jueves, 15 de mayo de 2008

Evocaciones (2): El cine de invierno


El patio de butacas olía a polvo de pino recién cortado. Se dejaba sentir en cuanto se echaba a un lado la espesa cortina granate, pesada como un abedul, que daba acceso a la sala. Cielo y suelo del teatro con alborozo de chiquillería. Abajo, el frío terrenal, el griterío, la agitación de los colegiales. Arriba, en el fresco del techo, aparente templanza, aparente silencio, aparente quietud. Angelitos retozones sobre nubes de azúcar, en cuyos rostros había un fulgor rojizo, un halo de bienaventuranza inquietante. Hundidos en las nubes, se daban la mano, se ofrecían racimos de uvas o manzanas. Bucles dorados. Laudes. Flautas. Abajo, frío helado. Arriba, el lecho mullido y cálido de las nubes. De cuando en cuando algunos querubines sacaban el rostro aterido, miraban al patio de butacas y seguían con lo suyo. Cumplían así con una secular misión: vigilar de cerca las circunstancias de los mortales que se agitaban abajo en las sombras.

4 comentarios:

Víctor González dijo...

buen giro en las dos últimas lineas.
Saludos.

Marco Valerio Corvo dijo...

Me parece precioso. El texto no tiene desperdicio.
Al margen de esto saco un tema tangencial: yo no soy creyente, muchísimo menos cristiano (si fuese creyente sería musulmán, al entender que esa religión, mucho mas abstracta, teórica, "geométrica" está desprovista en buena medida del infantilismo esperpéntico que propugna la Iglesia de aquí ....)

Pero, el no ser creyente (en "Diós") no quiere decir que piense que el Hombre es la medida de todas las cosas, y la única criatura consciente del Universo.

Estoy seguro que hay "otros niveles de realidad", "otros seres", "otras presencias", y que nosotros en función de nuestra limitada biología, podríamos percibir, o no, o a veces ....

A eso me han recordado tu metáfora de los querubines. Tan poética. Gracias una vez más, amigo mío.
Tu blog es de verdad interesante.

Mega dijo...

Es como el mito de la caverna de Platón pero al revés, ¿no?

;-)

Antonio Serrano Cueto dijo...

Mega, aunque puedas ver semejanzas con el mito, no ha sido mi intención. Estos angelitos forman parte de un fresco que hay en el techo de Gran Teatro Falla de Cádiz y en mi infancia me aterraba mirarlos, porque parecía que, en su estatismo, podían influir en la vida de los niños que acudíamos a los programas infantiles del teatro. He querido, eso sí, poner en contraste dos mundos que a su vez se miran como en un espejo (de eso sabes tú mucho): la infancia de arriba y la infancia de abajo.