martes, 24 de junio de 2008

Los libros angustian


Un amigo me anuncia que me ha puesto al correo un ejemplar de su último libro y un colega universitario me comunica por mail que en breve recibiré ejemplares de dos obras suyas. Hace tan sólo unas semanas, con motivo de mi cumpleaños y de mi onomástica, me regalaron dos libros más. Llega un momento en que uno se angustia de veras, mas no por recibir estas ofrendas, siempre bienvenidas, sino porque, tratándose de obras que interesan, es preciso buscarles su hueco, su tiempo en la atareada agenda cotidiana que todos tenemos. El tiempo estival se presenta como un espacio abierto, de horas incontables para dedicarlas a leer placenteramente. Pero, claro, la lista de espera va creciendo y uno teme que el verano (o la parte vacacional del verano) se quede en una nube volandera. Porque no sólo de leer vivimos los lectores. Cuando me regalaron Vidas paralelas, de Javier Mina, me dije: "Estupenda lectura para las vacaciones". No quería entonces que interfiriera en la lectura de dos biografías que tengo entre manos: el Cicerón de Anthony Everitt y el Cernuda de Antonio Rivero Taravillo, que a su vez alterno con breves incursiones en los versos de Antonio Colinas o Jaime Siles. Visto este panorama, Mina debía esperar. Pero he aquí que leo el prólogo de García Gual y las primeras vidas, la comparación de la estancia en Alemania de Leigh Fermor y Jakov Lind, y siento que esta enjundiosa lectura no puede demorarse. Agradeciendo a mi mujer haberme regalado el libro, lo añado, como tercero en discordia, a las dos biografías. Procuro que no me ocurra algo semejante con el otro regalo: el precioso libro, tan bellamente ilustrado, sobre Lawrence Alma-Tadema escrito por R. J. Barrow y editado por Phaidon. Me mira desde la estantería, pero yo evito el veneno de su mirada. Porque abrirlo y dedicarle unos minutos puede ser nefasto para el trío susodicho. Y me digo de nuevo, ya menos convencido: "Esta sí que es buena lectura para gozarla con tiempo". Pero el tiempo es egoísta y se quiere para sí solo; a nosotros sólo nos brinda sus despojos.

16 comentarios:

Juan Manuel Macías dijo...

Me apunto el libro sobre Alma-Tadema, que es una de mis debilidades. Un abrazo.

Juan Antonio, el.profe dijo...

No sabes cómo te entiendo, Antonio. Al verano le faltan horas (días, meses, años) para dar cabida a todo lo que dejamos para él.

Mega dijo...

Jajaja. Por cierto, y hablando de libros, gracias a tu sugerencia, me he hecho con la edición de Erasmo a cargo de Puig de la Bellacasa...

Feliz no cumpleaños.

Isabel Romana dijo...

Comprendo lo que dices. Yo tengo también la estantería llena de libros que estoy deseando leer y a los que no llego... y lo peor es que las vacaciones tampoco suelen resolverme nada. Ánimo y saludos cordiales.

Antonio Azuaga dijo...

¡Verdaderamente agobiante esta manía del tiempo de no durar lo que debiera! Mi sueño, inspirado en “Matrix” sin duda, es que me instalen un puerto USB en la nuca: con un “pendrive” de 4 Gb se resolvía el problema. Claro que perdería el tacto, el olor, la cenestesia del libro. Pero… ¡no se puede tener todo!
Ánimo que… tempus fugit!

ana dijo...

A mi me agobia un poco que me den libros.La última vez que me ofrecieron dije nooooooooooooooooooo

Betty B. dijo...

Tenemos un tiempo limitado y siempre hay que elegir, pero en principio uno quisiera leerlo todo porque seguramente todo tiene su interés. La perspectiva de lo pendiente produce un poco de ansiedad. A lo mejor la vida también consiste en ir aprendiendo qué libros merecen realmente la pena. También en esas decisiones se esconde algo de la felicidad, ese pájaro inconstante dura al menos lo que dura un libro, cuando eliges bien.
Saludos, Antonio. Buen día.

Víctor González dijo...

Con todo lo dicho, me queda proponerte escribas unos versos que completen este principio.

Esos libros silentes
devorando minutos que no tengo...

Abrazos.

Antonio Serrano Cueto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio Serrano Cueto dijo...

J. M. Macías: el de Alma-Tadema merece la pena.
Gracias, J. Antonio y Mega. Me alegro, Mega, de que te animes con esta selección de adagios de Erasmo. Dentro de unos años te animaré a leer la obra completa que preparo.
Isabel, Betty, Antonio, Ana y Víctor, la angustia que uno siente por querer hacer más de lo que hace es uno de los síntomas del estrés de este tiempo que vivimos. Cierto que hay que combatirla, pero también para combatirla necesitamos más tiempo...

Joaquín dijo...

Soy tan libresco, que te voy a comentar copiando de un libro...

"La gente verdaderamente culta es capaz de tener en casa miles de libros que no ha leído, sin perder el aplomo, ni dejar de seguir comprando más".

Gabriel Zaid, Los demasiados libros (1996).

Ni que decir tiene que yo quiero ser de la gente culta...

lasosita dijo...

Ese problema lo tenemos los lectores desde siempre. Pero no sólo en verano, para mí, el resto del año es igual, deseando dejar de hacer cosas para dedicarme a la lectura con toda la intensidad.
Mientras, voy engañándolo, sacando ratos de dónde no han existido nunca, y cuando termino alguno, la sensación de vacío crece con el deseo de comenzar otro. Habría que buscar un remedio para este mal.

TOMÁS dijo...

En ese tránsito de un libro a otro, de la conciencia de saber que jamás leeremos todo, reside la sabiduría de los lectores. A pesar de esa incapacidad seguiremos comprando libros, amontonándonos, confirmando que somos ilusos de la eternidad. Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Como parche o solucioncilla de urgencia, aplaza lo que te queda del Cernuda hasta el otoño de 2010 que es cuando saldrá el segundo tomo... Un saludo.

Mery dijo...

Qué bien entiendo tu agobio bibliotecario. Yo misma ya he escrito sobre este tema alguna vez.

A los libros que esperan pacientes su turno les digo que están en "la parrilla de salida".
En fin, patientia, querido amigo.

Marco Valerio Corvo dijo...

Tambien Gerard Brennan quiso ser un hombre culto. Y se llevó 2.000 libros a La Alpujarra a lomos de mula. Se sentía muy poco instruido. Escribió y escribió. Su delicioso "Al Sur de Granada" me brindó una Alpujarra a la que he ido muchas veces, antes de, durante y después de su lectura. Tal vez "El Laberinto Español", un interesante tratado sociológico-político fué lo que le valió que el mismo Alfonso Guerra nos lo descubrió a todos, cuando lo sacó de aquel triste asilo de Londres, donde desgranaba la flor de sus 92 años y lo trajo a su casa de Alhaurin en Málaga, donde merced a dos asistentas de la Consejería de Asuntos Sociales, vivió feliz sus dos últimos años ....
Pero me estoy enrrollando mucho, porque lo mas fascinante de este "autodenominado" "andarín" - Andaba tan feliz desde Málaga a Almeria, y se cruzaba la Cordillera de Granada a Yegen caminando 23 horas seguidas, y que nunca se consideró "escritor", es su increíble autobiografía. La recomiendo muchísimo.