jueves, 19 de junio de 2008

Bajo las tejas duermen muchas lechuzas


El general espartano Lisandro, luego de haber organizado el poder en Atenas, envió a Esparta una buena suma de dinero a través de Gilipo, compatriota y también general. Como ya los griegos conocían el arte de la sisa, el susodicho legado agujereaba los sacos, extraía una parte del dinero y luego los cosía de nuevo. Es difícil creer que no advirtiera una pequeña etiqueta donde figuraba la cantidad exacta de dinero que transportaba cada saco, pero no es labor nuestra poner en tela de juicio tan ilustrativa historia. Llegado que hubo a su Esparta natal, ocultó las monedas bajo las tejas de su casa y envió las bolsas a los magistrados, que por entonces llamábanse éforos. Descubierta la mengua de dinero, los magistrados llamaron a capítulo a Gilipo, que, lejos de amilanarse, dijo con mucha sorna y gran misterio: "Bajo las tejas duermen muchas lechuzas". Ha de saberse, para concluir con éxito el entendimiento de este relato, que las monedas atenienses iban decoradas con lechuzas.

9 comentarios:

Antonio Azuaga dijo...

Con tales circunstantes, no es raro que el joven Platón acabase abominando del ejercicio de la política y se dedicase a la filosofía, o que registrara las conocidas fases de degeneración de la aristocracia. Tal vez, también por eso, levantó muy por encima de nuestra casa las tejas que deben cobijar a “la otra lechuza”.

Un saludo.

Isabel Romana dijo...

Siempre ha habido pillastres. Aquí seguiría valiendo el escondite de la teja (y del ladrillo...) Saludos cordiales.

Mega dijo...

¡Qué astuto! Y no le faltaba razón al buen hombre...

Una pequeña sisa al lado de otra mayor es nada, pensaría Gilipo para sí. Claro que no estaba por la labor de acordarse de que por ahí precisamente empiezan todas las fortunas...

(¡Y qué poco cambia el mundo!)

Víctor González dijo...

Todo ha ocurrido ya antes y no me canso de que me lo cuentes.
Fuerte abrazo

Víctor González dijo...

Todo ha ocurrido ya antes y no me canso de que me lo cuentes.
Fuerte abrazo

Mery dijo...

Qué agradable es entrar en este blog y salir con algo nuevo -que es tan viejo como el mundo-.

Hoy en dia no podríamos guardar los billetes bajo las tejas, se pudrirían con las lluvias.Porque guardar monedas...como que no sirven para mucho

Juan Antonio, el.profe dijo...

Pues sí que viene de lejos la tentación de quedarse con dinero recaudado en nombre de otros. Al cabo, dio para buenos momentos de la literatura: a bote pronto, un tal Cid, o un tal Cervantes...

Marco Valerio Corvo dijo...

Supongo que está ambientado el relato - no lo sé - luego de las Guerras del Peloponeso, y que para entonces la manera de concebir el mundo de los de Sparta había evolucionado, tras vencer a Atenas y administrar su Imperio económico.
Me contaban que en la antigua Sparta - "el régimen mas inmovilista de la Historia" - el dinero oficial eran barras de hierro, fundidas en vinagre, de tal modo que esta loas volvía quebradizas, y "ni para hierro - metal valioso - servían", de esta forma apenas nadie tendría tentación de robar ni acaparar. Una economía de trueque, y por supuesto mientras los "espartiatas" se dedicaban al ejercicio militar desde los 7 hasta los 30 años; para ellos laboraban sus siervos "ilotas". Ni siquiera a Alejandro le interesó Sparta, que fué despues destruida por Roma, pero sus habitantes se refugiaron en la Mani, y dieron que hablar casi hasta el día de hoy ...

¿Ese Platón? No era político?? es dificil imaginar a un griego antiguo que no lo fuera ....

besos.

Antonio Azuaga dijo...

“Ese” Platón no era político, como sin duda sabes, “profesionalmente” hablando. Pensó serlo de joven, pero se le quitaron las ganas inmediatamente. Luego “pensó” lo que debía ser el estado. Y nada más, excepto la aventura de Siracusa, que es simple docencia fracasada.
Así que, Marco Valerio Corvo, proporcionalmente, era tan político como cualquier ciudadano “de a pie” de nuestros días.