lunes, 7 de julio de 2008

Viajar para contarlo


Siempre me gustaron los libros de viajes, mas no tanto los que relatan las vicisitudes de los viajeros-autores contemporáneos, cuanto aquellos que descubren, ya desde la Antigüedad, los misterios de mares recién surcados, islas a la deriva y tierras inhóspitas, desacostumbradas a la llegada de extranjeros. Si bien la Odisea y la Eneida son magníficos libros de aventuras en torno a un viaje, no le va a la zaga el relato de las penalidades y glorias de Jasón y los Argonautas, tan amenamente contado por la pluma de Apolonio de Rodas. O las del pobre Lucio en el Asno de Oro de Apuleyo, castigado a penar por su desmedida curiosidad. A buen seguro el lector añadirá los libros de viajes medievales, ya sea a través de los sueños y apariciones milagrosos de monjes y peregrinos, ya a través de esas aparatosas incursiones en Oriente que eran las cruzadas. O quizás el libro maravilloso de Marco Polo, o el diario de Cristóbal Colón, espejos magnificados de los paraísos del Kublai Kan y de las ignotas tierras del Nuevo Mundo. O la tradición anglosajona de literatura de viajes, tan fecunda en el siglo XIX. Pero lo importante de estos viajeros (y es lo que agradecemos los lectores, los de ayer y los de hoy) es su compromiso posterior con la tradición. Lo de menos es que agrandaran sus gestas o minimizaran sus temores e infortunios, o que imaginaran más de lo vivido o vivieran menos de lo narrado: lo importante es que su invitación a los lectores a visitar con ellos lugares remotos en circunstancias a menudo extraordinarias suponía y sigue suponiendo un regalo, un goce para los sentidos estimulados por la imaginación. En el mosaico de temas y estampas literarias que son las Vidas Paralelas de Javier Mina (lectura cuya enjundia hará las delicias de muchos), he hallado este fragmento, que cierra magistralmente mi entrada: Puede que vivir consista también en viajar, pero una cosa es segura, los viajes tienen la capacidad de concentrar la vida en un corto lapso de tiempo. Viajando se vive más deprisa. Sobre todo cuando el viaje lo organiza ese tour operator que es el fabricante de relatos cuya pericia consiste en eso, en meter la vida en un buen paquete turístico. Semejante estado de cosas viene sucediendo desde que un tal Homero creyó oportuno hacer que regresara a su hogar de Ítaca cierto individuo llamado Odiseo, que además era fecundo en ardides. Enfrentándolo a dificultades sin cuento hará que el pobre héroe se gane la vida de Ítaca en la vida de regreso a Ítaca. Un regreso que no sería sino el espejo cóncavo y resumido de todos sus días en este mundo, por cuanto sus días fueron lucha. Desde entonces se sabe igualmente que volver significa contarlo.

5 comentarios:

Betty B. dijo...

Pocas temas son tan seductores para la literatura y para la vida: el viaje, cuando quieres partir; y el regreso, cuando ya estás en el viaje. Son dos añoranzas que producen los mismos vestigios multiplicadores de la realidad que dos espejos puestos frente a frente. “Un goce para los sentidos estimulados por la imaginación”.
Y qué buen repaso a la literatura de viaje, Antonio, así, como si nada:-)
Da gusto venir.
Un saludo.

Isabel Romana dijo...

Ese fragmento que has puesto de Javier Minas es realmente seductor. Creo que compraré el libro enseguida. Un abrazo.

Mery dijo...

Viajar para contarlo...¿en una moleskine, por ejemplo?

Un abrazo

Mega dijo...

Y junto a los diarios de Colón, los de Bernal Díaz del Castillo (su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España es estupenda)...

Gracias a sus cuentos, nos entran ganas de viajar, sin duda. ;-P

"Viajando se vive más deprisa", dice Mina. Para mí, el viaje es una promesa, la vida como peripecia continua. De hecho, nos permite acumular infinitas experiencias, lo que significa la posibilidad de volver a vivirlas a través del recuerdo (y el relato)...

Abrazos

Marco Valerio Corvo dijo...

Que maravilla!. Me encantan los viajes, me encantaron desde la infancia y supongo que siempre me encantaran: este será el primer verano que me ciña a tan solo dos ciudades, que yo llamo cariñosamente: "Serba-La-Barí" (En luengua caló o romaní: A chipy calí, es "la lengua gitana") y "El Puerto de los Fenicios", ya sabeis, por los tirios fundadores ... pero espero, que me cunda también.
Precisamente estoy a punto de publicar - es cuestión de días, tal vez de horas - un libro de viajes, y tengo otros dos ya escritos. Cuando "exista", tendrás noticias ciertas ....

Mientras tanto, la he emprendido, con un libro de viajes de D.H. Lawrence (El de "el amante de Lady Chaterley" y "La serpiente emplumada", entre otras obras varias ...) titulado "Cerdeña y el Mar".

Y hablando de otras obras narratuvas, que no escritas, mañana estrenaran el último film del sarajeví Emir Kusturica, no sé cuando bajará el "Len Baró" (o "Rio Grande", otra vez en calí ...) y llegará hasta el Puerto de los Púnicos ....

Un abrazo. Felíz estío.