miércoles, 28 de mayo de 2008

Con los muertos no luchan sino los espectros

Cuentan que Lucio Munacio Planco, cónsul romano en el año 42 antes de la era cristiana, andaba preocupado porque en el Foro menudeaban rumores que afectaban gravemente a su persona. Era fama que su enemigo Gayo Asinio Polión, cónsul en el año 40, hombre de confianza del emperador Augusto y mecenas del gran poeta Virgilio, maquinaba contra él algún plan insospechado. Munacio indagó durante días entre sus conocidos para alcanzar a ver al menos la punta de la lanza que Asinio afilaba en secreto. Un liberto, o quizás un senador que sintió compasión de nuestro hombre en horas tan bajas, le dijo que había oído la siguiente frase enigmática, de naturaleza oracular: "Con los muertos no luchan sino los espectros". Tardó Munacio en averiguar qué oscura intención se ocultaba en aquellas palabras infernales. Lo supo cuando alguien se le acercó en el Foro y le espetó: "Asinio prepara contra ti discursos durísimos, que piensa publicar cuando estés muerto para que no puedas defenderte". El pobre Munacio comprendió que, de llevarse a cabo el plan de Asinio, sólo le quedaría la opción de revolverse contra las sombras.

12 comentarios:

TOMÁS dijo...

Me gustó muchísimo este lío de alcoba grcolatina.Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Betty B. dijo...

Pues es igual que hoy. Lo único que la astucia puede hacer contra la inteligencia: difamación pública y cotilleos privados entre iguales. Y lo único que la inteligencia puede hacer contra esa astucia tramposa: casi siempre nada.
Me gustan estos cuentos y tu manera de contarlos.
Un saludo.

Víctor González dijo...

¿Cuanta luz tiene tú candil con aceite de la historia para iluminarnos?
Siempre agradecido por tus escritos.
Abrazo.

Antonio Cardiel dijo...

Los vivos difaman a los muertos, a estos les da igual, a aquellos debería darles igual.

Soboro dijo...

Qué buena prosa y qué breve historia tan interesante.

Juan Antonio, el.profe dijo...

Buena historia, Antonio, como nos tienes acostumbrados, por fortuna. Ante una escena de indefensión absoluta como esta, a uno le gustaría creer en el más allá y en el poder combativo de las sombras.

Herman dijo...

Cuán terrible castigo el de la ignominia póstuma. Imposible que tu protagonista descanse en paz.

Mega dijo...

Aunque el pobre ya se revuelve contra las sombras en vida... O lo que es igual, la simiente de la discordia ha sido sembrada por el insidioso Asinio con éxito.

Un saludo

Orlando Romano dijo...

Otro texto estupendo.

Mery dijo...

¿Cómo volver desde la luz para defenderte de las sombras de los vivos? Ojalá allí no llegue la inmundicia.
Tus textos son farolillos de sabiduría, Antonio y yo te lo agradezco.

Antonio Azuaga dijo...

Espléndido el texto y terrible la sospecha que provoca: ¿estará la historia llena de innumerables “Munacios” robados a la memoria por sus incontables enemigos? Y si fuera al revés… ¿estará llena la historia de mentiras infinitas en su grandeza?
Un saludo.

Marco Valerio Corvo dijo...

Como yo mismo soy un espectro, aprovecho para contaros, brevisimamente, mi historia. Yo era un soldado que acudí a defender Roma durante la tercera guerra contra Veyes, allá por el siglo IV antes de la Era de los Nazarenos. En aquellos días el poder de la latina Roma, y una vez fuera del dominio de los etruscos, no iba mas alla de ambas riberas de Tíber. De hecho, nuestra enemiga, la etrusca, tusci, tyrseni o tirreni ciudad de Veyes, se situaba a tan solo 25 kilómetros (menos de 5 leguas) de la nuestra.
Un campeón de Veyes retó a todo el campamento quirite a un combate singular. Ninguno de mis compañeros se atrevía. Pero yo, mas miedoso que nadie, dí un paso al frente, me dije: este gigante me matará enseguida, aquí terminarán todos mis terrores de un solo tajo, y además mi familia quedará honrada por mi arrojo temerario y la manera tan gallarda en la que intentaré enfrentarme a la muerte segura ....
Así lo pensé, pálida como la misma muerte y avanzé ... pero entonces, cuando mi enemigo se aprestaba a asestarme los golpes fatídicos, un enorme cuervo llegó desde las alturas, y lo atacó con tanta insistencia y furibundia, que no tuve mas remedio que adoptar yo mismo, que hasta segundos antes me imaginaba víctima, el papel de matador .... desde entonces añadieron a mi nombre de Marco Valerio, el epíteto de "Corvo" .... Veinte años despues, me ascendieron a General, cuando participé en la conquista de Capua durante las Guerras Samnitas ..... Hace veintetres siglos que vago como espectro por este mundo de sombras .....
Feliz semana.