sábado, 24 de mayo de 2008

La isla, de Giani Stuparich

En medio de la hojarasca volandera y los fogonazos de artificio de gran parte de la oferta editorial actual, lejos de cruzadas seudohistóricas, conspiraciones vaticanas, arqueología diabólica o batallas decimonónicas, La isla (Minúscula, trad. de J. A. González Sainz, 2008), el relato de Giani Stuparich (1891-1961) que acabo de leer, emerge traída por vientos bonancibles y calma respirable. A partir de un planteamiento sencillo (un hombre enfermo pide a su hijo que le acompañe a pasar unos días, tal vez los últimos, en la isla del Adriático en la que nació), Stuparich crea una historia emotiva pero contenida, donde se cruzan magistralmente la entereza del padre y la congoja creciente del hijo, que va tomando conciencia de que ha de afrontar la pérdida. Ello en el marco de preciosas imágenes paisajísticas, donde en todo momento el lector observa la isla desde el mar y el mar desde la isla. Es, pues, un libro sobre la muerte, pero desde la luz deslumbradora, mediterránea, de la vida. Elogiada, entre otros, por Elvio Guagnini (autor de la presentación), Claudio Magris (autor del posfacio), Enrique Vila-Matas ("El factor Stuparich") y Lalia González-Santiago ("Noticia de un libro conmovedor"), La isla del escritor triestino, heredero y continuador de Scipio Slataper, proporciona al lector el placer, cada vez más extraño, de una lectura sin aspavientos ni alharacas, pero de imprescindible exquisitez. La exquisitez de lo grande sencillo.

6 comentarios:

Herman dijo...

Tomo nota mental del libro. Gracias por la recomendación.

Betty B. dijo...

Pues me lo leeré. Es un placer encontrar autores que hagan lo grande sencillo (y una suerte que los busquen por ti). Gracias.

Mery dijo...

No hubiera caído en él, seguramente, así que te agradezco la reseña. Viniendo de ti me fío sin dudarlo.
Feliz fin de semana

TOMÁS dijo...

Hola, Antonio, soy Tomás. he recibido un comentario en mi bitácora y te hago una visita con mucho gusto. Dejaré un enlace en ella, para que puedan visitarte, y yo anotaré el título de este libro. Gracias y saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Marco Valerio Corvo dijo...

Yo también, en un rato ocioso, intentaría leermelo. Soy un fervoroso aficionado a la "Yugoslavidad", en cualquiera de sus facetas y aunque ese hombre dices que es Trieste, su apellido, mas que italiano, tiene un evidente aroma "serbocroata" (a lo mejor "esloveno", primos-hermanísimos en todo caso), luego, tu comentario, despierta mi interés. Las islas de rocas blancas del Adriático con sus mares y praderas de lavanda, deben ser un espejo que inspiré los mas sugerentes sentimientos. Gracias por la reseña y por la crítica.

seleucus dijo...

Pedazo de libro.