jueves, 1 de mayo de 2008

La isla de Día

Cuando el viajero recorre la carretera que serpentea al borde del acantilado camino de Heraklion, observa cómo la isla de Día (sucedió aquí, por más que Naxos se arrogue la gloria), situada pocas millas al norte, desaparece y reaparece en cada curva. En esta isla crece una flor milenaria de cuyo olor no pueden escapar los viajeros. Apenas desembarcan en sus playas, la fragancia de esta planta les arrebata el sentido del deber y del compromiso. Tiene la peculiaridad de minar especialmente la memoria de los pactos amorosos, más aún si éstos han sido rubricados con sangre y traición. En sus orillas habita una mujer todavía hermosa, a pesar de siglos de abandono y llanto. Cada día reprocha a los dioses que colocaran esta isla entre Creta y Atenas y la dotaran con tan maléfica flora, y recorre las playas maldiciendo al príncipe ateniense y clamando el perdón del corazón minoico. Pero las aguas que rodean la isla llevan siglos devolviéndole su triste lamentación.
(Foto: isla de Día: Silenos)

6 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

Jo, qué bueno.

Antonio Azuaga dijo...

Terrible flor para la triste Ariadna, para el cruel abandono de Ariadna, o su destierro, o su secuestro por causa de ese olor, en un hermoso texto.
Un saludo.

Mery dijo...

¿Y esta preciosidad?

Víctor González dijo...

Poderoso como el minotauro, el arrepentimiento baña sus patas entre espumas blancas para volver tras el refresco a la tierra firme de la conciencia pero... en una isla el final está siempre en el punto de partida.

Herman dijo...

Maravilloso

Marco Valerio Corvo dijo...

Sorprendido. Y cuanto más que Creta resulta ser una de mis tierras mas queridas.

Recorrí una vez durante un mes, su Este y su Oeste, sus ciudades y montañas. Dormidos en el Monte Ida, cobijados en un cubículo de piedra negra a 2.500 metros de altura.

Buscamos entre los palacios, intentando descifrar el corazón de los minoicos: En Knossos, Faistos, Gurmia, Zakros ....

En las Montañas Blancas (Lefa Ori) quedan quizas los únicos pueblos de Europa - si es que allí, es tambien Europa - sin entrada por carretera y a los que unicamente se puede acceder por el Mar : Hagia Rumeli y Loutró ....

Pero, faltaría más, se nos había escapado esta magia y esta poesía.

Creo que, desde Zorba el Griego, de Nikos Kazantzakis, jamás había leído sobre Creta algo tan bello.