras, una joven treinteañera de buen ver y mejor imaginar. Por su parte la editora que nos había convocado se quejaba de las vicisitudes de su profesión en España, donde los peces grandes engullen a los pequeños sin contemplaciones. Ella decía ser propietaria de una editorial modesta, pero la facturación del último año contradecía tal afirmación. De hecho, el premio de relatos que iba a convocar contaría con la dotación más alta de este tipo de certámenes. Conocí a mi padre, como les digo, en aquella cena. También había sido invitado a la velada, aunque yo no lo sabría hasta semanas después, cuando tuve que leer El fantoche, el relato que firmaba mi madre con un seudónimo que a mí me sonaba a su nombre de guerra en los años universitarios: “Lisístrata”. Obviamente voté por ella.

Antonio Serrano Cueto
("La última cena". Leonardo da Vinci)

16 comentarios:

Eduardo Flores dijo...

Vaya. Tenía pensado de antemano hacerte algún comentario ya antes de leer la entrada, quizá porque soy un asiduo lector de este baile de silenos que pocas veces recompensa la lectura a su autor con un humilde comentario. Sin embargo, lo leído en esta ocasión no trata de otra de romanos. Me quedé sin palabras al leerlo. Diré que me ha gustado y nada más.

Un saludo,
Eduardo Flores.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Estimado Eduardo, gracias por tu visita y tus palabras. No obstante, debo decirte que en estos silenos "lo romano" ocupa un lugar muy reducido, como puede comprobarse en las entradas anteriores (desde abril). El objetivo de este blog no es precisamente alargar mis intereses profesionales.
Saludos y gracias de nuevo.

Eduardo Flores dijo...

Tras leer mi comentario después de ver tu respuesta, Antonio, he pensado que aquello de "otra de romanos" suena bastante mal. Da lugar a malas interpretaciones, cosa lejana a mi intención. Mis disculpas por mi torpeza.

Un saludo,
Edrdo Flores.

Fernando Valls dijo...

Buen microrrelato, Antonio.

Enrique Baltanás dijo...

Me ha gustado el microrrelato. No sería mal comienzo de novela... Toda la urdimbre está ya puesta. Aunque así, como está, ya resulta inquietante.
Saludos.

Juan Antonio, el.profe dijo...

Intenso, con su punto desconcertate. Microrrelato con mayúsculas.

Víctor González dijo...

Micro/macro, bueno en todo caso. Leerte además siempre nos refresca alguna palabra, hoy le ha tocado a cenáculo.
Abrazo admirado.

Mery dijo...

Estoy de acuerdo con quien comenta que sería un perfecto comienzo para una novela.
A la calidad le bastan pocas palabras.
Un abrazo

Isabel Romana dijo...

Un microrrelato muy enigmático. Coincido con otros lectores en que sería un buen comienzo de novela o de un relato más largo. Me alegro encontrarte escribiendo con tanta intensidad tras las vacaciones. Saludos cordiales.

Mega dijo...

¡Buf! Me ha gustado, Antonio, pero su interpretación (¿alegórica?) me resulta un poco difícil...

¿Acaso trata de la convivencia forzosa que se establece siempre entre la vida pública, editorial, y comercial, por un lado, y la literaria, por otro, sin olvidar la mediación crítica? Ya me sacarás de dudas...

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias por vuestras palabras. Celebro que os guste. En cuanto a tu pregunta, Mega, la cosa es más simple. Yo buscaba, en efecto, la convergencia de dos líneas: la del oficio público del protagonista como jurado en un certamen literario y la de su vida personal, donde se puede adivinar algún problema hondo en relación con el padre. Si dedico más atención a los miembros del jurado y sus preocupaciones particulares, es para que esto contraste más con la resolución del relato, que desciende a la esfera privada. El título del relato que presenta la madre ("El fantoche") quiere en dos palabras resolver ante el lector la pregunta de cómo era el padre (o cómo ha quedado ante sus ojos). Es obvio que el padre sólo está presente en la velada en tanto personaje en potencia de uno de los relatos que deberá leer el protagonista. El nombre de guerra de la madre sí tiene doble sentido, pues recuerda que la Lisístrata de Aristófanes representa la sublevación (sexual) de las mujeres frente a sus maridos. Ofrece, por tanto, más información sobre ambos. Y, finalmente, quise poner sobre el tapete mis dudas sobre los sistemas de lema (y o seudónimo) y plica que funcionan en los certámenes literarios. Saludos.

Lauren Mendinueta dijo...

Antonio buenísimo tu microcuento. Voy a recomendarte para que lo envíes a otro blog especializado en el género. Un abrazo

Mega dijo...

Gracias, Antonio, por la aclaración tan minuciosa. No habia caído en la crítica a los pseudónimos con que suelen presentarse los originales. A mí me ha gustado, sobre todo, esa vinculación que establece el texto (aunque sea irónicamente) entre vida y literatura... A diferencia de lo que suele ser habitual, es como si la vida de tu personaje quedara condicionada, con anagnórisis incluida, a partir de la misma realidad literaria. ;-)

Herman dijo...

Un relato muy fino, Antonio. Coincido con quienes te animan a desplegarlo en una narración más extensa. Saludos afectuosos.

Delfín dijo...

Antonio, te felicito, este texto es excelente. Quiero agradecer a Lauren el contacto que realizó entre nosotros ya que gracias a ella conocimos "La Cena".

Gracias por el link, nosotros también te hemos agregado en nuestros contactos.

Te mando un saludo y nos seguiremos leyendo.

Delfín
www.minificciones.com.ar

Samanta dijo...

Excelente relato Antonio, mis felicitaciones.