martes, 20 de mayo de 2008

El Rey de los Gallos

Facundo García soñaba con ganar la Copa Estival del concurso de pesca que cada año coronaba la fiesta de la patrona, pero un asunto de amores prohibidos lo obligó a embarcarse en un carguero rumbo a La Habana. Allí lo pescó en un casino una mulata, tremenda mulata, que lo sedujo primero con el dardo de sus ojos gatunos y después con sus labios rellenos de caramelo. Facundo sintió vértigo al verse mecido por las aguas enloquecidas de la mulata y, temiendo naufragar en medio de un mar bravío, optó por dejarse llevar como un leño a la deriva. El calor húmedo de la isla, el abrazo arrullador de los danzones y el aguardiente de caña hicieron el resto. Tres meses más tarde, la mulata lucía una diadema de pedrería, herencia de su abuela, en la cumbre de un velo blanco salpicado de diminutas margaritas. Facundo vestía traje blanco, camisa blanca, calcetines blancos y zapatos blancos. Sobre tanta blancura, corbata y pañuelo rojos y un bigotito negro que crecía en libertad.
Del altar del matrimonio al canastillero de santería sólo mediaron unas semanas. La mulata llenó la casa con amuletos y fotografías de familiares difuntos, y organizó una sesión de desvarío y convulsiones, donde un negro espigado se dejó poseer por el orisha de un muerto cercano. La mulata hizo de intérprete de la jerga criolla que profería el médium, pero sólo alcanzó a ver a un gallo con blanco plumaje.
No se equivocó el orisha. Un compatriota andaluz de Facundo le propuso participar en la exportación a las Antillas de gallos de pelea criados en Jerez de la Frontera. Su trabajo era sencillo: hacer el seguimiento de los gallos viajeros, controlándolos desde que desembarcaban hasta que llegaban a manos del comprador. Debía pesarlos, medir su altura y complexión, por ver si en la travesía del Atlántico se había producido alguna merma, y controlar la alimentación y la monta de gallinas. Facundo no sólo ganó buenos pesos, sino que se granjeó la amistad de los propietarios de las grandes galleras. Su éxito fue tal, que lo titularon el Rey de los Gallos. Y el rey se enseñoreó de las salas de baile y de los prostíbulos más selectos de la isla.
Pero la vida disipada del Rey de los Gallos fue efímera, pues su mujer y su jefe no dudaron en cortarle las alas fugándose juntos a Miami con buena parte de los ingresos de la empresa. El Rey de los Gallos perdió el título y volvió a ser Facundo García. Buscó las palmaditas en las galleras, pero ya no había razón para adularle; requirió a las prostitutas en los casinos, pero éstas pasaban a su lado como sombras intangibles. Cuentan en la isla que dejó La Habana y se fue en dirección al sureste, y que su rastro se perdió en la ciénaga de Zapata.
Años más tarde un conocido que acababa de regresar de Cuba trajo noticias de Facundo. Vivía cerca de Trinidad, en un bohío en la playa, junto con una vieja negra pescadora de langostas. De España apenas le quedaban vagos recuerdos. Sin embargo, a la hora de la despedida, preguntó a su paisano, con la mirada perdida en las aguas azules, si aún se celebraban bailes en la playa después del concurso de pesca.

12 comentarios:

Rafael Lucena dijo...

A veces me pregunto si debo o no publicar algún texto concreto en la red (cuando tengo en él especiales complacencias y temor de que me lo arrebaten). Después de leer este, prometo que jamás volveré a tener ese miedo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Estimado Rafael, hace tiempo que me cuido de registrar muchos de mis escritos en el Registro de la Propiedad Intelectual. Éste hace tiempo que está registrado. Gracias por tu visita.

Rafael Lucena dijo...

Complacido por la lectura y por la indicación de guardarse las espaldas.

Marco Valerio Corvo dijo...

Precioso relato tropical.

Recien hace poco me entero que los "campos de concentración" los inventaron los españoles en Cuba.

O que el prócer Don Miguel de Unamuno lanzaba soflamas en el Parlamento llamando a vencer a los rebeldes cubanos y a reinstaurar el "Imperio" (no por casualidad Franco lo confirmó como Rector de Salamanca, mientras tantos otros acababan sepultados como perros en las cunetas, sobre todo los intelectuales ....¡vasco tenía que ser!)

Me encantan los orishas, mis favoritos son "Changó" (de ellos) y "Ochúm" (entre ellas).

Un abrazo.

Marco Valerio Corvo dijo...

Tu magnífico relato me da pié a referir un nuevo chisme sobre Cuba.
No se si os habreis fijado que a pesar de ser el 60 % de la población blanca (frente al 30 % de mulatos y solo un 10 % de negros), la densidad de "jineteras" blancas es escasa. Cosa que yo achaco a la diferente educación sexual - puesto que "pobres" son todas - y a que el sexo entre los negros sea algo mucho mas agradablemente libérrimo en la herencia cultural negra, y mas "encorsetado" en la blanca ....

Tambien se observa un altísimo porcentaje de negros en los cuadros del partido, altos cargos y fuerzas armadas, lo que me da que pensar en el carácter completamente "no-racista" del régimen ....

pero a lo que iba, hace un par de años leí un curioso libro, la autobiografía de un negro cimarron, que murió poco despues del triunfo de la Revolución, ¡¡a sus 104 años!! en cuanto repase el titulo y el autor, lo consigno aquí ....

Feliz Finde
(Aquí en Serva La Bari es "puente").

El autor dijo...

Tocayo, simplemente magnífico. ¿Me permites reproducirlo, con una foto tuya, este fin de semana en mi blog? Me encantaría.
Felicidades y un gran abrazo
Antonio Sarabia

Mega dijo...

Soñando ganar un concurso de pesca, no tardó mucho en ser pescado por una mulata, para terminar añorando esos días en que no era precisamente el rey de los gallos, sino un simple pececillo nadando en libertad.

Buen relato habanero.
Un abrazo

Mega dijo...

...nadando en libertad pero condenado a ser pescado al fin...

;-)

Antonio Serrano Cueto dijo...

Por supuesto que sí, querido Antonio. Imagino que quieres que te envíe una foto. Si es así, dímelo. Saludos a Lauren.

Soboro dijo...

Me ha gustado tu relato, especialmente por las breves descripciones, muy sinestésicas algunas, como "los labios rellenos de caramelo".
El mundo de la santería, lo he conocido, y es impresionante.

Víctor González dijo...

Maestro, eres un maestro que me ha llevado junto al melecón de La Habana.
Gracias por el viaje literario.
Sludos fraternos.

Herman dijo...

Estaba pensando en viajar al Caribe, pero acabo de hacerlo al leer tu relato tropical. Un dinero que me ahorro. Como ves, constituyes una seria amenaza para las compañías de viajes.
Un texto delicioso.